El Gobierno de España ha activado una maniobra de alta precisión diplomática y militar en la guerra de Medio Oriente. Tras confirmar el envío de la fragata Cristóbal Colón (F-105) a Chipre, el Ejecutivo busca marcar una línea roja: participar en labores de protección y disuasión bajo el marco de la Unión Europea, pero mantener a la vez un rechazo total a involucrarse en la ofensiva directa liderada por Estados Unidos e Israel.
¿España entra en guerra? Qué dice Defensa
El Ministerio de Defensa ha despejado las dudas sobre este despliegue: según ha explicado la ministra Margarita Robles, la fragata, que hasta ahora realizaba ejercicios en el Báltico junto al portaaviones francés Charles de Gaulle, ha sido reorientada hacia la zona de Chipre.
La titular de Defensa ha sido tajante al distinguir entre participar en un conflicto y ejercer el derecho a la legítima defensa: «España no va a entrar en labores de ataque». Para el Gobierno, esta misión responde a una «necesidad de protección, posible evacuación de civiles y blindaje de la frontera oriental de la UE», diferenciándose radicalmente de lo que, según Robles, pretendía Washington: utilizar las bases españolas de Rota y Morón para lanzar bombardeos.
Una decisión que causó una fuerte discusión política
La decisión ha desencadenado una fuerte discusión política en Madrid. Mientras que el Ejecutivo insiste en su «compromiso con la paz» y el cumplimiento de la legalidad internacional, la oposición y otros socios parlamentarios han respondido con dureza:
Desde el Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo ha calificado el despliegue como una muestra de la «ética del engaño», y ha acusado al presidente Pedro Sánchez de decir «no a la guerra» mientras envía buques de combate a la zona de fuego.
Por otro lado, Ione Belarra de Podemos ha sido aún más tajante, y ha denunciado que este movimiento es una participación directa en una «guerra ilegal» y exigiendo que, para ser coherentes con el espíritu del pacifismo, España debería cerrar las bases militares a cualquier uso extranjero.
La estrategia de Bruselas
Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares ha subrayado que España actúa en absoluta sintonía con sus socios europeos. El mensaje es de «solidaridad» con la seguridad de la UE, buscando distanciarse de la estrategia norteamericana.
España no solo moviliza a la Cristóbal Colón; también cuenta con el apoyo logístico del buque Cantabria para garantizar la autonomía de este grupo naval durante su tránsito hacia Creta, previsto para el próximo 10 de marzo.
El Gobierno intenta así capear un temporal complejo: mantener la cohesión con Bruselas sin ceder a la presión de la Casa Blanca, mientras en el ámbito interno debe defender una postura que, para unos, es una necesaria labor de vigilancia y, para otros, una contradicción insalvable.













