España ha dado un paso significativo en el panorama fiscal internacional. Según el informe Taxing Wages de la OCDE, el país ha entrado por primera vez en el top 10 de economías con mayor cuña fiscal sobre los salarios, un indicador que mide la carga total de impuestos y cotizaciones sociales que soporta el trabajo. El dato refleja una tendencia sostenida en los últimos años: la presión fiscal sobre los trabajadores no ha dejado de crecer, independientemente de su nivel de ingresos o situación personal.
El resultado es un cambio de posición en el ranking internacional, pero también una transformación estructural en el modelo recaudatorio español, donde el esfuerzo fiscal recae cada vez más sobre las rentas del trabajo.
Qué significa entrar en el top 10 de presión fiscal
La llamada cuña fiscal incluye el IRPF y las cotizaciones sociales —tanto las que paga el trabajador como las que abona el empleador—, descontando las prestaciones monetarias. Este indicador permite comparar de forma homogénea cuánto se grava el empleo en distintos países.
En el caso de España, un contribuyente soltero con salario medio soporta una cuña fiscal del 41,44% de sus ingresos brutos, el décimo dato más alto de toda la OCDE. Con este nivel, el país se sitúa junto a economías como Alemania, Francia, Italia, Bélgica o Finlandia.
Este salto no es casual. Desde 2018, la carga fiscal ha aumentado 1,8 puntos, lo que convierte a España en el octavo país donde más ha crecido este indicador en ese periodo. La evolución ha sido constante: de ocupar la posición 16 ha pasado a entrar en el grupo de los diez primeros.
Una subida sostenida durante décadas
Más allá del corto plazo, los datos muestran una tendencia de fondo. A comienzos de siglo, ese mismo contribuyente medio pagaba el 38,6% de su salario en impuestos y cotizaciones. Hoy, la cifra alcanza el 41,4%.
La diferencia puede parecer moderada en términos porcentuales, pero en términos reales implica un incremento relevante: por cada 1.000 euros de salario, se ha pasado de pagar 386 euros a 414 euros, lo que supone un aumento del 7,3%.
Este incremento se produce en un contexto en el que el salario medio real, descontada la inflación, apenas ha crecido en lo que va de siglo. Es decir, la capacidad adquisitiva se ha mantenido similar, pero el esfuerzo fiscal ha aumentado.
El impacto en las rentas más bajas
La presión fiscal no solo afecta a las rentas medias. Los datos de la OCDE reflejan que también las clases con menores ingresos soportan niveles elevados.
Un contribuyente soltero con un salario un 33% inferior a la media nacional paga cerca del 38% de su renta en impuestos, el nivel más alto de toda la serie histórica. Además, España es uno de los pocos países de la OCDE donde la cuña fiscal sobre las rentas bajas está en máximos.
Desde el inicio de siglo, la carga fiscal para este grupo ha aumentado un 8%, consolidando una tendencia que refuerza el peso del sistema impositivo sobre todos los tramos de renta.
Las familias tampoco escapan a la subida
Los hogares con hijos tampoco han quedado al margen de este incremento. Un contribuyente casado con dos hijos, con un salario medio y una pareja que percibe el 67% de la media, soporta una cuña fiscal del 38,7%.
Se trata del nivel más alto registrado en España y el sexto más elevado de toda la OCDE para este tipo de hogar. El dato evidencia que la presión fiscal es transversal y afecta a distintos perfiles familiares.
Del espejismo fiscal a la convergencia europea
Durante años, España parecía tener una menor presión fiscal sobre el trabajo en comparación con la media europea. Sin embargo, este diferencial respondía en gran medida a un factor estructural: los salarios eran más bajos.
Al ser el IRPF un impuesto progresivo, las rentas más bajas soportan una menor carga relativa, lo que generaba la percepción de una fiscalidad más reducida. No obstante, al ajustar los datos por tipos de hogar e ingresos, la realidad era distinta.
A mediados de la pasada década, la cuña fiscal española ya se situaba en niveles similares a los europeos. Desde entonces, la tendencia ha cambiado: España ha pasado a situarse por encima de la media comunitaria en varios indicadores.
Un ejemplo claro es el de una pareja con dos hijos y ambos con salario medio, que actualmente paga el 40,33% de su renta en impuestos y cotizaciones. Esta cifra no solo es la más alta de la serie histórica, sino que supera en 2,5 puntos porcentuales la media de la Unión Europea.
El papel del IRPF y la inflación
Uno de los factores clave en este aumento ha sido la evolución del IRPF. La falta de deflactación del impuesto —es decir, la no adaptación de los tramos a la inflación— ha provocado un incremento automático de la recaudación.
Un estudio del BCE sitúa a España como el segundo país de la UE con mayor elasticidad del IRPF a las subidas salariales. En la práctica, esto significa que un aumento del 1% en la base imponible puede traducirse en un incremento del 2% en el impuesto a pagar.
Este mecanismo ha permitido aumentar la recaudación sin necesidad de aprobar subidas explícitas de impuestos, generando lo que algunos analistas consideran un incremento silencioso de la presión fiscal.
Más recaudación y menos déficit
El aumento de la cuña fiscal ha tenido efectos directos en las cuentas públicas. España ha logrado reducir el déficit y se sitúa entre los países europeos que presentan una mejor posición fiscal respecto al periodo previo a la pandemia, junto a Portugal, Irlanda, Grecia y Chipre.
En 2024, la recaudación por IRPF y cotizaciones sociales alcanzó el 25,3% del PIB, reduciendo significativamente la brecha con la eurozona.
Sin embargo, esta convergencia también tiene matices. Aunque la recaudación total sigue siendo inferior a la media europea, los datos de la OCDE indican que el esfuerzo fiscal de los trabajadores españoles ya es superior al de muchos países del entorno.








