Pau Arbona se asoma a las vistas desde su despacho, en lo alto de Dalt Vila, y reconoce que los últimos días han sido un vértigo. Abrir un hotel, admite, siempre exige un ritmo distinto: equipos a pleno rendimiento, operativa afinándose sobre la marcha y una presión añadida cuando el estreno llega cargado de simbolismo. Abrir un Parador es otra liga. Y este, Champions League. Y es que en Ibiza el arranque arrastra un peso extra: años de retrasos, un edificio patrimonial con logística difícil y una expectación ciudadana que se notó incluso antes de abrir reservas.
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“Es una pasada”: el director del Parador de Ibiza recibe a los primeros clientes y espera a residentes en el restaurante
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«Llevábamos 20 años esperando» y «es el Parador 1 de la red»: los testimonios de los primeros huéspedes del Parador de Ibiza
Nacido en Palma (1986), Arbona volvió a Baleares tras un recorrido que lo llevó de estudios de Magisterio a formarse en Restauración en Palma y a graduarse en Gestión de Alojamientos Turísticos en Les Roches Marbella, con experiencia en cadenas internacionales en países como China, Bélgica, Inglaterra o Francia. Hace seis años entró en Paradores, pasó por Santiago de Compostela y Cádiz y dirigió Benicarló, La Seu d’Urgell y Plasencia. Ahora lidera el primer Parador en Baleares y el reto de encajar el hotel en la vida cotidiana de Ibiza, con una idea repetida: abrir todo el año y convertirse también en un lugar para residentes.
Ibiza todo el año y un Parador abierto a la ciudad
— ¿Qué valoración hace de los primeros días de andadura, desde la inauguración hasta el inicio con huéspedes?
— La valoración es muy positiva. Desde la inauguración del 23 de febrero el equipo siguió trabajando para poner las instalaciones a punto y, además, se abrieron las puertas para que distintos grupos pudieran conocer el proyecto antes del arranque de la actividad hotelera. Las jornadas de puertas abiertas del 7 y 8 de marzo fueron el gran termómetro. A pesar de que el primer día el tiempo no acompañó, entre los dos días pasaron unas 4.500 personas por las instalaciones, algo que superó cualquier expectativa. La reacción fue casi unánimemente positiva y sirvió como refuerzo para el trabajo del equipo y como impulso para encarar el primer día con clientes alojados.
— Qué pasó desde el 10 de marzo en términos de ocupación y uso por parte de residentes?
— Desde la apertura al primer cliente alojado se mantuvo la ocupación prácticamente al 100%. Y, en paralelo, se fue notando cada vez más movimiento local: ibicencos que pasan por el restaurante, el bar o la cafetería para comer, tomar un cóctel o un café, y también algunos que ya han pernoctado en el hotel.
— ¿Han dormido ya ibicencos en el Parador?
— Sí. Aproximadamente algo más del 10% de la clientela que ya ha dormido en el Parador es ibicenca.
— Si tuviera que poner una nota de 1 a 10 al arranque, cuál sería?
— Un 10. Es difícil poner una nota, porque siempre hay cosas que mejorar y se sigue trabajando, pero no puede ser menos teniendo en cuenta la respuesta y el funcionamiento.
— ¿Cómo interpreta el recibimiento de Ibiza después de tantos retrasos?
— Hay satisfacción y agradecimiento. La espera fue larga y eso se entiende. Hay que da las gracias a las instituciones implicadas, pero especialmente al ibicenco por la paciencia y por la reacción tan positiva una vez abiertas las puertas.
— ¿Qué viene a aportar Paradores en un destino tan maduro como Ibiza?
— La idea es complementar un turismo que ya está muy definido y con reputación mundial. La apuesta es clara: desestacionalizar, con el objetivo firme de abrir todo el año y mantener niveles de actividad también fuera del pico estival.
— ¿Qué Ibiza quiere poner en valor el Parador, más allá del relato clásico de sol y playa?
— Dar protagonismo a la Ibiza rural y de interior: gastronomía, costumbres, tradiciones y artesanía. Y que se entienda la forma de trabajar de Paradores, que tiene una impronta propia incluso en destinos con un estilo turístico ya muy marcado.
— A propósito del estilo de Paradores, ¿qué peso tiene el cliente fiel de la cadena en esta apertura?
— Es un cliente muy fiel, probablemente el más fiel que ha encontrado en programas de fidelidad. En Ibiza se vio desde el primer momento: durante los dos primeros días de venta solo pudieron reservar los Amigos de Paradores y el volumen de reservas fue altísimo, prácticamente cubriendo el primer y el segundo mes. Muchos de los clientes que acompañan las aperturas son Amigos: no buscan primero un destino y luego un hotel, sino que localizan el Parador que no han visitado y viajan para conocerlo. Algunos de los que vinieron a la apertura superan los 90 Paradores visitados. Ese perfil ayudará a sostener ocupación también en invierno.
— ¿Qué trae usted de su experiencia previa en la red y qué debe adaptarse específicamente a Ibiza?
— Mantener como bandera lo que diferencia a Paradores: calidad humana, personalización del servicio, importancia del destino, gastronomía y tradición. El cliente que se busca es el que prioriza lo monumental, lo histórico, la gastronomía y las raíces. Ibiza tiene paralelos con otros castillos de la red, pero también una madurez turística que obliga a afinar cómo se integra el Parador en el ecosistema local.
— ¿Cuál es el desafío principal de operar en un castillo en lo alto de Dalt Vila?
— El edificio se construyó hace cinco siglos para ser lo más inaccesible posible. Eso es una ventaja por vistas y ubicación, pero un reto para hacer llegar clientes y suministros. Las distancias internas son largas: desde la puerta por la que entra mercancía hasta la mesa donde se sirve hay recorridos grandes. Al mismo tiempo, Paradores quiere ser ejemplar en accesibilidad para clientes y para el personal, y cualquier intervención debe cuidarse y validarse desde Patrimonio.
— ¿Cómo quieren relacionarse con Dalt Vila y con el público local durante el año?
— La intención es dinamizar la zona, entendiendo que Dalt Vila no es un lugar de paso cotidiano para muchos residentes, sino un sitio al que se va a propósito. Por eso buscan abrir el Parador de dentro hacia fuera y de fuera hacia dentro: que sea una razón más para subir y vivir el lugar.
— ¿Cómo funcionarán las visitas y el acceso de no alojados?
— Se realiza una visita guiada diaria al cliente alojado. Además, hay una franja diaria en la que la puerta del Parador está abierta para quien quiera conocerlo: de 11 a 12. La idea es que el Parador sea también un punto de encuentro, no solo un alojamiento.
— ¿Le impone que se hable del Parador de Ibiza como la joya de la corona de Paradores?
— Es difícil hablar de joya de la corona en una red que tiene tantas joyas. Paradores trabaja en edificios y destinos muy singulares: castillos, conventos, parques naturales, enclaves frente al mar o en la montaña. Cada Parador es especial por motivos distintos. Este es muy especial, además, por ser el último en abrir y por tener todos los focos encima, pero dentro de la red es complicado decir que uno es mejor que otro.
— En lo personal, ¿qué significa para usted abrir el primer Parador en Baleares y hacerlo en su tierra?
— Para mí es un honor y un orgullo liderar el equipo que abre el primer Parador en Baleares. Por fin Paradores tiene presencia en todas las comunidades autónomas, algo que no había ocurrido desde 1928. En mi tierra no puedo estar más orgulloso y feliz de haber abierto estas puertas. Y más allá de lo simbólico, abrir un Parador es intenso, pero muy bonito; es una experiencia que uno se lleva para siempre y estaré siempre orgulloso de haber formado parte del equipo que abre este Parador.

El centro de interpretación, para el final del año
— El centro de interpretación no llega a la vez que la apertura: ¿de quién depende y en qué punto está?
— Es un proyecto de Turespaña. Sabemos que están trabajando en ello y no han dejado de hacerlo. Estos proyectos requieren tiempo, investigación y un cuidado especial. Es un espacio dedicado como centro de interpretación y lo lidera o coordina Turespaña, mientras Paradores gestiona y explota el edificio en el día a día.
— ¿Cómo se reparten los roles entre Turespaña y Paradores en este caso?
— Paradores es quien abre las puertas, mantiene y explota el edificio. Turespaña es la propiedad, pone a punto el inmueble cuando se decide que puede ser un Parador y lo cede para que Paradores lo gestione. Vamos muy juntos y de la mano, pero la coordinación del centro de interpretación está en Turespaña.
— ¿Qué habrá exactamente: museo, espacio musealizado, centro de interpretación…?— No es solo la parte de las catas arqueológicas encontradas durante los trabajos. Hay un espacio dedicado como museo o centro de interpretación, que está liderado y coordinado por Turespaña. Desde Paradores no puedo entrar en muchos detalles porque no depende directamente de nosotros, pero sabemos que el proyecto está en marcha.
— ¿Qué plazos manejan para tener listo el centro de interpretación?
— Las fechas que manejamos, en principio, es que esté para después del verano, en el último trimestre del año. Está en marcha.
— ¿Cómo se organizará la convivencia entre el centro de interpretación y el hotel?
— El centro de interpretación tendrá una entrada exclusiva por la parte trasera del castillo. Durante las horas de apertura se podrá invitar a los visitantes a entrar por allí y, en principio, no existirá ningún problema en la convivencia entre el cliente interno del hotel y quien venga solo a ver el espacio musealizado. Además, será un motivo más para subir hasta arriba.

Gastronomía: producto local, lonja y proveedores de la isla
— ¿Cuál es el eje de la propuesta gastronómica del Parador de Ibiza?— Apostamos muy fuerte por la gastronomía, como en todos los Paradores. Hemos estudiado bien qué queríamos ofrecer, siempre trabajando, siempre que se pueda y sea posible, con producto local. Queremos una oferta atractiva y coherente con el destino, con guiños a la cocina local y con una historia que se cuente también desde la mesa.
— ¿Qué significa “producto local” en términos concretos?
— Todo el pescado y marisco viene de lonja de aquí. Si hace falta, se complementa con lonja de Baleares, siempre que sea posible. Los aceites en mesa irán cambiando por periodos y serán de almazaras locales. Ahora, por ejemplo, hay aceite de Can Rich, pero queremos ir rotando para ir enseñando producto elaborado en Ibiza a quien venga de fuera.
— ¿Cómo bajan esa filosofía a servicios como el desayuno?
— En el bufé, en la mesa dulce, no hay bollería industrial. Y buena parte de la dulcería regional se elabora localmente: una parte muy importante la hacen las monjas del convento. Esa forma de contar el producto y la historia en el desayuno es una línea que se puede extrapolar al restaurante, con platos y guiños de la cocina local.
— ¿Qué feedback han recibido antes de abrir, por ejemplo en ferias como Horeca?
— Hemos presentado parte de la oferta y el feedback que estamos recibiendo es muy positivo. Creemos de verdad que somos una opción muy interesante para venir.













