JOSÉ ANTONIO ROSELLÓ

CAEB alerta sobre la moda del decrecimiento turístico: «Puede crear mucho dolor»

José Antonio Roselló, vicepresidente de la patronal balear, pide prudencia antes de reducir de forma forzada la actividad turística y defiende un modelo de mayor calidad, orientado también a familias y clases medias, sin convertir la isla exclusivamente en un destino de lujo. "Está bien que estemos cabreados, pero tampoco podemos cargarnos la estructura económica", advierte.
José Antonio Roselló, vicepresidente de CAEB

El vicepresidente de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares (CAEB), José Antonio Roselló Rausell, ha advertido de que una política de decrecimiento turístico aplicada de forma drástica en Ibiza y Formentera podría provocar un daño muy grave a las Pitiusas: cierres de negocios, pérdida de empleo y consecuencias para la economía de las familias.

En ese contexto, el representante empresarial defiende la necesidad de analizar los efectos de las medidas de contención ya adoptadas antes de impulsar nuevas restricciones dirigidas a reducir de manera significativa la llegada de visitantes.

Entrevistado por La Voz de Ibiza, Roselló no rechaza el debate sobre el decrecimiento ni cuestiona la legitimidad del malestar social vinculado al turismo. Sin embargo, considera que las decisiones económicas deben tener en cuenta la dependencia de numerosos sectores respecto a la actividad turística, desde los hoteles y restaurantes hasta los centros de buceo y las empresas de deportes náuticos.

Por ello, propone observar si la propia evolución del mercado está comenzando a moderar la actividad antes de recurrir a intervenciones que puedan ocasionar un perjuicio mayor. «Esperar y ver», ha manifestado, tras una temporada con resultados dispares: «Hay negocios que han funcionado francamente bien y negocios que no»,

—En los últimos meses se habla cada vez más de decrecimiento turístico. ¿Cómo valora este debate?

—En el contexto del malestar, que es muy legítimo, a veces es más bien desorientación de la sociedad: qué estamos haciendo, dónde vamos. No necesariamente es un malestar de mucho cabreo, pero sí que hay desorientación. En este contexto aparecen propuestas de hacer cosas que van en la vía del decrecimiento. Esto no es de ahora, viene ya hace tiempo y provoca en mucha gente rechazo absoluto al decrecimiento, y otra gente considera que es lo que hay que hacer. Es un concepto que a mí no me da miedo, hablar de decrecimiento, pero seamos conscientes de lo que estamos diciendo.

—¿Qué consecuencias podría tener una política orientada a reducir de manera drástica la llegada de turistas?

—Si tú estableces una política de decrecimiento de verdad, es decir, que vengan menos turistas, y menos turistas sería menos pernoctaciones, sería menos gente yendo a los restaurantes, menos gente yendo a los centros de buceo, menos gente haciendo deporte náutico, mil cosas. Pongamos como ejemplo teórico el tema del aeropuerto, de que la reforma fuese reducirlo. Imagínate que el aeropuerto se erige en un tapón y que por tanto aquí no se puede entrar. Pues al final padecerán muchos negocios, desde la hotelería a todo lo demás. Entonces, antes de tomar medidas que perjudiquen y que creen mucho dolor, nos lo tenemos que pensar dos veces.

—¿Cuál sería su propuesta ante la posibilidad de que el turismo esté entrando en una etapa de moderación?

—Yo, por ese motivo, digo: en este momento, esperar y ver. Vamos a ver qué está pasando realmente, porque es posible que la propia regulación de la economía nos haga el trabajo. A lo mejor tampoco hay que tomar medidas que sean tan peligrosas y puede que la cosa se vaya moderando por sí misma poco a poco y no introducir un tijeretazo al crecimiento que lo único que causará serán pérdidas de negocios, pérdidas de empleo, mucho dolor económico. Realmente tenemos que ser muy cuidadosos con todo esto.

—¿Puede poner un ejemplo de una medida que, a su juicio, tendría un impacto excesivo sobre las empresas y el empleo?

—A ver, te pondré un ejemplo. Alguna vez lo han dicho en la universidad: pon la ecotasa a 30 euros, en vez de a los 2 euros, a 30 euros el día, entonces verás el efecto que tendría esto. Es un ejemplo. Esta sería una posible medida que alguna vez discurre en los medios académicos, pero es una medida muy grave. Imagínate lo que esto supondría. Entonces, antes de tomar este tipo de medidas hay que darle una vuelta. Porque está bien que estemos cabreados, pero tampoco podemos cargarnos la estructura económica.

—¿Qué otras actuaciones incluiría entre las medidas de «brocha gorda» que considera necesario evitar?

—Medidas de brocha gorda serían, por ejemplo, esta que he dicho, la de la ecotasa, poner la ecotasa a este nivel. Otra medida podría ser pretender reducir la oferta de alojamiento, manu militari, incluso reduciendo plazas y entorpeciendo mucho la vida. Otra medida sería aplicar la herramienta fiscal a las empresas para desanimarlas que siguieran con su actividad económica. Toda medida que vaya orientada a reducir las plazas, a reducir las plazas o a reducir el número de visitantes de una manera monstruosa, no a contener, es una medida de brocha gorda. Entonces hay que ir con cuidado con esto.

—Se trata de hilar fino.

—Exactamente. El hilar fino precisamente es esto: ver cómo se puede practicar un ajuste que haga el menos daño posible. La brocha gorda sirve para aludir a situaciones que no están pensadas, que no están meditadas.

—¿Cómo imagina el modelo turístico de Ibiza y Formentera dentro de diez años?

—Lo imagino con algo que ya se está produciendo ahora. Ahora se está dando ya un cambio bastante importante. Las empresas hoteleras, gracias seguramente a una medida de política económica que se ha mantenido con el tiempo y que han mantenido los dos grandes partidos, que es facilitar las reformas hoteleras por la vía urbanística, han hecho una transformación importante.

En vez de poner dinero, tú flexibilizas algunos parámetros urbanísticos. Entonces, aquí en Ibiza, y yo creo que con diferencia respecto a otras islas, ha habido una inversión hotelera excepcional, espectacular, que todavía sigue, que ha incrementado mucho la calidad de las instalaciones y del servicio.

—¿Qué efectos ha tenido esa inversión sobre el tipo de turismo que recibe Ibiza?

—De esta manera, Ibiza ha empezado a huir de lo que era un turismo que muchas veces se llamaba turismo barato, que estaba bastante extendido aquí y que realmente no aportaba valor a las islas. Entonces se inició un proceso que ha hecho que la calidad del turista haya ido subiendo en Ibiza, en general. Pero aquí lo importante es no pasarse de frenada.

—¿Se refiere al riesgo de que Ibiza se convierta en un destino exclusivamente de lujo?

—Quiero decir que no caigamos luego en que todo eso sea turismo de lujo, porque entonces sí que tendríamos una medida parecida a lo que yo intentaba evitar, de provocar dolor. Aquí hay que elevar el nivel del turismo, que estamos en ello, todas las empresas están en ello. Y te reitero que la inversión ha sido muy importante en Ibiza y Formentera, con establecimientos de mucha calidad, pero dirigidos a la clase media.

Esto es a lo que tenemos que ir, y a familias. Y también hay el lujo, que tiene su nicho de mercado muy importante. Pero me imagino una Ibiza que haya dejado atrás todo este turismo que realmente no aporta ningún valor. Es más, más bien es negativo, porque luego obliga a tener toda una serie de actuaciones del sector público que en otro caso no habría. Estoy hablando de temas de seguridad, temas de limpieza y muchas otras cosas.

—¿Qué perfil de visitante cree que debería atraer Ibiza en el futuro?

—Me imagino una Ibiza de muchísima más calidad, que además va en consonancia con la subida del nivel de vida en los países emisores de turismo que vienen aquí. Cuando tú analizas los viajeros que están llegando, los primeros son los españoles, los segundos son los británicos, que es el turismo internacional más importante. Pero la tercera nacionalidad, que yo le llamo así, es el apartado de nacionalidades diversas. Aquí no están las de siempre, las grandes como Francia, Italia, Holanda. Aquí son otras nacionalidades que están también viniendo a Ibiza, entre ellas los americanos. Seguramente, como Ibiza tiene mucho nombre mundial es importante que sepamos captar este tipo de turismo, que es un turismo de más poder adquisitivo, que suele ser respetuoso con el destino.

Por eso, me imagino esa Ibiza con un turismo de todavía más calidad, dirigido a las grandes clases medias, en general; y a las familias, las parejas y demás, pero que sobre todo sea un turismo que respete el destino. Y creo que esto lo estamos ya empezando a lograr ahora, porque lo que sea dentro de unos años lo estamos construyendo ahora ya.

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