POLÉMICA FIESTA EN CAN COIX

Sant Antoni se desmarca del lago artificial de la macrofiesta egipcia y critica el gasto de agua

El Consistorio sostiene que la memoria del evento no mencionaba ni la lámina de agua ni la cantidad prevista, y defiende que autorizó la celebración por su «marcado carácter solidario», con una donación comprometida de 50.000 euros.
Fiesta egipcia en Can Coix.

El Ayuntamiento de Sant Antoni de Portmany ha salido al paso de la controversia generada por la fiesta privada de temática egipcia celebrada la noche del pasado jueves en la cantera de sa Pedrera, en Can Coix, y ha querido desvincularse del lago artificial que se instaló para la ocasión. En una nota de prensa, el Consistorio afirma que no tenía conocimiento previo de que en el evento se fuera a montar una lámina de agua ornamental ni de que se fuera a destinar agua a esa finalidad.

Según el Ayuntamiento, la memoria descriptiva presentada por la organización no recogía «ninguna mención expresa» a la instalación de un lago artificial, ni detallaba sus dimensiones ni la cantidad de agua prevista para crearlo. El Consistorio subraya que, al tratarse de una actuación de la que no fue informado, carece de datos propios sobre el volumen exacto de agua empleado, su procedencia o su destino posterior.

«Una actuación absolutamente desacertada»

El texto municipal expresa un rechazo «rotundo» a la decisión de la empresa de emplear agua para crear un elemento «meramente ornamental». El Ayuntamiento la califica de «absolutamente desacertada, innecesaria y difícilmente justificable» en una isla donde el agua es un recurso escaso y donde las administraciones llevan años reclamando un uso responsable de este recurso.

El Consistorio remarca que el hecho de que el agua pudiera proceder de camiones cisterna —como sostuvo después la organización— o que la cantidad final fuera inferior a la publicada en un primer momento «no cambia en absoluto» su valoración. La cuestión de fondo, insiste, no es solo cuánta agua se utilizó, sino la decisión de destinarla a un adorno «completamente prescindible» y hacerlo sin conocimiento municipal.

Autorizada por su «carácter solidario»

El Ayuntamiento recuerda que la actividad autorizada correspondía a un evento privado, puntual y de aforo reducido, y explica que el principal motivo que le llevó a autorizarla de forma excepcional fue su componente solidario: la organización se comprometió a aportar 40.000 euros a Cáritas y 10.000 euros al Motoclub de Ibiza y Formentera, una donación total de 50.000 euros.

El Consistorio aprovecha además para reivindicar su política hídrica. Señala que en las dos últimas legislaturas ha realizado un importante esfuerzo inversor para renovar la red municipal de abastecimiento y reducir pérdidas, hasta situar al municipio «entre los que presentan mejores resultados de Baleares», y avanza que tiene prácticamente lista una nueva Ordenanza de ahorro del agua, cuya aprobación prevé antes de que termine el año. Una fiesta de estas características, concluye, resulta «contraria al mensaje de responsabilidad y concienciación» que las administraciones deben trasladar a ciudadanos y empresas.

Una fiesta privada envuelta en el secretismo

La celebración, organizada por la firma estadounidense Van Wyck & Van Wyck —una de las productoras de eventos de lujo de referencia internacional—, convirtió la cantera de sa Pedrera en un decorado inspirado en el Antiguo Egipto, con pirámides, obeliscos, una esfinge y muros que imitaban templos faraónicos. En el centro del montaje se instaló el polémico lago artificial, sobre el que se levantó una pirámide. El evento, vinculado al eclipse total de sol del 12 de agosto, se desarrolló bajo un fuerte secretismo y solo permitía el acceso mediante una lista de invitados cerrada, sin venta de entradas. Las estimaciones publicadas cifran la asistencia en torno a los 300 invitados.

Por el uso de la cantera, un espacio público, la organización abonó al Ayuntamiento una tasa de 199 euros en concepto de actividad, una cifra que ha alimentado las críticas. La fiesta despertó una oleada de reproches entre vecinos de la zona, la oposición socialista —que ha exigido explicaciones al equipo de gobierno del PP— y colectivos ecologistas, centrados sobre todo en el gasto de agua en plena temporada de restricciones. Los residentes también alertaron de un posible riesgo de incendio y difundieron imágenes de generadores y bombonas de butano en el recinto.

 

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La empresa rebaja la cifra de agua

La organizadora salió a su vez al paso de las críticas con un comunicado en el que defendió que la celebración transcurrió «sin ningún incidente». La empresa rebajó a menos de 60 metros cúbicos (60 toneladas) el agua empleada, frente a las 170 toneladas que apuntaron las primeras informaciones a partir de las dimensiones del lago —850 metros cuadrados de superficie y unos 20 centímetros de profundidad—. La firma sostuvo que el agua se trasladó en cisternas, se mantuvo «cuidadosamente contenida» y que después se recicló para su reutilización en el sistema de aguas grises, de modo que «ni una gota» se desperdició.

Van Wyck negó también cualquier riesgo de incendio y aseguró que no se utilizó fuego abierto, y defendió que el evento cumplió «con toda la normativa local». La compañía llegó a afirmar que las condiciones impuestas por Sant Antoni figuran «entre las más estrictas» que ha afrontado nunca, y pidió al propio Ayuntamiento que haga públicos los detalles de la autorización para evitar «desinformación».

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