Nemesio Oseguera Cervantes, el hombre al que el mundo conoció como “El Mencho”, no fue solo un nombre más en la lista de los más buscados, y su caída durante este domingo en Tapalpa, tras un operativo del Ejército, cierra un capítulo que cambió para siempre la seguridad en México. Pero para entender por qué causó tanta repercusión su muerte y por qué agencias como la DEA o el FBI estaban dispuestas a pagar 15 millones de dólares por él, hay que mirar más allá del personaje y observar la estructura que levantó desde las sombras.
A diferencia de otros capos que buscaban la fama o el protagonismo, Oseguera se movía con una discreción absoluta, casi invisible, mientras transformaba al Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) en una organización que hoy opera en más de la mitad del país y tiene presencia en otras áreas como Oceanía o Asia.
De las filas de la policía al control total
Lo que hace que la historia de «El Mencho» sea tan particular es su origen: antes de fundar su propio imperio hacia el 2010, fue policía municipal. Ese conocimiento interno de las instituciones, sumado a una disciplina casi militar, le permitió profesionalizar la violencia.
Bajo su mando, el CJNG no solo se dedicó a mover droga; se convirtió en un ejército privado capaz de enfrentar directamente a las fuerzas de seguridad y de desplazar a grupos históricos, como el Cártel de Sinaloa, de regiones estratégicas.
¿Por qué se le considera el mayor exponente del narco actual?

El origen de su poder residía tanto en el dominio territorial como en su capacidad para diversificar el negocio: «el Mencho» se adelantó a sus competidores al considerar que el futuro del mercado estaba en las sustancias sintéticas.
Mientras el resto de las organizaciones seguía apostando por rutas y productos tradicionales, él volcó sus recursos hacia el fentanilo y las metanfetaminas, con la premisa que son mercancías más rentables y sencillas de mover por todo el mundo.
Además, su gestión destacó por cuatro puntos importantes que hoy analizan los expertos:
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Su logística avanzada: el uso de tecnología de punta y armamento de alto poder que nada tenía que envidiarle a cualquier ejército formal.
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Diversificación delictiva: sus redes no solo vivían del tráfico; el secuestro, la extorsión y el robo de combustible pasaron a ser parte esencial de sus ingresos.
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Control territorial feroz: implementó tácticas de terror y bloqueos masivos que paralizaron ciudades enteras, con el objetivo de demostrar su capacidad de intimidación.
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Red internacional: logró establecer una cadena de suministro que conecta los laboratorios de México con mercados en Europa y América, convirtiendo al CJNG en una multinacional del crimen.
La incertidumbre tras una etapa violenta
El fallecimiento de Oseguera Cervantes abre ahora una etapa de incertidumbre dentro del organigrama del CJNG. Las autoridades mexicanas y las agencias internacionales mantienen la vigilancia ante posibles disputas internas por el control de la organización.
El despliegue militar en Jalisco continúa tras los bloqueos registrados, mientras se evalúa quién asumirá la estructura logística y las redes de distribución que el capo operó hasta su muerte.











