GESTIÓN DE RESIDUOS

La lección de Cerdeña para Ibiza en residuos: no basta con cambiar contenedores

El viaje técnico a la isla italiana reunió a representantes institucionales y expertos para conocer un sistema que ha llevado la recogida selectiva hasta cerca del 76%. Entre las principales enseñanzas para las Pitiusas figuran la adaptación de la recogida, la coordinación entre administraciones, la continuidad en el tiempo y fórmulas económicas que premian a los municipios con mejores resultados.

Area de aportación con identificación, una especie de "punto limpio" en Cerdeña.

Mejorar la gestión de residuos no pasa por una única medida ni por un cambio cosmético. Pasa, más bien, por revisar cómo funciona el sistema entero. Esa es la principal lección que una delegación de Ibiza y Formentera se trajo de Cerdeña, con miras a aplicar mejoras en las Pitiusas. No es solo cambiar contenedores, es replantear cómo funciona el sistema en su conjunto”, resume Sofía Ribas, a partir de las reflexiones compartidas por expertos y técnicos durante el viaje impulsado por Plastic Free: Alianza Residuo Cero Ibiza y Formentera. La clave, explica, está en diseñar modelos que tengan en cuenta “los distintos tipos de vivienda, los usos turísticos, la realidad de los edificios y las necesidades operativas del servicio”.

Ese fue precisamente uno de los aprendizajes más repetidos durante la visita: no tiene sentido aplicar la misma fórmula a todo el territorio. En Cerdeña se han quitado los contenedores abiertos y se implementa la recogida puerta a puerta en todos los municipios. Sin embargo, este sistema se adapta según el tejido urbano. Por ejemplo, en algunos casos específicos, como viviendas turísticas o situaciones en las que el calendario habitual no encaja, se han incorporado puntos de aportación controlados como complemento.

La conclusión que extrae la alianza es que, si Ibiza quiere avanzar, tendrá que adaptar la recogida a realidades muy distintas dentro de la propia isla, y no insistir en una única solución para todos los municipios, barrios y núcleos residenciales.

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Un modelo para aprender

El viaje, celebrado en la isla italiana entre el miércoles y el viernes de la semana pasada, reunió a 24 representantes políticos y técnicos de Baleares, Canarias y Portugal. Entre ellos participaron personal técnico del Consell de Ibiza, del Consell de Formentera y del Govern balear, además de miembros del Cabildo de La Palma y de municipios portugueses.

La expedición se organizó dentro del proyecto “Cap a unes illes residu zero”, con el objetivo de conocer sobre el terreno un modelo que ha logrado elevar la recogida selectiva hasta cerca del 76% en un territorio insular y turístico con problemas comparables a los de las Pitiusas.

La experiencia sarda llamó la atención por cómo integra la presión turística dentro del sistema, en lugar de tratarla como una anomalía. En una isla como Ibiza, donde la estacionalidad multiplica la generación de residuos y altera los ritmos de uso, esa mirada resulta especialmente relevante. La fórmula que se observó en Cerdeña combina una lógica común de separación con ajustes pensados para tipos de usuario distintos, incluidas las estancias cortas y los entornos donde el modelo ordinario no encaja con facilidad.

Bonus-malus: pagar más o menos según resultados

A esa flexibilidad se suma otro elemento que despertó interés entre los participantes: los incentivos económicos entre municipios. Uno de los mecanismos que se expusieron durante el viaje fue el sistema de bonus-malus, por el que los municipios con mejores resultados pagan menos por el tratamiento de sus residuos y los que no alcanzan los objetivos pagan más.

Desde la alianza consideran que, en el caso de Ibiza, donde conviven varios ayuntamientos, este tipo de herramienta “podría tener sentido si se plantea de forma coordinada”. En Formentera, en cambio, al tratarse de un único municipio, el encaje sería distinto y obligaría a estudiar otros mecanismos.

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No obstante, durante la visita también se introdujo un matiz importante: ningún incentivo funciona por sí solo. Por ejemplo, al referirse a instrumentos como los sistemas de pago por generación aplicado a la ciudadanía, el consultor medioambiental italiano Michele Giavini advirtió de que “deben abordarse con cautela”, ya que “no son necesariamente la solución más eficiente por sí solos y dependen en gran medida de cómo se diseñen y se integren en el conjunto del sistema, junto con el seguimiento y la comunicación a la ciudadanía”.

La resistencia inicial también forma parte del proceso

Otra de las ideas que más se repitió durante el viaje fue que “la sensibilización no acaba nunca”. Expertos y responsables locales insistieron en que la comunicación debe mantenerse de forma constante, antes, durante y después de los cambios. No basta con lanzar una campaña puntual. Hace falta insistir, explicar, corregir y volver a explicar, especialmente en territorios con población flotante o fuerte presión turística.

Experiencias compartidas durante el viaje enseñan que cuando se busca concienciar sobre la gestión de residuos, al principio, la oposición suele ser más visible que el apoyo. En Cerdeña, la transición no fue rápida ni sencilla. Requirió años de ajustes, decisiones mantenidas en el tiempo y capacidad para sostener el rumbo en las fases más incómodas. El aprendizaje que trasladan desde la alianza es que las resistencias iniciales no invalidan el modelo, sino que forman parte de cualquier cambio de hábitos y de cualquier reforma profunda del servicio.

Coordinación para que el residuo no se desplace

La coordinación entre administraciones aparece, de hecho, como uno de los puntos fundamentales para gestionar residuos. Durante la visita se explicó el caso de Cagliari, donde mientras convivían sistemas distintos seguían llegando residuos de municipios cercanos con modelos más exigentes. Cuando desaparecieron los contenedores abiertos y cambió el sistema, esos flujos dejaron de producirse. El ejemplo sirve para ilustrar un problema muy reconocible en cualquier territorio fragmentado: si cada administración avanza a un ritmo distinto o con reglas distintas, el residuo no desaparece, solo se desplaza.

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Por eso la alianza insiste en que el aprendizaje de Cerdeña no se limita a copiar medidas sueltas, sino a entender la lógica que las sostiene. Recogidas adaptadas a cada entorno, incentivos bien diseñados, comunicación constante y coordinación institucional forman parte de un mismo engranaje. Ese es, a juicio de los participantes, el verdadero fondo del viaje: comprobar que los mejores resultados no llegan por una decisión aislada, sino cuando el sistema empieza a funcionar de forma coherente.

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