La crianza actual está llena de contradicciones: padres preocupados por el bienestar de sus hijos pero atrapados en ritmos de vida que muchas veces juegan en contra. Y no todo en la educación tiene que ver con normas o castigos. A veces la clave está en algo mucho más sencillo y a la vez más difícil: el ejemplo de los adultos y el estilo de vida que transmiten a sus hijos.
La educadora social Yasmina Delgado reflexiona sobre algunos de esos hábitos cotidianos que terminan marcando la infancia.
-¿Por qué existe la obesidad infantil?
– Es tragar y tragar. La base emocional para mí es el sueño, cómo descansa tu hijo. Hoy en día tiene muchísima relación la obesidad infantil con el uso de pantallas. Nuestros hijos están siendo muchísimo más sedentarios, no se mueven como tendrían que moverse. Ese es el punto principal. Hay niños que ven toda la tarde pantallas, desde las tres hasta las nueve de la noche o más. Y cuando pasamos a la adolescencia, que ya tienen un móvil, se les hacen las dos o tres de la mañana o sea que no están descansando. Las pantallas son puro estímulos, no nos ayuda ni a desarrollar el cerebro ni muchísimo menos a movernos. Por otro lado, el otro punto que yo trato es la alimentación. Por donde empiezo es con el consumo de azúcar y chocolate porque los dos están en relación directa con las emociones. Es un excitante para nuestros hijos y no somos conscientes del todo, tanto que hay muchísimos alimentos que nosotros catalogamos como salados que tienen azúcar. Si yo me como un donut soy consciente de que me estoy comiendo azúcar, pero es que luego hay embutido que tiene azúcar, el tomate frito tiene azúcar… Estamos atiborrando a nuestros hijos de alimentos procesados que al final no son sanos. Es que ambos son muy adictivos. Siempre «quiero más».
-Y después está la cosa de ser consciente, porque cuando eres padre y le das chocolate a tu hijo a las ocho y media de la noche, después no te quejes que no se puede dormir.
-Exacto. Pero va mucho en el problema de lo que estábamos hablando antes. Es que tú a lo mejor como padre, a ti te gusta cada noche comerte tu no sé qué dulce. Entonces, como tú te lo quieres comer, pues que tu hijo se lo coma… y no. Pero al final tienen que ser conscientes que eso no puede ser de forma habitual. El tema de la obesidad tiene muchísima relación con el estilo de vida que llevamos ahora mismo, muy sedentario y la alimentación.
-¿Y cómo se hace para evitar la adicción a las pantallas?
-Con un control, con un horario.
-¿Cuánto es un tiempo saludable de pantalla al día? ¿Una hora al día?
-A mí no me gusta dar un horario exacto, porque entiendo que cada familia es un mundo. Hay veces que las familias necesitan más tiempo por el estilo de vida o porque hay familias que tienen ayuda de familiares y otras familias que no, entonces recurren más. Al final yo no juzgo nunca. Entiendo que cada familia es diferente y que a lo mejor lo necesita. Yo soy partidaria de que las pantallas sean la última opción. Lo que no puede ser es llegar a casa y encender ya la tele o estar deseando llegar a casa para ponerte con la Play. Eso es como de forma puntual, después de haber merendado, de haber jugado, de haber hecho un puzle, haber hecho alguna actividad, y en algún momento lo vemos, perfecto. Pero no puede ser algo habitual. Debe ser de forma puntual. Además, cuando es una rutina, es más complicado romperla. Tú si ves la tele o juegas a la Play un martes, luego un viernes y otra vez un sábado, pues es más fácil irlo reduciendo. Pero si tú cada mañana te despiertas y estás con la tele, ya hay una rutina que es más difícil de romper.
-Sí, hay padres que le dan de comer con la pantalla delante.
-Relacionado con la obesidad infantil. Y comen sin ser conscientes de que están comiendo.
-¿Se puede, por ejemplo, inculcar la lectura de libros a niños mientras que los niños no ven a sus padres leer?
-Muy difícilmente. Realmente son los padres el ejemplo. Si tú quieres que tu hijo respire, respira tú. Si tú quieres que tu hijo lea, empieza a leer. No podemos pedirle a tus hijos que hagan una cosa cuando tú eres el primero que no lo hace.
-La comunicación después del amor es lo más importante entonces, ¿no?
-Sí, claro. Es lo más importante. La comunicación y el respeto. De todas las partes.
-Hablando de la comunicación… ¿ya te pasó lo de estar en un mal día y que le digas a tu hijo «haz esto» y pregunte «¿por qué?», a lo que respondes «porque te lo digo yo, que soy tu madre». ¿No te has oído repetir frases de tus padres y te has querido morir? [risas ]
-Ahora mismo que recuerde, no, la verdad.
Pues te felicito, has hecho algo muy bueno. Porque pasa. Es tan difícil no repetir a los padres, ¿no?
-¡Seguramente que sí que haya repetido, ¿eh?! Pero ahora mismo no soy consciente, la verdad. Hay que sanar las heridas antes de ser padres. Lo que no podemos es seguir tirando del carro con todas las heridas de nuestra infancia porque eso influye en la educación de nuestros hijos. Las heridas son transferibles y eso es terrible. Me viene a la mente el tema de los miedos. Eso lo he visto yo y lo he sufrido de forma personal; mi madre tiene mucho miedo a las ratas. Mi abuela tiene mucho miedo a las ratas. Yo tenía fobia a las ratas. Y yo cuando decidí ser mamá, rompí esa fobia, porque no quiero que esos miedos se vayan propagando o que mis hijos tengan miedo a las ratas porque sí. Entonces cuando veo una rata hago como si nada, [me estoy tragando ahí todo, susurra y ríe]. Al final tenemos que afrontar que todos tenemos heridas y todos podemos ir mejorando. Si no está la frase que no me gusta nada que es «el tiempo lo cura todo», porque no es así. El tiempo no lo cura todo. Yo cuando en el fallecimiento de mi padre era darme tiempo y más tiempo y no, es el trabajo, el proceso del duelo, el pasar por ello.
-A mí me pasa igual con la palabra esperanza. Esperar con fe que se solucione solo y tampoco es así.
-El bienestar emocional hay que trabajarlo, no es el tiempo. El tiempo no lo cura todo. Al final es tu coraje, tus ganas, el poner todo sobre la mesa y decir pues me pasa esto, ser consciente de ello y buscarle solución.
La foto de portada es de la fotógrafa Cristina Dao.













