MEDIO AMBIENTE

Por qué los peces te muerden más este verano en las playas de Baleares

El oceanógrafo Diego Ponce explica en Radio Ibiza qué factores hacen que algunos peces pierdan el miedo y mordisqueen a los bañistas.
Pez Ballesta

Peces que se acercan a los pies de los bañistas, mordisquean y ya no salen huyendo al primer movimiento. Cada vez son más los bañistas que notan que algunas especies han perdido el respeto a las personas en la orilla.

Así lo ha explicado el oceanógrafo Diego Ponce en su espacio semanal de Radio Ibiza, donde ha repasado los factores que provocan este comportamiento —la temperatura del agua, la costumbre a recibir comida, la densidad de peces, la defensa del territorio— y ha avisado de los riesgos que entraña dejar que los peces mordisqueen.

El calor dispara su apetito

Según Ponce, uno de los factores que más influye es la temperatura del agua. Cuando el mar se calienta, el metabolismo de los peces se acelera y con él su necesidad de alimento. Eso hace que algunas especies se acerquen a las zonas de baño y pierdan la distancia de seguridad que normalmente mantienen respecto a las personas.

Se acostumbran a que les demos de comer

El oceanógrafo advierte de que dar de comer a los peces en la orilla —o practicar el feeding con morenas y congrios, habitual entre buceadores en zonas turísticas— es mala idea. Los peces no distinguen entre un trozo de pan, una miga de galleta o el dedo de un bañista, así que si se han habituado a recibir comida, seguirán acercándose a las personas esperando su ración.

El «efecto concierto» de los bancos de peces

La densidad de ejemplares también cuenta. Ponce lo compara con lo que llama el «efecto concierto»: en un banco numeroso, un pez tímido pierde el miedo si ve que el resto se acerca a los bañistas. Las pequeñas heridas, costras o descamaciones de la piel —muy habituales en piernas y pies, la parte del cuerpo que suele estar bajo el agua— resultan además especialmente atractivas para los peces que cumplen un rol limpiador.

El pez ballesta defiende su nido a mordiscos

Distinto es el caso de los peces territoriales, como el pez ballesta, habitual en zonas arenosas de playa. En época de cría defiende su nido con fuerza, sin importarle el tamaño de quien se acerque. Ponce recordó que el verano pasado, en la playa de Palma (Mallorca), una turista italiana de 85 años tuvo que ser evacuada tras sufrir una herida de unos 10 centímetros en la pierna, presuntamente causada por un pez ballesta, lo que obligó a cerrar la playa de forma preventiva.

El verdadero peligro son las infecciones

Más allá del susto, el oceanógrafo señala el riesgo real: las infecciones bacterianas. Morenas y congrios, al ser carroñeros, acumulan restos de comida en descomposición entre los dientes. Si la mordedura es profunda, esas bacterias pueden llegar al torrente sanguíneo. A esto se suma el riesgo del «frenesí alimentario»: cuando un banco de peces se lanza a comer, pueden confundir la mano o la pierna de un bañista con comida.

Ojo con los objetos brillantes

El experto recomienda además quitarse anillos, pulseras y cualquier objeto metálico antes de bañarse. El reflejo de los metales en el agua puede confundir a peces como las barracudas, e incluso atraer a tiburones como la tintorera, sensibles a los campos eléctricos que genera el metal sumergido en agua salada.

Pese a todo, Ponce quiso tranquilizar a los oyentes: en nuestras costas estos mordiscos suelen ser puntuales y de poca intensidad, y forman parte del comportamiento natural de la fauna marina en las playas durante el verano.

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