TURISMO DE EMPRESAS

Esparto, abejas y posidonia: las tradiciones ibicencas se convirtieron en la clave para atraer equipos corporativos

Jana Vanhees, fundadora de Azurée Ibiza Events, lleva 26 años revelando la Ibiza rural y cultural que los catálogos ignoran. Hoy sus talleres de artesanía, sus visitas a apicultores y sus actividades en las praderas de posidonia, junto con la puesta en valor de la gastronomía local, son el argumento que convence a empresas de toda Europa.

Jana Vanhees en uno de los talleres grupales de Azuree Ibiza Events.

Jana Vanhees no planificó fundar una empresa. Fue la propia isla —y los grupos de empresa que llegaban buscando algo diferente— la que le marcó el camino. Con la voz pausada de quien conoce cada rincón de Ibiza desde 1998, recuerda cómo nació Azurée.

Azurée Ibiza Events es una agencia boutique con sede en Ibiza especializada en eventos corporativos, team building y programas de incentivos para empresas internacionales. La fundó Jana Vanhees, guía oficial de la isla desde 1998 y vicepresidenta de la Asociación Profesional de Informadores Turísticos de Ibiza y Formentera (APITIF). Trabaja con grupos de entre 10 y 200 personas y ofrece programas a medida —de medio día a varios días— que combinan actividades culturales, gastronómicas, náuticas y de bienestar. Una parte relevante de su propuesta son las actividades de bajo impacto ambiental y las iniciativas de RSC, como la preservación de las praderas de posidonia oceánica.

—¿Cómo nació Azurée Ibiza Events a partir de tu trayectoria como guía oficial?
—Más que un momento fue una acumulación de señales. Recuerdo grupos de empresas que llegaban y me pedían cosas muy diferentes a los tours estándar. Querían algo más dinámico, actividades con un mensaje, reforzar sus equipos. Entonces pensé: me gustaría crear una propuesta seria, estructurada, con estándares reales para el mundo corporativo. Y así empecé a construir lo que hoy es Azurée.

—¿Qué te interesaba mostrar?
—Desde el principio me di cuenta de que la gente tenía una imagen muy reducida de Ibiza. Venían para las discotecas (que existen, que forman parte del ADN de la isla, no lo vamos a negar) pero hay otra parte rural, cultural, histórica, gastronómica que es absolutamente fascinante y que muy poca gente conocía. Eso es lo que yo quería compartir.

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—¿Qué ha cambiado más en lo que las empresas buscan en un team building?
—Ha cambiado muchísimo. Antes bastaba con una cena bonita, una actividad en el mar y ya. Hoy las empresas llegan con objetivos muy concretos. Piden bienestar, alineación de valores, cohesión de equipo. Y cada vez más piden sostenibilidad, que ya no es un extra, es un requisito.

¿Cuál es el mayor error que cometen las empresas cuando intentan organizar esto por su cuenta?
—Subestimar la logística local. Ibiza puede parecer pequeña y fácil, pero no es así. Todo tiene sus tiempos, sus particularidades. Una empresa que llega de fuera y reserva con un proveedor que no conoce bien puede llevarse una decepción. Pero sobre todo diría que el error más grave es confundir actividades de ocio con team building real. Un team building bien diseñado tiene objetivos claros (comunicación, motivación, cohesión) y eso no se improvisa.

—¿Qué actividad es la que más sorprende a los grupos?
—Sin dudas, las que conectan con las tradiciones más auténticas de la isla: los talleres de esparto, los talleres de hierbas ibicencas, las visitas al apicultor. La gente llega sin saber muy bien qué esperar y sale con los ojos abiertos. Hay algo poderoso cuando conectas con la tierra, con la tradición. Ejecutivos que pasan el día entero en reuniones de repente están ahí sentados trenzando esparto o aprendiendo para qué sirve cada planta medicinal. Eso es transformador.

Taller de arte con esparto en Ibiza.

El crecimiento de la responsabilidad social empresarial

La sostenibilidad ha dejado de ser una nota a pie de página en los programas corporativos. Vanhees lo nota en cada propuesta que envía: las empresas ya no preguntan si hay opciones eco-friendly, preguntan cuáles son. La posidonia oceánica —esa pradera submarina declarada Patrimonio de la UNESCO que cubre los fondos entre Ibiza y Formentera— se ha convertido, casi sin quererlo, en uno de los argumentos más potentes del catálogo de Azurée.

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—¿Hay demanda real de actividades sostenibles o todavía hay que convencer a las empresas?
—La demanda ya existe y está creciendo rápido. Hace unos años esto solo lo pedían las empresas más avanzadas. Hoy es bastante común. Colaboramos con productores locales de kilómetro cero, trabajamos con proveedores eco-friendly y destinamos un porcentaje de cada reserva en el mar a la preservación de las praderas de posidonia oceánica. Antes nadie sabía qué era la posidonia. Ahora muchas empresas lo exigen. Y a nosotros nos encanta porque va exactamente en la línea de lo que queremos transmitir.

—Entonces, pueden convivir sostenibilidad y turismo corporativo.
—Lo que queremos es que las empresas sean conscientes del impacto que genera el turismo en una isla como Ibiza, pero no para que dejen de venir. Al contrario. Sabemos que Ibiza vive del turismo y hay que respetarlo. Pero sí para que vengan de manera responsable, que cuiden lo que visitan y que dejen algo bueno detrás.

Ibiza tiene una imagen muy asociada a la fiesta. ¿Es un activo o un obstáculo con los responsables de RRHH?
—Son las dos cosas, y hay que saber gestionarlo. Hay responsables que al principio tienen que justificar internamente por qué llevan al equipo a Ibiza, porque seguramente alguien va a levantar la ceja. Por eso tenemos nuestra propuesta sostenible y cultural: les damos argumentos. Las discotecas y la música electrónica forman parte de la identidad de la isla, no la vamos a negar, pero lo que queremos es ampliar esa imagen. Una vez que el grupo llega y lo vive, ya no hace falta convencer a nadie.

¿Con qué cliente disfrutas más trabajando? ¿Y cuál es el más difícil?
—El cliente con el que más disfruto es el que confía, el que se deja sorprender, el que se abre a la magia de la isla. Si el cliente se abre, podemos diseñar algo que de verdad conecta con el equipo y con la isla. El más difícil es el que ya llega con todo decidido antes de escucharnos. A veces hay ideas preconcebidas que no encajan con la realidad de la isla ni con lo que necesita el grupo. Pero cuando conseguimos redirigirlos y el resultado es bueno, estos clientes suelen convertirse en los más fieles.

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—¿Hacia dónde va Azurée en los próximos años?
—Seguiremos creciendo, pero con mucho criterio. Esto siempre será una agencia boutique que conoce la isla y la quiere. Veo mucho potencial en los programas de bienestar corporativo combinados con sostenibilidad: ahí es donde está el futuro de los viajes de incentivo. También queremos expandir nuestra presencia en el resto de Baleares —Mallorca, Menorca, Formentera— pero siempre queremos seguir siendo embajadores de esta parte de Ibiza tan auténtica y tan tradicional. Eso es lo que queremos que las empresas se lleven a casa.

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