El traslado de residuos de Ibiza a Mallorca arranca este miércoles, pero lo hace a un ritmo muy inferior al que necesitaría el sistema si tuviera que gestionar toda la basura que genera la isla. El Consell de Ibiza ha confirmado a La Voz de Ibiza que la prueba piloto comienza con una previsión de unas 33.000 toneladas anuales, mientras que la fracción rechazo que produce Ibiza ronda las 85.000 toneladas al año, según el estudio de la consultora Valtecsa que maneja la propia institución. Dicho de otro modo: el piloto arranca moviendo poco más de un tercio del volumen real.
La diferencia abre una pregunta de fondo sobre el sentido de la prueba. El plan piloto se concibió, según ha explicado el propio Consell, para prolongarse en torno a un año y comprobar cómo funciona el traslado en distintos momentos —también en plena temporada turística, cuando la generación de residuos se dispara— antes de decidir el modelo definitivo de gestión.
Pero si el objetivo declarado es verificar cómo se comporta el sistema, cabe preguntarse hasta qué punto un ensayo a un tercio de la carga permite anticipar los problemas que aparecerían a pleno rendimiento: la saturación del puerto, la frecuencia de los barcos o la acumulación en Ca na Putxa. El propio Consell reconoce, además, que no existe un calendario cerrado: no hay «fases» predefinidas, y los eventuales aumentos de volumen se irán decidiendo en la comisión de seguimiento a medida que avance la prueba.
Ni el barco ni la planta son el cuello de botella
Lo llamativo es que los dos elementos que a priori podrían limitar el volumen —el transporte marítimo y la capacidad de tratamiento en destino— no parecen ser el factor determinante.
Por el lado del barco, el buque asignado, el Al Andalus Express, dispone de 1.275 metros lineales de bodega. Los siete camiones diarios que contempla el piloto ocupan solo una fracción reducida de esa capacidad, de modo que el buque podría transportar bastante más residuo del previsto en cada travesía sin necesidad de más viajes.
Por el lado de la planta receptora, el Consell de Mallorca ha sostenido reiteradamente que la incineradora de Son Reus dispone de capacidad suficiente para asumir la fracción rechazo de Ibiza —llegó a cifrar que operaba en torno al 70% de su capacidad— y que la basura ibicenca representa una porción menor de lo que la planta procesa a diario: durante junio, según datos del propio Consell mallorquín, accedieron a Son Reus una media de 780 camiones diarios, frente a los siete del piloto.
Si ni el barco ni la planta obligan a empezar tan abajo, la explicación del arranque reducido hay que buscarla en otro sitio.
Varias explicaciones posibles
La primera es la que ha defendido el Consell desde el inicio: la prudencia técnica. La institución ha insistido en que la prueba se plantea «de menos a más» para ir verificando que cada eslabón de la cadena —embalado, transporte terrestre, travesía, descarga— funciona sin incidencias antes de escalar, y para poder introducir ajustes sobre la marcha. Bajo esa lógica, empezar con poco volumen sería una decisión deliberada de cautela, no una limitación.
La segunda tiene que ver con la estructura económica del contrato. El acuerdo con la UTE GIREF combina un importe fijo mensual con un precio variable por cada tonelada trasladada (entre 289 y 309 euros por tonelada, según la modalidad). El presupuesto base del contrato, de 2,7 millones de euros, está dimensionado para el volumen de arranque; su valor estimado, sin embargo, asciende a 24,6 millones, la cifra que se alcanzaría con las sucesivas ampliaciones.
Las cuentas, de hecho, encajan: según un cálculo de este diario a partir de los precios unitarios del contrato, el presupuesto base de 2,7 millones de euros da para trasladar en torno a 8.000 o 9.000 toneladas por trimestre —unas 33.000 al año—, precisamente la cifra con la que arranca el piloto. Dicho de otro modo, el contrato base está dimensionado al milímetro para ese volumen de partida y apenas deja margen: para mover más residuo, el Consell tendría que modificar el contrato y ampliar el gasto. Así lo establece expresamente una de sus cláusulas, que contempla esa modificación «en caso de que el Consell decida incrementar el envío del número de toneladas máximas previstas». Es decir, aumentar el volumen no es automático: exige una decisión administrativa y más presupuesto.
La tercera explicación es la que enlaza con la política de reciclaje. El Consell sostiene que el objetivo es reducir la generación de residuos en origen, de modo que el volumen a trasladar tendería a disminuir con el tiempo y no tendría sentido dimensionar el traslado al máximo.
Los datos, sin embargo, invitan a la cautela con ese argumento: en 2024 Ibiza alcanzó un 42,76% de recogida selectiva —lejos aún del 50% que Europa exige para 2035—, mientras que casi el 64% de los residuos siguió acabando en el vertedero y la generación de basura por habitante llegó a crecer un 3% respecto al año anterior. Con esas cifras, resulta difícil pensar que la mejora del reciclaje vaya a recortar en el medio —y probablemente tampoco en el largo— plazo los dos tercios de volumen que separan el arranque del piloto del total real que genera la isla.
Un piloto de dos años y un horizonte de una década
El plan piloto tiene una duración de dos años, y se enmarca en una solución llamada a durar mucho más: el Consell calcula que Ibiza deberá enviar su basura a Mallorca durante al menos una década, mientras no exista una infraestructura alternativa en la isla —una incineradora propia exigiría una inversión de unos 150 millones de euros y años de tramitación y obras—.
En ese contexto, el arranque a un tercio de la capacidad deja una incógnita abierta: si la prueba servirá realmente para validar el sistema a la escala que tendrá que funcionar en el futuro, o si el verdadero test —el del volumen completo— quedará para más adelante. La respuesta, según ha dejado claro el Consell, dependerá de lo que se vaya acordando, reunión a reunión, en la comisión de seguimiento.
Cómo será el plan piloto
El primer envío partirá de Ibiza el 15 de julio y llegará a Mallorca en la madrugada del 16. La operativa contempla un máximo de siete camiones tipo tablero al día, cinco días entre semana, que una vez en Mallorca circularán en horario nocturno hasta la planta de valorización energética de Son Reus, gestionada por TIRME. La fracción rechazo saldrá de Ca na Putxa empaquetada en balas, compactada con flejes y retractilada, y viajará en vehículos cerrados.
El traslado —terrestre y marítimo— corre a cargo del Consell de Ibiza y lo ejecuta la concesionaria UTE GIREF, mientras que el Govern balear compensará al Consell de Mallorca con 50 millones de euros en diez años por asumir el tratamiento, una aportación que permitirá a la isla vecina rebajar un 10% su tarifa de basuras.











