El norte de Ibiza volvió a quedarse a oscuras. Un corte de suministro eléctrico afectó durante la noche del miércoles a los núcleos de Sant Miquel de Balansat —en el municipio de Sant Joan de Labritja— y Sant Mateu d’Albarca —en el de Sant Antoni de Portmany—, dejando sin luz a un total de 1.059 personas.
El origen del apagón se localizó en el tramo aéreo de la red de media tensión, según la información sobre la incidencia. El corte comenzó la noche del miércoles y quedó resuelto en la madrugada del jueves, una vez que los equipos de la distribuidora restablecieron el servicio en la zona.
En una primera fase, el mapa de averías de E-Distribución había registrado 332 puntos de suministro sin luz solo en el núcleo urbano de Sant Miquel, que abarca también el Port de Sant Miquel, Na Xamena y la urbanización Isla Blanca. El alcance final de la avería, sin embargo, se extendió más allá y afectó igualmente a las viviendas y negocios de Sant Mateu, en el interior rural de Es Amunts.
Dos averías en pocas horas
El apagón del norte fue independiente del que se registró ese mismo miércoles en Santa Eulària, donde una avería en un cable subterráneo —atribuida a las altas temperaturas— dejó sin servicio a más de 300 clientes. Se trata, por tanto, de dos incidencias distintas y sin relación entre sí, coincidentes en una misma jornada.
La acumulación de cortes se ha convertido en uno de los grandes problemas del verano en Ibiza, con episodios registrados en las últimas semanas en Sant Antoni, Ibiza ciudad y varios municipios del norte de la isla. A finales de julio, una avería simultánea llegó a afectar a nueve transformadores en Sant Josep en plena ola de calor, y los propios instaladores eléctricos de la isla han señalado la saturación de la red —con transformadores al límite y el doble de averías— como el trasfondo de los reiterados apagones. La cadena de cortes ha cruzado incluso a Formentera, donde algunos restaurantes se han visto obligados a cerrar y tirar producto.
El Govern, pendiente de las desaladoras
Más allá de las molestias domésticas y comerciales, el Govern balear ha trasladado a Endesa su preocupación por los efectos que los apagones reiterados provocan en las desaladoras y las estaciones de bombeo de la isla. El director general de Recursos Hídricos, Joan Calafat, reconoció haber tenido «varios sustos» en las últimas semanas, ya que las plantas potabilizadoras funcionan a presiones muy altas y un apagón brusco puede dañar las instalaciones, además del riesgo de vertidos en las estaciones de bombeo al quedar fuera de servicio.
Endesa, por su parte, ha atribuido los cortes al aumento de la demanda y ha pedido reducir el consumo en las horas de mayor calor.










