EMPRESAS

Las empresas de Ibiza se dividen ante la ley antitabaco: rechazo, resignación y cautela

El veto a fumar en terrazas, playas y piscinas obligará al sector turístico a adaptar espacios y hábitos. Ocio nocturno, restauración y hoteleros anticipan efectos distintos mientras esperan la redacción definitiva de la norma.
Fumador en una terraza en Ibiza.

El proyecto de ley antitabaco que el Gobierno aprobó esta semana, y que prohibirá fumar en las terrazas de bares y restaurantes, ha abierto un debate inmediato en el tejido empresarial turístico de Ibiza. Las reacciones recogidas por La Voz de Ibiza dibujan un sector partido: del rechazo frontal del ocio nocturno —que ya tachó las medidas de «desproporcionadas e ineficaces»— a la resignación de la patronal, pasando por el cálculo frío de la restauración y la prudente espera de los hoteleros.

Terrazas, playas y 15 metros de margen

Conviene recordar qué está en juego, porque casi todas las medidas son nuevas. El proyecto amplía los espacios sin humo a las terrazas de bares y restaurantes, las playas, las piscinas de uso colectivo, las instalaciones deportivas y los recintos donde se celebren espectáculos públicos, incluso al aire libre. Crea además un radio de 15 metros sin humo alrededor de los accesos a lugares sensibles —centros sanitarios, educativos, culturales o deportivos y recintos infantiles— y equipara el vapeo al tabaco en todos esos espacios. La norma aún no está en vigor: acaba de iniciar su tramitación en el Congreso.

El presidente de la Asociación Ocio de Ibiza y de la patronal estatal Spain Nightlife, José Luis Benítez, ha centrado sus reparos técnicos en ese perímetro. Duda de que los locales de ocio encajen en la categoría de espectáculo público —«¿los podemos considerar eventos públicos? Es extraño»— y advierte de un efecto no buscado: que la restricción empuje parte de la actividad hacia las fiestas ilegales.

Le preocupa también el reparto de sanciones. «Multarán a los que fuman, a los que vapean, al trabajador que deja que lo hagan, al propietario del negocio y al dueño del local», enumera. Como alternativa, propone atacar el consumo por la vía del bolsillo —«si quieren acabar con el tabaco, que multipliquen por tres su precio»— y pide que, de prohibirse, se haga «desde algún organismo mundial autorizado» y en espacios estatales como los aeropuertos.

Más allá de lo técnico, Benítez descarga su malestar con el fondo de la norma. La ve «poco trabajada» y hecha «más de cara a la galería» que por un fin sanitario: «Al final el tabaco es perjudicial, y si está demostrado, ¿por qué no se prohíbe? Es como aquello de: ni contigo ni sin ti». Y remata, dejando claro que a él el tabaco no le gusta: «¿En serio el principal problema de este país es el tabaco? ¿No hay cosas más importantes que solucionar?».

La restauración lo nota menos

Miguel Tur, responsable de restauración de PIMEEF, lo afronta con más calma en su gremio. Hoy la ley permite fumar en las terrazas al aire libre, y él tiene la suya dividida en dos zonas; con la reforma, la de no fumadores desaparece y la terraza entera queda sin humo. Su solución pasa por dejar «dos o tres ceniceros» en la parte ajardinada, fuera del espacio donde comen los clientes. «En restauración creo que afectará menos —resume—. Los establecimientos pondrán un cenicero o algo sencillo fuera».

Su principal reproche no es a la prohibición, sino a cómo se legisla. Recuerda que muchos bares y cafeterías «habían hecho obras y reformas» para habilitar zonas de fumadores al calor de la normativa anterior, y que ahora esas inversiones «se van al garete». «Las leyes se hacen a medias y ahora van a tener que pagar dos veces», lamenta, y reclama normas «más claras y más nítidas».

Donde sí prevé un impacto mayor es en los bares y cafeterías, por el fumador social que asocia el cigarrillo al café o a la copa. Teme una bajada de ventas en locales pequeños y una estampa que le recuerda a la del covid: clientes fumando en la calle. Son, en el fondo, los efectos colaterales que inquietan a la restauración.

«No hay más tutía»

El vicepresidente de CAEB, José Antonio Roselló, lo asume con resignación. Ve la medida inevitable, «el signo de los tiempos», y admite que hoy prevalece el derecho del no fumador «por encima de cualquier otra consideración, incluso por encima de la economía». «No hay más tutía», zanja: los negocios «se tendrán que adaptar, porque la sociedad tiene una dinámica que es irreversible».

critica que se legisle «con brocha gorda», arramblando con todo en vez de aplicar «un poco más de finura». Reclama excepciones concretas —pone el ejemplo de las playas poco concurridas, donde el humo apenas molesta a nadie—, aunque él mismo duda de que ese matiz prospere: pedirlo, dice, sería «pedir peras al olmo».

Los hoteleros, a la espera

La Federación Hotelera de Ibiza y Formentera (FEHIF) es la más prudente. Su gerente, Santiago García Ramón, admite que la patronal «no tiene una posición definida» y que lo está debatiendo internamente y en la confederación estatal CEHAT. Confía en que, si la norma prospera, los establecimientos la asumirán «como ocurrió en su momento con la Ley 28/2005», y sostiene que Ibiza y Formentera son destinos lo bastante consolidados como para no resentirse en la demanda. Su incógnita, dice, es «cuál será el recorrido parlamentario» y cómo quede redactado el texto definitivo.

La ley antitabaco, ahora en el Congreso

El proyecto inicia su tramitación parlamentaria y su aprobación definitiva dependerá de los apoyos que reúna el Gobierno. Hasta entonces sigue vigente la normativa actual, que permite fumar en las terrazas al aire libre. El desenlace marcará cómo se adapta un sector que, en Ibiza, vive en buena parte de puertas afuera y que el propio Consell de Ibiza defiende como uno de los principales activos turísticos de la isla.

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