TURISMO

Los cinco pueblos desconocidos de Ibiza: torres medievales y vino local

Ibiza tiene otra cara más allá de la costa: cinco pueblos del interior con patrimonio, historia y el silencio que no vas a encontrar en ninguna playa en verano.

Ibiza tiene otra cara que no aparece en las guías de clubbing ni en los carteles de las agencias de viajes. A pocos kilómetros de las playas más concurridas de la isla, cinco pueblos del interior conservan iglesias del siglo XVIII, conjuntos medievales y paisajes agrícolas que no han cambiado demasiado en los últimos siglos: la mayoría de visitantes no saben que existen.

Sant Francesc de s’Estany: la iglesia más pequeña de la isla

Sant Francesc de s’Estany

Sant Francesc de s’Estany es la parroquia más pequeña en extensión de todo el municipio de Sant Josep. Su iglesia, construida en 1785 por orden de Carlos III, es la más pequeña de Ibiza y guarda un detalle que no tiene ninguna otra: el escudo de Castilla y León en la fachada, testimonio visible de que su construcción respondió a un mandato real borbónico.

Un pueblo que cabe en un vistazo pero que tiene más historia de la que aparenta.

Es Cubells: el pueblo del acantilado sin carretera

Es Cubells

Es Cubells es la parroquia más meridional de Ibiza, encaramada sobre los acantilados del sur de la isla con vistas al canal que separa Ibiza de Formentera. Durante décadas fue literalmente inaccesible por carretera desde el interior: no fue hasta 1969 cuando se abrió el acceso que existe hoy.

Eso explica en parte su carácter: un pueblo tranquilo, con una proporción inusualmente alta de residentes extranjeros de largo plazo y una iglesia singular, el único santuario mariano de la diócesis, con advocación oficial a la Mare de Déu del Carme. El edificio actual data de 1958, aunque en el mismo lugar había un oratorio desde 1864.

Sant Llorenç de Balàfia: el pueblo con torres medievales

Sant Llorenç de Balàfia

La parroquia de Sant Llorenç de Balàfia, creada en 1786, es conocida principalmente por lo que hay a cinco minutos en coche: el conjunto medieval de Balàfia, con torres defensivas y casas payesas que forman uno de los conjuntos rurales más singulares de la isla.

Las torres, construidas para refugiarse de las incursiones piratas que asolaban el campo ibicenco durante siglos, siguen en pie y son visitables. El pueblo en sí es una buena base para combinar la visita con las playas del norte: Benirràs, Cala Xarraca y Portinatx están a pocos minutos.

Sant Agustí des Vedrà: el único pueblo con protección de Conjunto Histórico

Sant Agustí des Vedrà

En el oeste de Sant Josep, a una altitud elevada con vistas al islote del Vedrà, Sant Agustí des Vedrà es el único pueblo del municipio que cuenta con la declaración de Conjunto Histórico otorgada por la Llei de Patrimoni de les Illes Balears, una protección adicional a la que tienen otras iglesias-fortaleza de la isla.

Su iglesia data de 1791. Es uno de esos pueblos que se visitan de paso y que merecen más tiempo del que la mayoría les dedica.

Sant Mateu d’Albarca: vino y paisaje en el norte

La parroquia más septentrional del municipio de Sant Antoni guarda una de las tradiciones más arraigadas del interior de la isla: el cultivo de la vid y la producción de vino local. Sant Mateu d’Albarca, creado en 1785, es el eje vinatero del norte del municipio y sede del Mercat de Vi de Sant Mateu, un mercado de vino con producción local que tiene ficha propia en el catálogo.

El paisaje agrícola que rodea el pueblo, con almendros, olivos y viñas, es uno de los menos transformados de toda la isla.

Los cinco pueblos tienen en común una cosa: se pueden visitar en el mismo día, combinados entre sí o con una de las playas del interior. No requieren reserva, no tienen cola y no aparecen en casi ningún itinerario turístico estándar; esa es, precisamente, su mayor ventaja.

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