Menos pernoctaciones hoteleras, menos estancias en apartamentos turísticos reglados y, sin embargo, más visitantes y un incremento de las pernoctaciones totales. Esa es la contradicción que ha arrojado el balance de este verano, detectada por el vicepresidente de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares (CAEB), José Antonio Roselló Rausell, al analizar la evolución turística de Ibiza y Formentera.
En una entrevista con La Voz de Ibiza, el representante empresarial plantea que una parte de los visitantes podría estar alojándose fuera de los establecimientos turísticos convencionales.
Según las cifras del Instituto de Estadística de las Islas Baleares (Ibestat) para el periodo de enero a agosto -las cifras disponibles a la fecha-, las pernoctaciones hoteleras descendieron un 2,09%, mientras que las registradas en apartamentos turísticos reglados también cayeron alrededor de un 6%.
Sin embargo, el número total de turistas que llegaron a las Pitiusas aumentó un 2,13%, de acuerdo con los datos de Frontur que cita el vicepresidente de CAEB.
La aparente paradoja no termina ahí. Roselló señala que otra estadística difundida por el propio Ibestat refleja un aumento de las pernoctaciones totales, a partir de una metodología diferente que contempla el conjunto de los alojamientos utilizados por los visitantes.
«Según el propio Instituto de Estadística, las pernoctaciones totales han aumentado. No mucho, pero también han aumentado», explica.
¿Dónde duermen?
La cuestión que surge de estos resultados es dónde se están alojando los turistas adicionales si disminuyen las noches registradas por hoteles y apartamentos turísticos autorizados, mientras ha caído considerablemente la oferta en plataformas de alquileres turísticos ilegales.
La respuesta, según el representante empresarial, exige analizar modalidades de estancia que no siempre quedan reflejadas en las estadísticas. «Hay estadísticas contradictorias», sostiene Roselló, que plantea la posibilidad de que se estén contabilizando visitantes alojados en espacios ajenos al mercado turístico convencional. «Se podrían estar colando grupos de población que no están exactamente ni en los hoteles ni en los apartamentos, sino que están un poco fuera del mercado», afirma.
Las segundas residencias constituyen una de las posibles explicaciones: viviendas de personas que no residen habitualmente en Ibiza o Formentera, pero que se desplazan a las islas durante determinados periodos del año y utilizan sus propias propiedades. «Esto ha existido siempre. Tampoco sería la gran explicación», puntualiza Roselló, aunque aclara que, por sí sola, no basta para explicar necesariamente los cambios detectados.

A ese grupo podrían añadirse personas que pasan sus vacaciones en viviendas cedidas gratuitamente por familiares o amigos, así como visitantes que recurren a sistemas de intercambio de casas. «Están las cesiones gratuitas de casas y lo que se llama la multipropiedad, que son los intercambios de casas», explica.
La hipótesis apunta, en definitiva, a que parte de la actividad turística podría estar desplazándose hacia formas de alojamiento que no se contabilizan como pernoctaciones hoteleras o en apartamentos turísticos reglados.
Los vehículos permanecen más días en la isla
Roselló introduce otro elemento relacionado con la movilidad. Según explica, los datos reflejan que los vehículos autorizados a entrar en Ibiza permanecen en la isla durante más días. Si esa tendencia se confirma, podría contribuir a entender por qué algunos visitantes acumulan más noches sin que estas aparezcan en las estadísticas hoteleras.
No obstante, advierte de que una estancia más larga de un vehículo no permite deducir dónde duerme su ocupante. «A lo mejor duermen en las casas de amigos o en las segundas residencias», señala.
Para el representante empresarial, la clave no está en señalar una modalidad concreta de alojamiento, sino en comprender si los distintos indicadores están reflejando un cambio en los hábitos de los turistas. «De momento es un tema muy incipiente, no lo sabemos, pero sí que es verdad que aquí hay un contraste que se tiene que aclarar», reconoce.
Esta incertidumbre también afecta a la interpretación de las políticas de contención turística. Roselló considera que el descenso de las pernoctaciones en hoteles y apartamentos reglados constituye una señal relevante de moderación, pero advierte de que no permite concluir que esté disminuyendo en la misma proporción la presión turística sobre el conjunto de las islas.
Se mantiene la fuerte demanda
«Las pernoctaciones hoteleras caen y esto es un hecho», sostiene. No obstante, recuerda que otros indicadores siguen aumentando y que todavía existe una fuerte demanda de alojamiento turístico.
De hecho, considera que la resistencia de los precios hoteleros pese a la reducción de las pernoctaciones constituye otra señal de que Ibiza mantiene su atractivo para los visitantes. «Todo eso explica por qué los precios no se han desplomado, sino que los precios se mantienen aún con caídas de las pernoctaciones», afirma.
La situación se produce, además, en un contexto de medidas para contener la actividad turística, entre ellas la estabilización de plazas alojativas, las actuaciones contra el intrusismo y las restricciones a la entrada de vehículos. Roselló considera necesario seguir observando los efectos de esas medidas durante un periodo suficientemente amplio antes de atribuirles resultados definitivos. A su juicio, la evolución de las estadísticas hoteleras puede estar mostrando una cierta contención, pero no resuelve por sí sola qué ocurre con el conjunto de los visitantes.
«Estamos en un momento de cierta transición todavía. Hay muchas cosas por ver aún y por seguir analizando», sostiene.











