Los cortes de luz que se vienen repitiendo en Ibiza desde la primavera, y que se han agudizado con la entrada del verano, no responden a una cadena de imprevistos sin relación entre sí. Al menos no es así como lo ve el sector que se dedica a repararlos. Los empresarios de instalaciones eléctricas de la isla describen un problema de fondo con nombre propio: una red de distribución saturada, con transformadores que nunca se diseñaron para el consumo que hoy soportan y que, en plena ola de calor, empiezan a caer «como moscas».
Casi el doble de avisos que otros veranos
El presidente de la Asociación de Montajes e Instalaciones Eléctricas de Ibiza y Formentera (ASEMIE) Antonio Ribas, confirma que este verano las llamadas por averías y equipos dañados se han disparado. Aunque evita dar una cifra cerrada, calcula que se está atendiendo «casi el doble de casos que otros veranos». Siempre ha habido puntas de trabajo en temporada alta, explica, pero la ola de calor de este año las ha agravado.
El origen, según su diagnóstico, está en unas redes «bastante saturadas» que sufren fluctuaciones de tensión muy acusadas, al alza y a la baja, tanto en invierno como en verano. Cuando el consumo se dispara —como ahora—, esas fluctuaciones se multiplican, y con ellas las averías: transformadores que se queman, fusibles que saltan, tramos que caen.
Ribas insiste en una distinción técnica clave, que desmonta el mensaje habitual de tranquilidad. Una cosa es la generación —de dónde sale la electricidad: la central, los enlaces submarinos que conectan las islas— y otra la distribución, las líneas y transformadores que reparten esa energía por los distintos puntos de la isla hasta llegar a viviendas y negocios.
El cuello de botella, subraya, está en la segunda. La generación, apunta, no parece hoy el problema, sobre todo desde que las islas pasaron de depender de generación propia a abastecerse a través de los enlaces. Lo que falla son los transformadores repartidos por el territorio: «caen, se queman, se cortan los fusibles». Es ahí, en la red que lleva la corriente hasta el enchufe, donde el sistema está desbordado. Este diagnóstico coincide con el que ya había expuesto en Radio Ibiza otro representante del mismo sector, Juan Manuel Díaz, que también situó el problema en unas líneas de distribución «supersaturadas» y no en la capacidad de generar energía.
Transformadores diseñados para otra Ibiza
La raíz del problema, para Ribas, es que buena parte de esa infraestructura se instaló pensando en una demanda muy inferior a la actual. «Cuando se montaron, probablemente no se diseñaron para la potencia que están suministrando ahora», resume. A medida que se enganchan nuevas viviendas, los transformadores se van renovando y sustituyendo poco a poco, pero el ritmo no acompaña.
El factor que ha desequilibrado la ecuación es el cambio en el clima. La isla ha pasado, en palabras del representante del sector, de un clima «muy normal» a uno «muy adverso», con una punta de consumo por refrigeración que, sostiene, «ni siquiera se llegó a prever». El resultado es una demanda que se dispara «de cero a cien en cuestión de días», sin margen para que la red se adapte.
La paradoja del autoconsumo
A esa presión se suma un factor menos evidente: el autoconsumo solar. En condiciones normales alivia la red, porque cuando hay producción fotovoltaica el transformador trabaja menos saturado. Pero la normativa vigente obliga a que estas instalaciones se desconecten automáticamente cuando la tensión o la frecuencia se salen de unos márgenes precisos, una medida de seguridad frente a las fluctuaciones.
El problema es lo que ocurre en ese instante. Cuando un autoconsumo se desconecta de golpe, el transformador —que hasta entonces estaba descargado— tiene que asumir de repente toda esa carga, y pasa de estar poco saturado a estarlo mucho más de lo normal. Es decir, lo que en teoría beneficia al sistema, cuando se llega al límite lo empeora. La alternativa, apunta Ribas, pasa por acumular esa energía con baterías en el propio punto de consumo, aunque advierte de que esas soluciones «no siempre son del todo legales» con la regulación actual.
Toda la isla, con la ciudad y es Cubells en el foco
Preguntado por las zonas más afectadas, Ribas remite al mapa de incidencias en tiempo real de la distribuidora: sobre la ciudad de Ibiza, señala, «prácticamente siempre hay alguna incidencia abierta», y también se registran problemas en la zona de Sant Antoni. Estos días, además, ha visto muchas averías en el entorno de es Cubells.
Pero el mensaje de fondo es que no se salva ningún punto: «Toda la isla está masificada», y el consumo ha crecido de forma exponencial en todas partes. Es una lectura que se repite en el sector: en su intervención en Radio Ibiza, Díaz había señalado que las zonas rurales y el centro de la isla son las que más sufren los microcortes, mientras que Vila, con su red soterrada, resiste algo mejor.
Inversiones que llegan con años de retraso
Si la distribuidora conoce el problema —«lo sabe perfectamente», afirma Ribas— y las administraciones también, ¿por qué no se corrige? La respuesta que ofrece apunta a los tiempos. Las inversiones para reforzar la red se planifican de forma periódica, detectando por dónde se va saturando el sistema y proyectando las ampliaciones necesarias. El problema es que esos planes se ejecutan «a seis u ocho años vista», un horizonte que no encaja con una demanda que se dispara en cuestión de días.
Sobre otras causas que a veces se señalan, Ribas es prudente: reconoce no tener datos sobre el peso de los enganches ilegales, pero considera que, salvo en zonas puntuales, no son el factor determinante de la sobrecarga. El problema, en su lectura, es estructural y generalizado, no fruto del fraude.
Un verano de cortes ya documentado
La radiografía del sector encaja con lo que La Voz de Ibiza viene documentando en las últimas semanas. Ya el pasado mayo, un apagón dejó sin servicio durante horas a entre 50 y 60 comercios del barrio de Sa Colomina, y en julio los cortes se han sucedido en distintos puntos de la isla.
Frente a este diagnóstico, Endesa mantiene que se trata de «incidentes aislados y puntuales» que resuelve conforme a su plan de contingencia, si bien la compañía ha reconocido a este medio que está realizando «análisis para ver si podemos encontrar un factor común» y que los estudios detallados «se realizarán más adelante». Mientras esos análisis llegan —y mientras las inversiones estructurales maduran a años vista—, el sector que atiende las averías anticipa lo que queda de temporada en una sola frase: un verano complicado.











