La investigación sobre la muerte del matrimonio encontrado junto al jacuzzi de un chalet de Cullera, en Valencia, comienza a despejar algunas de las incógnitas que rodearon el caso desde que sus dos hijos menores descubrieron los cuerpos. Las autopsias practicadas a la pareja han permitido descartar un origen homicida y un posible suicidio, mientras gana fuerza la hipótesis de una concatenación fatal de accidentes.
Las víctimas eran una mujer irlandesa de 51 años y un hombre neozelandés de 48, identificados como Patrick T. y Thomasina M. La familia se encontraba pasando sus vacaciones en un chalet alquilado en la urbanización Cap Blanc, una de las zonas residenciales de Cullera situada en la ladera de la montaña del Faro.
Aunque inicialmente aparecieron elementos que hicieron que los investigadores contemplaran distintas posibilidades, el trabajo del Servicio de Criminalística y del Grupo de Homicidios de la Guardia Civil ha ido debilitando la hipótesis de una intervención de terceras personas.
La causa exacta de ambos fallecimientos, sin embargo, todavía no puede considerarse determinada. Los investigadores esperan ahora los resultados de los análisis toxicológicos para establecer qué ocurrió dentro de la vivienda y qué papel pudo desempeñar el funcionamiento de la bañera de hidromasaje.
Las autopsias cambian el rumbo de la investigación en Cullera
Los cadáveres fueron trasladados al Instituto de Medicina Legal de Valencia, donde se realizaron las autopsias. Los resultados obtenidos hasta ahora han permitido descartar varias de las hipótesis que habían rodeado las extrañas circunstancias del hallazgo.
Los análisis apuntan a que las muertes no tuvieron una etiología homicida y tampoco respaldan la posibilidad de un suicidio. De esta forma, la principal línea de investigación vuelve a situarse en un accidente, una posibilidad que ya había sido considerada desde las primeras horas. No obstante, los resultados forenses todavía no permiten establecer de manera concluyente la causa exacta.
Las muestras de sangre, orina, humor vítreo y vísceras han sido remitidas al Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de Barcelona para realizar los estudios correspondientes. Será el resultado de esas pruebas el que pueda ayudar a determinar si existió alguna sustancia relacionada con las muertes y a reconstruir con mayor precisión la secuencia de acontecimientos.
Qué pudo ocurrir dentro del jacuzzi
Una de las reconstrucciones que manejan los investigadores sitúa el origen de la tragedia en el propio jacuzzi. La mujer pudo sufrir una indisposición repentina o encontrarse con algún problema en el funcionamiento de la bañera de hidromasaje que le impidió salir.
También se investiga la posibilidad de un fallo en el sistema de succión. Al advertir lo que estaba sucediendo, su marido habría tratado de auxiliarla. Las marcas y arañazos localizados en los cuerpos serían compatibles con el esfuerzo físico realizado durante un intento de rescate.

A partir de ese momento pudo producirse una segunda fatalidad. Entre las posibilidades que se investigan figura que el hombre recibiera una descarga eléctrica al manipular la instalación del jacuzzi mientras tenía el cuerpo mojado. Otra opción es que hubiese inhalado alguna emanación o vapores tóxicos procedentes de la bañera. Otra posibilidad que se contempla es que el esfuerzo extremo y la angustia del momento pudieran haberle provocado un infarto fulminante.
Ninguno de estos escenarios es todavía concluyente. Los análisis toxicológicos deberán aportar nuevos elementos para determinar qué sucedió realmente y si ambos fallecimientos estuvieron provocados por una misma causa o por acontecimientos diferentes dentro de una misma secuencia accidental.
Las lesiones que despertaron las primeras dudas
Los cuerpos fueron encontrados desnudos junto al jacuzzi y presentaban lesiones leves que inicialmente parecían punzantes. Ese elemento llevó a que los investigadores examinaran la posibilidad de que hubiera ocurrido una agresión.
Sin embargo, una inspección más detallada de la vivienda permitió descartar indicios de una intrusión o un asalto con móvil criminal. No había puertas forzadas ni otros elementos que apuntaran a la entrada de terceras personas. Los especialistas también revisaron grabaciones de cámaras de seguridad y realizaron dos inspecciones en el chalet.
Una de las hipótesis valoradas es que una de las víctimas pudiera haberse resbalado o golpeado y que la otra, al intentar auxiliarla, hubiera provocado accidentalmente algunas de las lesiones observadas. Las marcas y arañazos también pueden resultar compatibles con el intento del hombre de sujetar y sacar a su pareja de la bañera.
El jacuzzi, bajo el análisis de la Guardia Civil
La Guardia Civil ha dedicado una parte importante de las pesquisas a comprobar el funcionamiento de la bañera de hidromasaje. Cuando los agentes llegaron a la vivienda detectaron un fuerte olor que no pudo ser identificado inicialmente. Además, el agua del jacuzzi se encontraba turbia.
Los especialistas del Servicio de Criminalística tomaron muestras de esa agua para analizarlas y revisaron el sistema de succión de la bañera. Entre las cuestiones pendientes se encuentra determinar qué sustancia provocó la turbidez del agua, si existió una acumulación de gas o de alguna otra sustancia y qué papel pudo tener el mecanismo de succión.
También permanece por esclarecer cuál de las dos víctimas murió primero y cuánto tiempo transcurrió entre ambos fallecimientos. Las pruebas deberán establecer igualmente si las dos personas sufrieron la misma causa determinante de muerte o si, como plantea la hipótesis de la sucesión de accidentes, el intento de salvar a una de ellas terminó desencadenando el fallecimiento de la otra.
Los hijos encontraron los cuerpos durante las vacaciones
La tragedia fue descubierta el martes por los dos hijos menores de la pareja, que se encontraban junto a sus padres pasando las vacaciones en Cullera. Las informaciones disponibles sitúan sus edades entre 14 y 16 años y señalan que ambos tienen necesidades especiales. Tras encontrar a sus padres, pidieron auxilio y se dio aviso al teléfono de emergencias 112.
Los menores, que no hablan castellano y se encontraban conmocionados, recibieron asistencia psicológica y social. Fueron atendidos por una psicóloga y una trabajadora social y posteriormente trasladados a un hotel.
Se localizaron familiares que viajaron desde Irlanda para hacerse cargo de ellos. Los servicios consulares irlandeses también se pusieron a disposición de la familia. Según el diario irlandés Anglo-Celt, se trata de “una familia muy conocida” en Castleblayney, una localidad del norte de Irlanda próxima a la frontera con Irlanda del Norte, y llevaban una década viviendo y trabajando entre la isla y Londres.











