El cantaor José Domínguez, conocido artísticamente como ‘El Cabrero’, ha fallecido a los 81 años en la sierra de Sevilla. El artista, que compaginó durante toda su trayectoria la música profesional con su oficio de pastor en la localidad de Aznalcóllar, fue una figura central del flamenco durante la Transición española por el contenido social de sus letras.
Su fallecimiento se produce tras varios años de retiro de los escenarios debido a complicaciones derivadas de un accidente cerebrovascular que ha sufrido años atrás.
Un retiro marcado por la salud y el silencio
Los últimos años de José Domínguez estuvieron condicionados por un delicado estado de salud que lo alejó, muy a su pesar, del calor del público. El punto de inflexión ocurrió en mayo de 2019, cuando un ictus interrumpió su actividad profesional y comenzó a mermar sus facultades físicas.
Aunque su espíritu rebelde le permitió ofrecer un último y memorable recital en el Festival Flamenco de Jerez en febrero de 2020, la llegada de la pandemia y las secuelas de su accidente vascular terminaron por imponer un retiro forzoso.
Desde aquel entonces, el contacto con sus seguidores se mantuvo gracias a la labor de su esposa, Elena Bermúdez, quien a través de las redes sociales compartía actualizaciones sobre su estado y agradecía las constantes muestras de cariño.
Pese a las limitaciones de sus últimos seis años de vida, el cantaor nunca perdió el vínculo con su tierra; permaneció refugiado en su sierra sevillana, donde la tranquilidad de su entorno fue su mejor aliada hasta el final.
Un pastor con voz de trueno y alma de poeta
Su apodo no era un recurso artístico, sino una declaración de principios: José fue cabrero de profesión antes, durante y después de ser estrella. Su autenticidad le llevó a vivir momentos que hoy forman parte de la mitología popular, como aquel polémico episodio en 1982 cuando una expresión malsonante en pleno concierto le llevó ante la justicia.
A pesar de su fama, ‘El Cabrero’ nunca se sintió cómodo con la tecnología: «Lo que escribo aquí lo dicto porque no sé ni encender un ordenador», solía decir sobre su presencia en redes sociales. Su refugio era la memoria y su herramienta, la palabra directa.
Una carrera forjada entre Ginebra y los campos de Sevilla
Aunque su debut discográfico llegó en 1975, su trayectoria profesional despegó años antes. Fue en una gira por Suiza en 1973 cuando su destino cambió para siempre: allí conoció a Elena Bermúdez, quien se convertiría en su compañera de vida, su representante y la guardiana de su legado. Fue ella quien gestionó su carrera y coescribió algunos de sus temas más emblemáticos.
Influenciado por grandes maestros como Tío Borrico o Terremoto, José Domínguez se convirtió en un icono cultural de la Transición española. Sus letras, cargadas de crítica social y verdad, conectaban con una clase trabajadora que veía en él a un portavoz.
«Muchos prometen la luna hasta llegar al poder», cantaba con frecuencia, una frase que hoy en día es recordada por su despedida.
El adiós de un hombre libre
Tras un breve periodo viviendo en Dos Hermanas, el cantaor regresó a su sierra natal, incapaz de vivir lejos de su «escondite» particular. Allí ha pasado sus últimos años, cuidado por su familia y recordado por sus vecinos no solo como el ídolo que llenaba plazas de toros, sino como el hombre sencillo que nunca cambió su aldea por París.
Su despedida, tal y como él vivió, ha estado marcada por la discreción y la sencillez, sin presencia de prensa ni grandes artificios. Se va un artista que, con solo una guitarra y una memoria prodigiosa, fue capaz de cantar la realidad de un país y la dignidad de un oficio.




