Josefina Molina, una de las figuras más trascendentales, valientes y revolucionarias de nuestra cinematografía, ha fallecido este sábado 30 de mayo en Madrid a los 89 años de edad. Así lo ha confirmado la Academia de Cine, institución de la que era patrona de honor, rindiendo tributo a una creadora que rompió barreras en una época en la que el sillón de dirección estaba vetado para las mujeres.
Nacida en Córdoba en 1936, Molina no solo se convirtió en la primera mujer en graduarse en Dirección por la Escuela Oficial de Cinematografía, sino que consagró su vida a construir un cine donde la identidad y los conflictos femeninos encontraran un reflejo fiel y digno.
Su inquebrantable compromiso la llevó a ser la tercera mujer en la historia en recibir el Goya de Honor (2012), un hito que se suma al Premio Nacional de Cinematografía obtenido en 2019 y a su histórica incorporación como la primera directora en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.
De las salas de Córdoba a la vanguardia del celuloide
La pasión de Josefina Molina nació en los cines de su Córdoba natal, donde transcurrían sus tardes de domingo. Tras foguearse en el ambiente intelectual de los cineclubs locales y atreverse con la dirección teatral de clásicos como Casa de muñecas de Ibsen, decidió trasladarse a Madrid para estudiar cine. No fue un camino sencillo: ella misma confesó en su día que tuvo que batallar contra los prejuicios de su propia familia y «la inercia de una sociedad» que pretendía relegarla a las tareas del hogar.
Su debut en el largometraje llegó en 1973 con Vera, un cuento cruel, una sugerente pieza de género fantástico en la que ya se rodeó de grandes nombres como Fernando Fernán Gómez y Julieta Serrano. Sin embargo, su consagración absoluta y uno de los mayores hitos de su carrera llegó en 1981 con Función de noche.
Esta cinta, de un calado vanguardista e íntimo demoledor, exploraba las complejidades de la vida en pareja sentando frente a frente a Lola Herrera y Daniel Dicenta, quienes llevaban quince años separados.
A lo largo de su trayectoria demostró una versatilidad asombrosa: firmó dramas históricos de la talla de Esquilache (1989), se adentró en la comedia con Lo más natural (1991) de la mano de Miguel Bosé y Charo López, y cerró su producción cinematográfica con la notable adaptación de La Lola se va a los puertos (1993), uniendo el talento de Francisco Rabal y Rocío Jurado.
El fenómeno de ‘Teresa de Jesús’ y su éxito televisivo
Molina entendió que la televisión era una herramienta masiva y poderosa para difundir historias de calado humano. De su mano nacieron producciones impecables para la pequeña pantalla, pero fue sin duda la serie Teresa de Jesús (1984), magistralmente protagonizada por Concha Velasco, la que la catapultó a la máxima popularidad. Su fascinación por la santa de Ávila fue tal que la cineasta volcó todas sus investigaciones y vivencias sobre las dificultades de la mística para fundar su orden en la celebrada novela En el umbral de la hoguera.
Un legado eterno para las futuras generaciones de cineastas
Para Josefina Molina, ponerse detrás de una cámara requería una dosis ineludible de espíritu aventurero. Sabía perfectamente lo solitario que podía ser el camino para una mujer en la industria y, por ello, decidió que las futuras generaciones no debían pasar por el mismo aislamiento.
En 2006, unió fuerzas con realizadoras de la talla de Icíar Bollaín, Isabel Coixet y Chus Gutiérrez para fundar CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales), colectivo del que seguía siendo presidenta de honor.
Hoy el cine español despide a una de sus madres fundadoras: una creadora incansable que, valiéndose del cine, la televisión, el teatro y la literatura, defendió siempre la honestidad de su mirada y abrió de par en par las puertas de la industria para todas las mujeres que vinieron detrás.










