En noviembre de 2025, el Ministerio de Sanidad presentó los resultados de ESTUDES, la encuesta que mide el consumo de drogas entre estudiantes de 14 a 18 años. Un dato confirmó la consolidación de una tendencia histórica: la percepción de riesgo asociada al cannabis se mantuvo en su máximo nivel desde que existe esta serie estadística, con un 94,1% de los jóvenes considerando que el consumo habitual es peligroso para la salud.
Mientras tanto, el consumo recreativo cayó de forma evidente respecto al ciclo anterior. A simple vista podría pensarse que esto choca con la idea de que el CBD se está normalizando. Pero es justo al revés: lo que baja es el rechazo hacia el THC, la sustancia psicoactiva de la planta, no hacia el CBD, que no lo es. Cada vez más personas diferencian el cannabis recreativo del CBD, un compuesto sin efecto psicoactivo que se vincula al descanso y al alivio del estrés.
Un mercado que ya no es marginal
No hace tanto tiempo, la adquisición de CBD en España se reducía a opciones con poca o nula trazabilidad. El producto llegaba sin análisis de laboratorio, sin ficha técnica y sin ningún documento que acreditara su calidad o procedencia. Eso ha cambiado bastante rápido.Ahora existen tiendas especializadas que ofrecen análisis de laboratorio, información sobre el origen y atención previa a la compra. Ese nivel de transparencia, por encima de cualquier campaña publicitaria, ha contribuido a que el CBD se desvincule de su imagen marginal.
El propio crecimiento del sector lo confirma. Analistas del mercado español calculan que la categoría CBD sigue expandiéndose a doble dígito interanual, empujada por la apertura de comercios especializados y por una regulación que, aunque todavía tiene zonas grises, ha dado más certidumbre tanto a vendedores como a consumidores.En concreto, la facturación del sector pasó de apenas 7 y 14 millones de euros en el periodo de 2018 a 2021 a alcanzar los 136 millones de euros anuales en España,según estimaciones de informes sectoriales como CannaMonitor.
El papel de los distribuidores especializados
En ese proceso de normalización, los propios negocios del sector han jugado un papel más importante de lo que parece. Plataformas como la tienda online de CBD de Caliweed han hecho de la transparencia su principal argumento de compra: fichas detalladas, trazabilidad y un catálogo orientado a un comprador informado.
Lejos de la opacidad que rodeaba al sector hace unos años, esta manera de hacer las cosas ha permitido que el CBD se normalice en el debate sobre el bienestar. De hecho, todos los productos de la tienda han sido probados en laboratorio para garantizar la calidad y el cumplimiento. Asimismo, la plataforma indica la procedencia, características y composición de cada flor.
Lo que todavía queda por aclarar
No todo está resuelto. La regulación española sigue teniendo puntos ambiguos y persiste cierta confusión entre CBD y cannabis psicoactivo que ni siquiera los datos oficiales han logrado despejar del todo entre el público general. Pero la dirección del cambio parece evidente: menos tabú, más información disponible y un consumidor que cada vez sabe distinguir mejor entre cosas que, durante mucho tiempo, se trataron como si fueran la misma.
La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (caso Kanavape, 2020) dictaminó que el CBD no es un estupefaciente y no puede prohibirse su comercialización legal si procede de cáñamo industrial con menos de un 0,2% de THC (límite ampliado al 0,3% en el ámbito agrario europeo).










