Alejandro Sancho Ferrer (Ibiza, 1977), director comercial de Invisa Hotels, preside Fomento del Turismo de la Isla de Ibiza, la entidad que agrupa a los clubes de producto del sector y hace de puente entre las empresas y las administraciones. Es una voz habitual en los grandes debates turísticos de la isla y, estos días, en el más caliente de todos: la reforma del aeropuerto, un proyecto de casi 230 millones de euros adelantado por La Voz de Ibiza que ha reavivado en Ibiza el discurso contra el crecimiento turístico.
Sancho no tiene dudas. La modernización del aeropuerto es «vital» para residentes y turistas y eso está «fuera de toda duda». Pero su tesis contradice el relato que ha prendido en la calle: la reforma, dice, no traerá más turistas. «El turismo ni está creciendo. Lo que crecen son las llegadas para compensar que las estancias son más cortas», resume. Y zanja: «El que lo ponga en duda, evidentemente, no tiene conocimiento».
El aeropuerto, «una infraestructura vital»
—El rechazo a la ampliación vincula el aeropuerto con la capacidad de acogida de la isla. ¿Comparte esa lectura?
—La inversión en el aeropuerto y la actualización de sus infraestructuras, a nivel tecnológico y normativo, está fuera de cualquier duda. Una inversión de 229 millones de euros no se puede despreciar: es necesaria. Es una infraestructura con muchísimo uso, tanto de residentes como de turistas, y tenerla adaptada a las últimas innovaciones es fundamental, sobre todo por seguridad. A nivel normativo hay muchas cosas que se nos escapan y hay que estar al corriente. El aeropuerto fue un avance extraordinario para Ibiza en su época, con el boom turístico. Pero es que también es vital para los residentes: para sus desplazamientos, para temas médicos, educativos, sanitarios… Su actualización está fuera de toda duda. Y el que lo ponga en duda, evidentemente, no tiene conocimiento.
—Llama la atención que reflote con tanta fuerza el discurso contra el crecimiento turístico, siendo el turismo la principal actividad de la isla.
—Es que no hay crecimiento turístico con la nueva infraestructura del aeropuerto. Los slots tienen un tope en temporada alta que ya está en su máxima capacidad y no se pueden mejorar: es una normativa. Donde el aeropuerto sí puede aumentar frecuencias es en temporada baja, en marzo, abril, mayo u octubre, y eso le interesa a todo el mundo. Esa información se ha transmitido mal desde el principio, y cuando llega mal genera mucho debate. Pero el turismo no está creciendo: lo que crecen son las llegadas para compensar que las estancias son más cortas. Hace 15 ó 20 años la estancia media estaba en 10,7 días; hoy estamos en algo más de cuatro. Tienen que llegar más de dos turistas para igualar aquellas estancias. Si cada año baja la estancia media, cada año llega algún turista más, pero en el mismo espacio de tiempo hay menos gente sobre la isla. La lucha contra la oferta ilegal, sobre todo en el alojamiento, ya se nota: este año hay quizá 15.000 o 18.000 personas menos en un día de máxima ocupación, según el índice de presión humana. Por eso no se puede coger el titular de que hay que crecer, porque no es verdad ni va vinculado a la mejora del aeropuerto. Es absolutamente falso.
—¿Sorprende que tantos sectores instalen la turismofobia sin ofrecer una alternativa económica para la isla?
—Siempre hay muchos intereses. Hay quien busca arrastrar a un grupo de gente. Cuando uno está bien informado y no se deja arrastrar, y tiene la información casi completa —y todavía se dará más—, luego cada uno opina lo que quiera; cada uno es de su casa. Pero cuando sabes que es para mejorar y actualizar una infraestructura que tiene que cumplir la normativa europea, por seguridad y por innovación, apaga y vámonos. Es una infraestructura vital para Ibiza y para el interés general. Se tiene que modernizar en los plazos que corresponden, y dentro de diez, quince o veinte años tocará otra actualización. Es cíclico, como todas las infraestructuras. Hay que entenderlo.
—En mayo advertía de que AENA no había comunicado bien el proyecto. ¿Han hablado desde entonces y han podido ver los planes en detalle?
—Cuando una inversión viene del Estado central se entiende que es para mejorar; no se hacen inversiones de este calibre si no es para eso, y hay que tenerlas muy en cuenta. Hoy hay infraestructuras del aeropuerto que se han quedado pequeñas y requieren una actualización importante. Cualquiera que pase por el aeropuerto, aunque sea un usuario común, sabe que hay muchas partes que necesitan mejora. Hay actualizaciones obligatorias, y algunas dependen de normativas europeas que exigen espacio para un mayor control del tráfico y la seguridad. Luego está la comodidad: más fingers y mejores accesos a la propia terminal.
—¿Hay otro puntos que considera que deben considerarse en la reforma?
—Los accesos también se tienen que mejorar: los parkings, las zonas donde paran las empresas de transporte… Y la propia terminal necesita una mejora importante.
Turismo MICE: «Más valor, no más turistas»
—Hace poco defendía que el turismo de Ibiza necesita generar más valor. ¿Cómo se mide ese valor?
—Lo más importante es tener claro el producto que tenemos, que es de los más diversos del mundo. En algunos segmentos nos parecemos a otros destinos, pero en otros estamos muy diferenciados y somos los más relevantes a nivel internacional. Luego entra la concienciación del turista: hay que hacerle entender, desde que llega, que en Ibiza también hay una sociedad, y explicarle cómo se cuida el destino, las playas, cómo queremos mantenerlo todo. En Europa están mucho más avanzados en esto, y viajando te das cuenta de que tenemos mucho margen de mejora, también con el propio residente: hay que subirnos todos al mismo barco. Y luego está la especialización, que en Ibiza se trabaja desde hace 15 o 16 años con los clubes de producto de Fomento. Tenemos el producto gastronómico, el de bienestar, el de ocio, el de alto standing, el familiar… Esa diversidad, con muchas submarcas, es lo que da fuerza a la marca Ibiza.
—¿Es el turismo de empresas y congresos una de las áreas con más potencial de crecimiento?
—Seguramente sí. El sector ha hecho un esfuerzo excelente e Ibiza siempre ha ido a la vanguardia de la innovación. Ahí está el Ibiza Convention Bureau, que ha conseguido estirar la temporada con grandes presentaciones de empresas y todo el corporate. Antes no se abría hasta finales de mayo; hoy tenemos una temporada de siete meses, y todavía es ampliable a marzo y algo de noviembre. Hay que acompañar ese trabajo con promoción y con marcas que lo trasladen al mercado. Ese conjunto de microproductos es lo que hace que la marca Ibiza tenga mucho más sentido y sea un destino que puedes disfrutar de muchas maneras.
El turismo familiar, a revalorizar
—Muchos comerciantes lamentan la pérdida del turismo familiar. ¿Está respaldado por datos? ¿Hay que revitalizarlo?
—El turismo familiar ha sido el más importante en Ibiza durante décadas. Todos los productos necesitan actualización, profesionalización y organización, y por eso se ordenan bajo marcas que acuden a los segmentos que más interesan. Ahí es clave tener a los técnicos muy implicados, porque son los que están en el día a día, y que el sector le vea sentido: la colaboración público-privada es fundamental. Ahora está la marca Ibiza Family Moments. Hay que darle mucho más valor y mucho más presupuesto, porque tiene que llegar mucho más lejos: es un producto que interesa muchísimo a Ibiza y al sector. El que venía de joven encuentra hoy una Ibiza para venir en familia, otra para venir con amigos y otra para venir de cualquier forma. Esa diversidad es lo que hace que tenga sentido venir a la isla de muchas maneras.
Lo que toca a las administraciones
—Los pequeños empresarios dicen que el aumento del gasto turístico no se refleja en muchos sectores. ¿Se combate diversificando el producto?
—Aquí caben muchos análisis. La oferta y la demanda tienen que regularse. En los últimos diez o quince años se amplió mucho la oferta para una demanda que existía, pero ahora la demanda se está ajustando. Las plazas turísticas no han aumentado: se han reducido. Hay hoteles de mayor calidad en todas las categorías, con ocupaciones quizá más bajas que hace quince años, pero con mayor ingreso. Eso lo acaba regulando el mercado; es imposible controlarlo del todo. Ha aparecido muchísima oferta ilegal en la última década y media, y ahora hay que eliminarla o reducirla a la mínima expresión. Eso tendrá daños colaterales y afectará a algunos sectores, es indudable. Ojalá se regule de la forma más sana posible y le vaya bien al máximo de empresas.
—¿Cómo analiza la carga impositiva que afronta hoy un empresario del sector?
—Cada vez es más complicada, y las regulaciones son muy complejas. Además, el turismo es muy volátil: cualquier acontecimiento global afecta, de los primeros, a la decisión de viajar. Lo hemos visto este año, una temporada con una casuística especial y mucha incertidumbre hasta el último momento; las previsiones cambiaron mucho de febrero a marzo, se retuvieron y se dispararon otra vez en el último minuto. Seguramente se cerrará muy similar al año anterior. Hemos tenido que adaptarnos a una situación nueva, y el año que viene puede ser completamente distinto: no lo sabes. Por eso se necesita más comunicación y más colaboración con la administración, escuchar al sector e ir alineados. Hay que legislar según las necesidades reales.
—¿Hay algún impuesto concreto que el sector pida revisar o reducir?
—Con la temporada ya extendida, se podrían plantear ayudas y adaptar la carga impositiva a los inicios y a los finales de temporada, que siempre son los más complicados. Tendríamos que tener las zonas turísticas mejor preparadas cuando arranca la temporada, sobre todo en marzo. Son cosas que se pueden hablar, pero ese diálogo con la administración lo tienen que llevar las patronales, y en su conjunto.











