URBANISMO A LA CARTA

El plan del Marriott desnuda el argumento surrealista para legalizar la macrodiscoteca en Ibiza

La cadena hotelera exigió separar por completo la sala del hotel, meses antes de que el Ayuntamiento empezara a defender que era un servicio para huéspedes.
La macrodiscoteca en el Hotel Corso prevé accesos independientes. (Imagen ilustrativa).

El Ayuntamiento de Ibiza sostiene que la macrodiscoteca proyectada en el Hotel Ibiza Corso es un servicio complementario destinado a los clientes del establecimiento. Es el argumento al que se agarró cuando se acreditó que la licencia de sala de fiestas en la que se apoyaba el permiso no existía, y es el que hoy mantiene en pie la licencia.

Ese argumento ya presentaba un problema de escala difícil de salvar: una sala de 2.484 metros con capacidad para más gente de la que cabe en el hotel no se dimensiona para los huéspedes de ese hotel. Ahora, además, se sabe que quienes iban a explotar el establecimiento habían decidido justo lo contrario de lo que defiende el Consistorio.

La condición: independencia total

Según pudo saber La Voz de Ibiza, en las conversaciones mantenidas entre la propiedad del establecimiento y Marriott, la cadena llamada a operarlo, se fijó como condición que la sala de fiestas quedara enteramente desligada de la explotación hotelera. No como criterio de diseño ni como recomendación: como requisito que debía quedar resuelto en el proyecto.

Las medidas acordadas para materializarlo afectan a todos los puntos en los que ambos usos se tocaban. Entre otros puntos, la cadena habría exigido suprimir la puerta de acceso al hotel desde el interior de la sala, y la que comunicaba las oficinas del local con la escalera que baja a la piscina.

No se trata de simples detalles. El proyecto contempla desvincular por completo al hotel de la futura macrodiscoteca.

El resultado, de ejecutarse lo previsto, es un edificio en el que las únicas conexiones que sobrevivirán entre la macrodiscoteca y el hotel serán las que el Código Técnico de la Edificación impide eliminar, por tratarse de salidas de emergencia. Todo lo demás —los accesos que un huésped utilizaría para bajar a la sala— se cierra.

La coartada llegó después

Esa separación quedó fijada a finales de 2025. El 9 de febrero de 2026, el Ayuntamiento otorgó la licencia de obras, y lo hizo apoyándose en un argumento completamente distinto: que en el edificio existía ya una sala de fiestas con licencia en vigor, de modo que el proyecto se limitaba a ampliarla. Ese es el razonamiento que asumió el informe técnico municipal que sirvió de base al permiso. En ese momento, nadie hablaba todavía de servicio complementario.

La tesis del servicio para huéspedes no aparece hasta después, ya acreditado que aquella licencia previa no existía y en respuesta a los recursos vecinales.

De manera que cuando el Consistorio empezó a defender que la sala existe para atender a los clientes del hotel, hacía meses que el proyecto había decidido tapiar, una por una, las puertas que unían una cosa con la otra. La coartada no nació contradicha por los hechos: nació después de que los hechos ya la hubieran desmentido.

Un expediente con múltiples irregularidades

Sobre la licencia para la reforma del Hotel Corso pesan el reconocimiento por escrito del propio Consistorio de que el proyecto rebasa el límite del 15% de incremento de ocupación —defecto que su propio informe califica de insubsanable—, además de los recursos de los vecinos de s’Illa Plana.

Mientras tanto, el Ayuntamiento defiende que la macrodiscoteca del Corso es un servicio para los huéspedes de un hotel del que el propio proyecto se ha ocupado, puerta por puerta, de separarla.

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