La hasta hoy número dos del Gobierno, María Jesús Montero, dimite de forma inmediata para volcarse por completo en la carrera hacia la presidencia de la Junta de Andalucía.
En su primera comparecencia como candidata oficial para las elecciones del 17 de mayo, la política sevillana ha defendido su continuidad como diputada por razones administrativas, mientras prepara un plan de choque para «rescatar» la sanidad pública como eje de su programa.
La sanidad como bandera electoral
La candidata socialista ha planteado la cita en las urnas como una elección dicotómica para los ciudadanos: «Sanidad pública o Moreno Bonilla». Apoyándose en su perfil profesional como médica y su experiencia previa al frente de la Consejería de Salud, Montero prometió que, de resultar elegida, su primera medida será implementar un plan de choque para rescatar la sanidad.
En un discurso marcadamente social, la líder del PSOE andaluz arremetió contra lo que define como «políticas privatizadoras» del actual Ejecutivo del PP, asegurando que el ciclo de Juanma Moreno está llegando a su fin.
Además de la salud, Montero puso el foco en pilares como la vivienda, la educación y la atención a la dependencia como ejes de su programa de gobierno.
El respaldo de Ferraz y su futuro en el Congreso
Pese a su salida del Ejecutivo central, Montero ha aclarado que no abandonará su escaño en el Congreso de los Diputados. Esta decisión responde a una cuestión administrativa vinculada a su plaza de funcionaria en el hospital Virgen del Rocío, la cual requiere que mantenga un cargo público para garantizar su reserva.
La apuesta del socialismo por Andalucía es total. Montero confirmó que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tendrá una presencia activa durante la campaña electoral. Esta implicación no solo responde a una estrategia política para recuperar una comunidad histórica para el PSOE, sino también al vínculo personal tras ocho años de Montero en el núcleo duro de la gestión en Moncloa.












