Ibiza no debe seguir creciendo en volumen turístico y debe concentrarse en mejorar la calidad de la experiencia que ofrece. Ese es el eje del mensaje lanzado por José Luis Benítez, gerente de Ocio de Ibiza, quien considera que la isla ya ha tocado techo y que el freno a la saturación, especialmente a través del control de la oferta turística ilegal, puede ayudar a que empresas de ocio y recreación se aboquen a mejorar servicios y no en hacerlos masivos.
Benítez sostiene que ese límite no es nuevo, sino una realidad asumida desde hace años por buena parte del sector. A su juicio, el gran factor que desordenó el equilibrio de Ibiza fue la irrupción del alquiler turístico ilegal, que multiplicó la presión sobre infraestructuras y servicios al margen de la oferta reglada. En su análisis, la isla estaba preparada para una capacidad determinada, pero la expansión de plazas encubiertas disparó una saturación que afectó tanto a residentes como a visitantes. Precisamente, el punto que el Consell está logrando controlar mediante lo que Benítez considera «un trabajo brillante». Solo este año, informó la institución insular, se dieron debaja 700 avisos ilegales en plataformas de alquiler turístico.
“Nosotros ya sabemos desde hace muchos años que no podemos seguir creciendo”, viene a resumir el dirigente empresarial, que defiende que el objetivo no debe ser atraer cada vez a más personas, sino conseguir que quienes lleguen a Ibiza encuentren «un destino más ordenado, más cómodo y con mejores prestaciones». La clave, insiste, está en trabajar con estándares de calidad y no con lógica de masificación.
En esa línea, Benítez considera que contener la oferta irregular da margen a hoteles, restaurantes y locales de ocio para centrarse en el servicio. El razonamiento es claro: si la isla reduce la presión derivada de la saturación, el empresario puede operar sin necesidad de exprimir aforos ni rebajar la atención al cliente. “No necesitas en tu restaurante o en tu discoteca que hayan cada noche tantas personas. Tienes que dar un buen servicio”, sostiene.
Para el gerente de Ocio de Ibiza, el verdadero riesgo del destino no está en ser caro, sino en cobrar precios altos sin ofrecer una experiencia a la altura. De hecho, admite que una de las debilidades de temporadas anteriores fue precisamente la percepción de que el servicio no siempre justificaba el coste. «En Ibiza se cobran precios elevados y la gente está dispuesta a pagarlos, pero la gente quiere un servicio. Lo que se estaba haciendo hasta ahora de dar un mal servicio, eso es negativo y lo íbamos a pagar con el tiempo lo íbamos a pagar».
Por eso defiende que el freno al crecimiento debe traducirse en una mejora tangible de la atención, de la comodidad y de la experiencia global del turista. A su vez, también tiene claro que los precios no bajarán.
Según Benítez, si Ibiza logra contener la saturación y ordenar la oferta, el beneficio será doble: por un lado, una mejor convivencia con el residente y, por otro, un visitante más satisfecho con playas, gastronomía, cultura y ocio nocturno. En su opinión, «el crecimiento económico del sector debe venir por la calidad del producto y la buena gestión».
A modo de ejemplo, Benítez plantea que puede resultar más rentable vender menos consumiciones, pero con más valor añadido, que basar el negocio en grandes volúmenes y precios bajos. A su juicio, ahí es donde entra en juego el control de gastos y un modelo más orientado a la calidad.
Openings con buenas perspectivas
En un segundo plano, Benítez también apunta que el arranque de temporada presenta buenas sensaciones, sobre todo en lo que se refiere a los openings del próximo fin de semana. El sector maneja una previsión optimista, en línea con los buenos registros del año pasado, y detecta una demanda anticipada tanto en la compra de entradas como en la reserva de desplazamientos.
Aun así, introduce un elemento de cautela. La evolución de la temporada dependerá también del contexto internacional y de la incertidumbre económica, marcada por los conflictos bélicos y el encarecimiento general del coste de vida. Con todo, remarca que Ibiza mantiene una ventaja clave: la percepción de destino seguro, un factor que sigue pesando a la hora de viajar.
Vivienda y dificultad para captar trabajadores
Otro de los asuntos que, según Benítez, condiciona la actividad de las empresas es la falta de vivienda para trabajadores, un problema que golpea de lleno al ocio nocturno, a la restauración y al conjunto de la actividad turística. En su caso, señala que los perfiles más difíciles de captar son los especializados, especialmente en «sonido, iluminación, seguridad y cocina».
Benítez remarca que «los sueldos siguen siendo insuficientes frente al coste de vida en Ibiza», lo que complica la llegada y permanencia de profesionales cualificados. Algunas empresas están reaccionando con el alquiler de pisos para sus plantillas, pero considera que esa solución no deja de ser parcial ante un problema mucho más profundo.
Además, advierte de que la crisis de vivienda no afecta solo al sector privado, sino también a servicios esenciales. En su opinión, Ibiza necesita «levantar la mano en Madrid» para reclamar más apoyo institucional para atraer y retener personal en sanidad, seguridad y justicia, ya que la pérdida de esos recursos también repercute en la calidad general de la isla.
West End, modelo pendiente de reconversión
Benítez reserva una de sus críticas más directas para el West End de Sant Antoni, una zona que considera estancada mientras el resto de la isla ha evolucionado hacia modelos más competitivos y de mayor calidad. A su juicio, se trata de un esquema agotado, que no encaja con la imagen que Ibiza quiere proyectar.
Sin cuestionar el potencial de Sant Antoni, municipio del que destaca su bahía, su oferta y su mezcla cultural, sostiene que ese enclave concreto sigue siendo un punto negro por la resistencia de parte de sus operadores a transformar el modelo de negocio.
Para Benítez, el problema no es Sant Antoni, sino la persistencia de una fórmula que considera obsoleta y que ha quedado fuera de la evolución general de la isla. «Llevamos varias legislaturas que tanto los ayuntamientos de diferente color político como el Govern balear, también con diferente color político, ha intentado invertir dinero para cambiar la zona. Pero muy pocos se están acogiendo a estas ayudas para cambiar su modelo de negocio. Se aferran a que cualquier tiempo pasado fue mejor».
Por eso insiste en que, igual que Ibiza debe asumir que no puede seguir creciendo en cantidad, también hay zonas que deben asumir que solo tendrán futuro si apuestan por la calidad.













