Una de las avenidas más hermosas de Ibiza parece una ciudad fantasma. Los comerciantes del centro de Vila denuncian un desplome de ventas por la falta de autobuses en Isidoro Macabich y aseguran que ya no saben qué hacer. Tras meses de reuniones sin resultado, amenazan con cortar las calles y llamar a la prensa nacional contra el «abandono» del Ayuntamiento de Ibiza, encabezado por el alcalde Rafa Triguero (PP).
Sin autobuses entre los juzgados y el CETIS
Una de las comerciantes, Adelaida, con su negocio abierto en Isidoro Macabich, resume el problema en una frase: «Desde los juzgados hasta el CETIS no hay autobuses». El servicio se trasladó hace años a la nueva estación intermodal del CETIS y, desde entonces, sostiene, el corazón comercial de Vila ha quedado descolgado del mapa del transporte público de Ibiza.
Una crisis que viene de lejos
La caída del comercio en Isidoro Macabich, recuerda, viene de atrás. Primero llegó el traslado del bus al CETIS; después, el coronavirus paralizó la actividad; y a continuación se ejecutó una reforma integral de la avenida que se prolongó casi dos años. «Los autobuses desaparecieron de esta zona» y aún no han vuelto, denuncia. El problema, añade, se arrastra ya desde el mandato del anterior alcalde, Rafa Ruiz (PSOE), y no ha mejorado con el actual.
Según relató la propia comerciante a La Voz de Ibiza. El sector, sin embargo, considera que las reuniones con el Consistorio no se han traducido en soluciones. «Reuniones, reuniones», lamentan. «Y no hicieron nada», añaden en referencia a la reciente puesta en marcha de los nuevos autobuses urbanos, que tampoco ha devuelto las paradas al eje.
«Si seguimos así, perdemos el verano»
El temor inmediato del sector es perder la temporada turística. «Si seguimos así, perdemos el verano. Aquí no hay turistas», advierten. Aseguran que los cierres se han vuelto rutinarios y que los locales que bajan la persiana ya no vuelven a abrir. «Se traspasa todo. Cierran negocios», resumen.
Mercado Nuevo, aparcamientos y calles sucias
La queja se extiende al deterioro general del entorno. Los comerciantes recuerdan que el Mercado Nuevo permanece apuntalado y vuelve a sufrir nuevos desprendimientos, que numerosos aparcamientos del entorno se eliminaron para habilitar carriles de bicicletas y patinetes —con accidentes «cada dos por tres», afirman— y que las calles aparecen sucias. Una mancha de helado en plena acera, ilustra Adelaida, llevaba siete días sin limpiar. «Han abandonado esta zona, totalmente abandonada», denuncia.
Cuarenta años a pie de calle
«Yo hace cuarenta años que tengo este negocio», subraya la comerciante para dimensionar la crisis. Su testimonio coincide con el del resto del sector consultado en el eje, que asegura no haber vivido nunca un descenso de actividad como el actual. «Esto es una desolación. A las nueve ya no hay nadie», sentencia. Y describe un círculo vicioso: sin transporte público no llegan clientes, sin clientes cierran los comercios, y sin comercios la zona pierde vida.












