Por Francisco Herraiz
Miembro de la Comisión de Ordenación y promoción turística en la legislatura anterior

Después de leer el estudio de capacidad de carga turística, tengo la sensación de que partimos de una pregunta equivocada. No deberíamos preguntarnos simplemente cuántas plazas turísticas más podemos autorizar, sino cuánta población adicional puede soportar realmente Formentera sin deteriorar la vivienda, los servicios y la calidad de vida de quienes residimos aquí.
El estudio aporta información interesante, pero su metodología me genera dudas. Parte de 15.069 plazas y analiza escenarios de crecimiento del +20 %, +25 % y +30 %. Como en el +25 % ningún indicador alcanza formalmente la categoría de “limitante”, establece una capacidad máxima operativa de 18.836 plazas. Pero eso demuestra que el +25 % es el último escenario analizado que cumple los criterios establecidos, no necesariamente que 18.836 sea la capacidad máxima real.
Además, resulta difícil plantear crecimiento cuando el propio estudio reconoce que el mercado residencial ya se encuentra en una situación condicionada.
Echo también en falta una cuantificación precisa del turismo residencial: personas que tienen una segunda o tercera residencia en Formentera pero viven habitualmente fuera. Y no hablamos únicamente de propietarios. En esas viviendas se alojan hijos, familiares y amigos. No ocupan plazas turísticas regladas, pero consumen agua, generan residuos y utilizan carreteras, playas y servicios. También forman parte de la capacidad de carga real.
Hay otra cuestión que considero fundamental y que no veo contemplada con el detalle necesario en la metodología: el ratio entre plazas turísticas y trabajadores necesarios, diferenciado por categorías de alojamiento. El estudio menciona a los trabajadores temporales como parte de la presión territorial, pero no desarrolla un cálculo de cuántos trabajadores adicionales generaría cada escenario de crecimiento según la tipología de las nuevas plazas.
Y esa diferencia es fundamental. No necesita el mismo número de trabajadores por turista un hotel que un apartamento turístico o una vivienda vacacional. Un hotel puede necesitar recepción, pisos, mantenimiento, restauración, cocina y otros servicios. Por tanto, antes de determinar nuevas plazas habría que conocer su distribución por categorías, aplicar a cada una un ratio razonable de trabajadores directos e indirectos y, después, responder a la pregunta esencial: ¿dónde van a vivir esos trabajadores?
Tampoco más oferta significa necesariamente más demanda. Un crecimiento de plazas podría terminar reduciendo ocupaciones y rentabilidad de los establecimientos existentes.
Por todo ello, en una isla donde familias y trabajadores se marchan o se plantean marcharse por el coste de la vivienda, mi posición es prudente: en las condiciones actuales, crecimiento cero.
No se trata de estar contra el turismo. Se trata de protegerlo y hacerlo compatible con una Formentera en la que también podamos vivir.
Primero recuperemos el equilibrio. Después podremos discutir, con todos los datos sobre la mesa, si realmente existe margen para crecer.










