Pedro Sánchez ha confirmado lo que historiadores y ciudadanos reclamaban desde hace décadas: la desclasificación total de los archivos del 23 de febrero de 1981. A través de un mensaje directo en sus redes sociales, el presidente ha sido tajante al afirmar que «la memoria no puede estar bajo llave», señalando que la publicación de este material busca saldar una deuda pendiente con la sociedad española.
Lo que veremos a partir del miércoles
La apertura de archivos no será física, sino digital: desde la web de La Moncloa se podrá consultar un centenar de documentos que hasta hoy eran material sensible. El interés principal radica en las transcripciones de los intercambios entre el Palacio de la Zarzuela, la Presidencia y los altos mandos militares que aquel día dudaron entre la lealtad y la sublevación.
También verán la luz los informes internos del antiguo CESID (hoy CNI), que deberían aclarar si el servicio de inteligencia tuvo alguna participación en la sombra o si potencias extranjeras estaban al tanto de los planes de Tejero y Armada.
El enigma de la Zarzuela y las seis horas de silencio
El punto más caliente de esta desclasificación apunta directamente a la figura de Juan Carlos I. Aunque el relato oficial (y el del propio emérito en sus memorias) siempre ha defendido su papel como salvador de la democracia, todavía quedan sombras sobre lo que ocurrió en las seis horas que pasaron desde el inicio del asalto hasta su aparición en televisión.
Los investigadores buscan ahora los audios y registros de las llamadas entre el monarca y el general Alfonso Armada. El objetivo es confirmar de una vez por todas quién autorizó a este último a presentarse en el Congreso como candidato a la presidencia en nombre del Rey.
Una ley de 1968 que llega a su fin
Este movimiento no es casualidad, sino el primer paso práctico para jubilar la Ley de Secretos Oficiales de la era franquista. La nueva normativa de Información Clasificada pretende que los secretos de Estado tengan fecha de caducidad automática al cumplir los 45 años, justo el tiempo que ha pasado desde el golpe.
Con esta medida, el Ejecutivo responde también a las demandas de socios como el PNV y Bildu, aunque estos ya han advertido que no se conformarán con el 23F: exigen que la transparencia llegue también a los archivos de los GAL y a los sucesos de Vitoria de 1976.
De la literatura al Boletín Oficial
La decisión de Sánchez también tiene un trasfondo cultural: el presidente ha citado explícitamente a Javier Cercas, cuya obra Anatomía de un instante ha servido para que las nuevas generaciones comprendan la magnitud del desafío que enfrentaron figuras como Adolfo Suárez o Gutiérrez Mellado.
Al abrir estos archivos, el Gobierno busca desactivar el arsenal de bulos y teorías de la conspiración que, a falta de documentos oficiales, han rellenado los huecos de la historia durante casi medio siglo.













