El Gobierno ha reconocido la existencia de más de 600 narcolanchas tipo go-fast sospechosas de operar en el tráfico de estupefacientes en aguas españolas, principalmente en el Estrecho de Gibraltar, según el Informe Anual de Seguridad Nacional 2025 del Departamento de Seguridad Nacional (DSN) al que ha tenido acceso Europa Press. El documento, dependiente de Presidencia del Gobierno, alerta de la expansión de las zonas de alijo hacia Huelva, Portugal, Levante y Baleares.
El Estrecho, epicentro del tráfico
El informe sitúa el área del Estrecho de Gibraltar y el arco Canarias-Atlántico como zonas de «vulnerabilidad creciente» para España. Los datos manejados proceden del Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima (COVAM), dependiente de la Armada, que ha identificado ese volumen de embarcaciones sospechosas de actividad ilícita.
El Ejecutivo añade que algunos grupos organizados estarían reutilizando las rutas y medios diseñados originalmente para el narcotráfico con el fin de diversificar su actividad delictiva hacia la inmigración irregular.
Marruecos reactiva la ruta del hachís
Tras el desplome de las aprehensiones registrado en 2023 y mantenido en 2024, el DSN constata que en 2025 se ha reactivado la ruta del hachís desde Marruecos, principal productor mundial de esta sustancia, hacia España. El informe recuerda, no obstante, las «excelentes» relaciones económicas con el país vecino, del que España fue primer socio comercial el pasado año.
El tráfico se canaliza sobre todo por vía marítima, pero el documento subraya que una vez introducida la droga resulta «significativa» la cantidad transportada oculta en camiones, con rutas terrestres desde Almería, Granada y Cádiz hacia Francia y el resto de Europa.
Más agresividad contra los agentes
El informe pone el foco en el aumento de las agresiones y hostigamientos contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. «Los narcotraficantes, en ocasiones, no dudan en embestir vehículos terrestres y embarcaciones cuando perciben riesgo de interceptación o pérdida de la droga, evidenciando una mayor agresividad hacia los agentes», recoge el texto.
Aunque el número de incidentes violentos no ha sido «especialmente elevado» respecto a años anteriores, Seguridad Nacional avisa de una «mayor capacidad ofensiva», citando el uso de armas de guerra por parte de estas organizaciones.
El documento menciona el fallecimiento de un agente de la Gendarmería de Portugal en el río Guadiana al ser embestida su embarcación oficial por una narcolancha. La semana pasada murieron dos agentes de la Guardia Civil cuando perseguían una narcolancha a 80 millas de Huelva.
La huella del narco llega a Baleares
El DSN describe un mapa en plena expansión. La presión policial en el Golfo de Cádiz y la desembocadura del Guadalquivir ha empujado a las organizaciones criminales hacia la provincia de Huelva, el río Guadiana y el Algarve portugués, donde españoles y portugueses mantienen un esfuerzo coordinado.
Las zonas de alijo se amplían también hacia el este: el arco de Levante, desde las costas de Murcia hasta Gerona e Islas Baleares, con detección incluso de llegadas al sur de Francia e Italia. El informe constata además un «sensible» incremento de aprehensiones de combustible en Cádiz y Huelva destinado a abastecer a las narcolanchas.
La ruta atlántica y los drones
El DSN identifica una «emergente ruta atlántica del hachís»: la droga se carga frente a las costas atlánticas marroquíes y se traslada en embarcaciones a Senegal, Guinea Bissau y Guinea Conakry, desde donde viaja por tierra a través del Sahel hacia Libia, con destino final en Europa u Oriente Próximo.
Las organizaciones criminales recurren al trueque entre cocaína y hachís, utilizando la misma embarcación para mover ambas sustancias y dificultar el rastreo del dinero. También se ha reactivado la modalidad aérea con «aeronaves de diferente tipología, incluidos drones, que realizan vuelos clandestinos entre Marruecos y España» para transportar partidas de hachís, según ha quedado acreditado en operaciones policiales.
La radiografía del DSN dibuja un escenario en el que las narcolanchas y las rutas del hachís ya no son un problema acotado al sur peninsular, sino una amenaza con efectos directos en Levante, Baleares y el resto de Europa.
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