PATRIMONIO EN IBIZA

Muros caídos y basura desbordada: vecinos denuncian el deterioro de Dalt Vila

Pavimentos destrozados, muros desprendidos y un yacimiento cerrado al público alimentan las quejas vecinales contra el Ayuntamiento de Ibiza.

Ronda Antoni Costa Ramon y Portal Nou

La inauguración de la remodelada plaza de Sa Carrossa, en el corazón de Dalt Vila, se vio empañada este jueves por una concentración de vecinos del casco histórico de Ibiza, que aprovecharon el acto para denunciar el deterioro generalizado del recinto amurallado, patrimonio de la Unesco.

Con carteles escritos a mano que reclamaban «conservación patrimonio Unesco» y «más papeleras, menos basuras, más zonas verdes, Dalt Vila somos todos», los residentes se expresaron mientras el alcalde Rafael Triguero presidía la presentación de una obra de 951.305,21 euros cofinanciada con fondos Next Generation EU.

Una obra de casi un millón de euros

La intervención, adjudicada a Hermanos Parrot SA, ha actuado sobre una superficie de 1.785,98 metros cuadrados dentro del ámbito del Plan Especial de Protección y Reforma Interior (PEPRI) de Dalt Vila-Es Soto. Según la nota de prensa del Consistorio, las obras han renovado las redes de baja tensión, telecomunicaciones, saneamiento, pluviales, agua potable y alumbrado público. Se ha colocado pavimento de piedra caliza natural, se han creado nuevos itinerarios accesibles y se ha habilitado una zona ajardinada en el nivel superior, donde se mantiene la escultura de Isidor Macabich como elemento patrimonial destacado.

La actuación forma parte de una subvención del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia que asciende a más de 2,8 millones de euros, destinada al Ayuntamiento de Ibiza por su pertenencia a la red de Ciudades Patrimonio de la Humanidad. Con ese mismo paquete se han financiado también las obras de las calles Santa Maria, Mariano Tur de Montis, la cabecera de Vara de Rey y Miquel Caietà Soler. Las obras en el entorno de Sa Carrossa generaron meses de quejas entre comerciantes y residentes por los cortes de tráfico y la falta de información.

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«Lo hacen sin consultar a los residentes»

El malestar vecinal, sin embargo, no se circunscribe a Sa Carrossa. Jordi, residente de la zona de la Plaza del Sol y portavoz habitual de las protestas vecinales en Dalt Vila, lamenta el modo de proceder del Consistorio: «Lo que suele pasar con el ayuntamiento es que hacen las cosas como siempre, sin consultar a los residentes, que somos los más afectados». El vecino sostiene mantener un contacto permanente con la Unesco para denunciar el estado del recinto amurallado y asegura que el organismo internacional ha remitido escritos al alcalde por el deterioro.

Entre las situaciones denunciadas figuran contenedores desbordados con cajas de fruta, limones y basura esparcida por el suelo, grafitis fechados en 2022 que siguen sin retirar, paredes de muralla rotas, fachadas caídas y un retrete instalado en un balcón «que lleva veinte años así».

Vecinos denuncian el abandono de Dalt Vila

Una normativa para los vecinos, otra para el Ayuntamiento

Los vecinos denuncian además una doble vara de medir en la aplicación del PEPRI, la normativa que regula las intervenciones en el recinto amurallado. «Parece que el PEPRI Dalt Vila solo lo tienen que cumplir los residentes y no la administración», afirma.

Las imágenes aportadas por los propios residentes muestran, sobre el tejado del edificio consistorial, una hilera de aparatos de aire acondicionado alineados sin tapar, así como toldos visibles desde puntos elevados del casco antiguo. La normativa municipal obliga a los particulares a ocultar las unidades de climatización para preservar la imagen histórica de Dalt Vila. A ello se suman las vallas de madera que el Ayuntamiento utiliza en intervenciones municipales sobre muros de piedra, pese a estar vetadas en las viviendas particulares. El vecino sostiene haber trasladado estas incoherencias a la arquitecta municipal y a la propia Unesco mediante fotografías del estado del edificio consistorial.

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Basura en la zona y aires acondicionados en terraza del edificio consistorial

Pavimentos rotos en calles emblemáticas

El recorrido por Dalt Vila y su entorno deja a la vista el deterioro denunciado. En la calle de Pere Tur las losas de piedra aparecen agrietadas, hundidas y desplazadas, con parches de hormigón que rompen la unidad del pavimento histórico.

En los carrerons de Simon Poulet, baldosas de gran formato muestran fracturas y desplazamientos junto a la cenefa de ladrillo. La Ronda Antoni Costa Ramon presenta grandes grietas longitudinales en las losas y aceras con baldosas levantadas y huecos de tierra. En el carrer de sa Carrossa —en un tramo contiguo a la propia plaza recién inaugurada— el empedrado de cantos rodados muestra socavones profundos y piedras desprendidas.

 

Coche mal aparcado en el boluevar Sant Joan

El PSOE acusa a Triguero de «marketing»

A las quejas vecinales se ha sumado el PSOE, que ha emitido una nota en la que carga contra la gestión del alcalde, ya señalado por el escándalo de su Vivienda de Precio Limitado. El concejal socialista Pep Tur sostiene que de los cinco millones de euros que Triguero atribuye a su gestión en barrios históricos, tres ya estaban en caja gracias al anterior gobierno progresista.

«Triguero solo quiere una postal en la que hacerse fotos, no unos barrios en buen estado», afirma Tur.

Los socialistas enumeran ejemplos concretos visibles a pie de calle. En la calle Joan Roman, frente al Seminario, un muro de piedra y tierra desprendido por las lluvias permanece sin reparar entre dos coches aparcados. El yacimiento de la calle de la Santa Faz continúa cerrado tras una verja oxidada, con el suelo invadido por vegetación, ramas secas y botellas de plástico. En es Revellí se aprecia un muro de gaviones —jaulas metálicas con piedras— junto al lienzo de la muralla histórica.

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A su vez, frente a las garitas del baluarte de Sant Joan se acumulan decenas de motos aparcadas y un coche pegado al lienzo de la muralla que, según los socialistas, lleva meses sin moverse y obstaculiza una escalera. «Está dejando que Dalt Vila y los barrios históricos vayan degradándose poco a poco por la falta de mantenimiento», concluye el edil.

La sombra de la Unesco

El reconocimiento como patrimonio de la humanidad llegó el 4 de diciembre de 1999, cuando la Unesco inscribió la categoría «Ibiza, Biodiversidad y Cultura», que abarca la acrópolis de Dalt Vila, las praderas de posidonia, la necrópolis fenicio-púnica de Puig des Molins y el asentamiento fenicio de Sa Caleta. El año pasado, el organismo internacional advirtió del deterioro del bien. Mientras el Consistorio celebra una nueva entrega de obra y proyecta inversiones por un total de unos 10 millones de euros en los barrios históricos, los vecinos de Dalt Vila reclaman que la recuperación del patrimonio de la Unesco se mida también por el mantenimiento diario, no solo por las inauguraciones.

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