La Feria de Abril de Sevilla ha quedado marcada por el grave percance sufrido por José Antonio Morante de la Puebla. El torero cigarrero se encuentra bajo observación médica constante tras ser intervenido de urgencia por una cornada en la zona anal y rectal que, en palabras del propio diestro, le provocó un sufrimiento físico y un temor desconocidos hasta la fecha en su dilatada carrera.
La urgente intervención quirúrgica tras el accidente
El incidente se produjo durante la lidia del cuarto toro de la tarde. El animal alcanzó a Morante en una zona especialmente delicada, provocando una herida con una trayectoria de 10 centímetros que afectó gravemente al aparato esfinteriano y causó una perforación de 1,5 centímetros en el recto.
Dada la complejidad anatómica de la lesión, el equipo médico de la Maestranza, liderado por el doctor Octavio Mulet Zayas, trabajó durante más de dos horas en la enfermería de la plaza. La cirugía se centró en la limpieza profunda de la zona para evitar infecciones (el mayor riesgo en este tipo de heridas) y en la reconstrucción de las estructuras musculares y digestivas dañadas.
«No ha sido una gravedad de riesgo vital inmediato, pero sí una cirugía muy laboriosa por la zona afectada», explicó el cirujano, subrayando que el dolor en ese área es extremadamente agudo.
Las primeras palabras de Morante de la Puebla desde el hospital
Tras ser estabilizado y trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), Morante ha podido compartir sus primeras sensaciones. En declaraciones al diario El Mundo, el torero confesó haber pasado una noche difícil y con nula alimentación, pero manteniendo la calma.
«Ha sido, sin duda, la cornada de más dolor. Tuve muchísimo miedo porque sentí el peso del toro y pensaba que la hemorragia era masiva», relató el diestro, quien admitió sentir alivio al comprobar en la enfermería que el sangrado no era tan abundante como imaginaba.
Plazos de recuperación inciertos
El último parte médico califica su estado como «muy grave», una terminología habitual en estos percances que impide al torero volver a los ruedos a corto plazo. Los especialistas han señalado que el periodo crítico de observación será de al menos diez días, tiempo necesario para evaluar la cicatrización y descartar complicaciones infecciosas en la pared rectal.
Más allá de la herida por asta, el equipo médico ha solicitado pruebas radiológicas adicionales para evaluar la columna lumbar para descartar cualquier fisura ósea tras el violento impacto contra el albero.










