CICLO DEL AGUA

La hoja de ruta para que Ibiza deje de perder agua depurada: controlar la salinidad, mejorar tratamientos y crear redes

IbizaPreservation sostiene que la isla necesita actuar sobre los vertidos salinos, reforzar la calidad del agua tratada y construir infraestructuras de distribución para aumentar la reutilización. La balsa de Sa Rota aparece como la gran oportunidad para 2026.

Balsa de Sa Rota.

Ibiza tiene un camino definido para dejar de perder la mayor parte del agua que depura: controlar la entrada de sal en la red de saneamiento, mejorar los tratamientos cuando la calidad no sea suficiente y construir conexiones, balsas y redes que permitan llevar el recurso hasta usuarios reales. Esa es la hoja de ruta que propone la Fundación IbizaPreservation tras constatar que la isla solo reutilizó el 2,5 % del agua depurada en 2025, pese a la escasez hídrica y a la presión creciente sobre los acuíferos.

La entidad advierte de que el problema no tiene una única causa. Según explica Inés Roig Palomeque, técnica de proyectos de IbizaPreservation, la baja reutilización responde a una combinación de factores: falta de infraestructuras, calidad insuficiente del agua en algunos casos, exceso de salinidad y ausencia de una demanda consolidada por parte de posibles usuarios públicos o privados.

El resultado es que millones de metros cúbicos de agua tratada no vuelven al sistema productivo ni ambiental de la isla. Ibiza depuró en 2025 alrededor de 14,3 millones de metros cúbicos en las principales estaciones depuradoras y en la estación del aeropuerto, pero solo aprovechó 351.648,6 metros cúbicos para riego u otros usos, de acuerdo con los datos analizados por el Observatorio de Sostenibilidad de IbizaPreservation a partir de información facilitada por ABAQUA, Golf Ibiza, Govern de les Illes Balears y AENA.

Qué pasa con el agua que no se reutiliza

Que el agua haya sido depurada no significa que automáticamente pueda usarse para riego agrícola, zonas verdes, limpieza viaria o recarga de acuíferos. Para eso hacen falta calidad suficiente, tratamientos adicionales cuando sean necesarios, puntos de almacenamiento, conducciones y usuarios conectados.

La depuración permite reducir la carga contaminante del agua residual antes de devolverla al medio. La reutilización, en cambio, exige convertir esa agua en un recurso apto para un nuevo uso. Esa diferencia explica por qué Ibiza puede depurar millones de metros cúbicos al año y, aun así, aprovechar solo una pequeña parte.

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“Entendemos que el 97,5 % no se reutiliza por falta de infraestructura”, señala la técnica de IbizaPreservation.

La mayor parte del agua depurada que no se reutiliza acaba vertida al mar, aunque el destino concreto depende de cada instalación. Roig explica que algunas depuradoras vierten directamente al mar, otras descargan en torrentes y algunas derivan el agua a balsas antes de su vertido.

Un círculo vicioso

La reutilización del agua depurada en Ibiza está atrapada en un círculo vicioso. “Si hubiera más demanda, se trabajaría para mejorar la calidad y llevar a cabo las infraestructuras”, apunta Roig. Pero, al mismo tiempo, esa demanda no termina de crecer porque el agua disponible no siempre reúne las condiciones necesarias para ser utilizada con garantías. “No hay una demanda porque la calidad es insuficiente, y la calidad es insuficiente, entre otros motivos, por la salinidad”, resume.

Ese bloqueo tiene consecuencias directas en la gestión hídrica de la isla. Mientras Ibiza afronta sequías recurrentes, presión turística y sobreexplotación de acuíferos, una parte muy importante del agua que ya ha pasado por las depuradoras no se aprovecha para reducir la extracción de agua subterránea ni para sustituir usos que podrían cubrirse con agua regenerada.

La salinidad, primer obstáculo

El primer paso, según señalan desde IbizaPreservation, debe ser controlar los vertidos salinos. La salinidad sigue siendo uno de los principales obstáculos para reutilizar el agua depurada, especialmente en riego agrícola o zonas verdes.

Roig explica que la sal llega a las depuradoras por varias vías. Una de ellas es la intrusión marina en las redes de saneamiento, pero también influyen los vertidos de desaladoras y otros equipos, así como instalaciones que descargan en la red municipal aguas con un contenido elevado en sales pese a no estar autorizadas para hacerlo.

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Cuando el agua que entra en una depuradora ya llega con demasiada sal, el tratamiento posterior se complica. Aunque la estación cumpla su función básica de depuración, el agua resultante puede no ser adecuada para determinados usos, especialmente si se pretende destinarla a cultivos, jardines o zonas verdes sensibles a la salinidad.

En qué hay que invertir

La hoja de ruta que plantea IbizaPreservation tiene un orden claro. Primero, controlar los vertidos salinos. Después, invertir en tratamientos terciarios cuando la calidad del agua no sea suficiente. Y, por último, construir las conexiones necesarias para que el agua regenerada llegue a quienes puedan utilizarla.

No basta con producir agua regenerada: hay que llevarla hasta explotaciones agrícolas, zonas verdes, instalaciones deportivas, hoteles, equipamientos públicos o puntos de carga. Para eso hacen falta redes, balsas, conducciones y acuerdos con usuarios finales.

En ese contexto, las balsas de riego son una pieza conocida de ese modelo, pero no funcionan solas. Roig cita el caso de Sa Rota como ejemplo de infraestructura clave, aunque subraya que para que este tipo de sistemas tenga sentido se necesita una comunidad de regantes constituida y dispuesta a utilizar esa agua.

El Golf y la importancia de tener usuarios obligados

El Golf de Ibiza concentra más del 80 % del agua depurada reutilizada en la isla. En 2025 utilizó 292.000 metros cúbicos, muy por encima del aeropuerto y de la balsa de Sa Rota, que ese año solo realizó una prueba de funcionamiento.

La explicación no está solo en la voluntad de la instalación, sino también en la normativa. Los campos de golf están obligados por ley a regar con agua depurada, lo que los convierte en grandes consumidores de este recurso.

El caso del Golf muestra que la reutilización funciona cuando coinciden tres elementos: un usuario estable, infraestructura disponible y obligación o demanda clara. Esa combinación todavía no se ha extendido a otros grandes consumidores potenciales de la isla, como zonas verdes municipales, instalaciones deportivas, explotaciones agrícolas o determinados usos privados compatibles.

Sa Rota, el hito esperado para 2026

La balsa de Sa Rota aparece como la infraestructura más prometedora para cambiar la escala de la reutilización en Ibiza. Su aportación en 2025 fue mínima, de apenas 4.000 metros cúbicos, porque no estaba plenamente operativa y solo se realizó una prueba de funcionamiento.

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IbizaPreservation espera que Sa Rota se convierta en el gran consumidor de agua regenerada durante 2026. Roig considera que su puesta en marcha puede marcar un antes y un después en la gestión del agua depurada en la isla. “Realmente la puesta en funcionamiento de esta infraestructura es todo un hito en la reutilización de Ibiza”, afirma la técnica de proyectos de la entidad. La clave será comprobar si la balsa permite pasar de las pruebas a un uso continuado y si logra conectar el agua regenerada con una demanda agrícola suficiente.

El potencial de Sa Rota dependerá de varios factores. Entre ellos, la calidad del agua disponible, la capacidad de almacenamiento, la organización de los regantes y la existencia de conducciones o sistemas de distribución que permitan llevar el recurso hasta las fincas.

Más usos posibles

El riego es el uso más evidente del agua regenerada, pero no el único. IbizaPreservation señala que este recurso podría destinarse también a limpieza de calles, mejora de ecosistemas acuáticos, recarga de acuíferos y actuaciones para frenar la intrusión salina.

La recarga de acuíferos es una posibilidad especialmente sensible, pero cada vez más presente en el debate hídrico. La entidad defiende que debe estudiarse con rigor, garantías ambientales y control técnico, especialmente en una isla donde la sobreexplotación de recursos subterráneos y la entrada de agua marina en los acuíferos son problemas estructurales.

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