Corrió, saltó vallas, se metió en un bosque y terminó escondido dentro de un catamarán. Así fue, la tarde del lunes 17 de agosto, la huida del hombre que golpeó a un amigo en la cabeza y lo dejó al borde de la muerte en La Sabina, en Formentera. No lo consiguió. Un ex windsurfista olímpico lo persiguió sin descanso hasta reducirlo junto a otros vecinos. Asier Fernández de Bobadilla, director deportivo del Club Mare Nostrum, relató a La Voz de Ibiza cómo vivió esa persecución.
Un golpe, una caída, un silencio
Todo ocurrió en segundos, aquella misma tarde. Dos amigos discutían junto a la estación del ferry, en la Sabina. Uno golpeó al otro «con toda la fuerza». El otro cayó. Y al caer, su cabeza golpeó contra el bordillo de un escalón. Ahí, según el relato, se paró el tiempo: la víctima quedó inconsciente y entró en paro cardiaco.
Manos que no dejaron de apretar el pecho
Mientras alguien pedía ayuda a gritos, otros se arrodillaron junto al cuerpo y comenzaron a hacer RCP. No pararon hasta que llegó la ambulancia. Después, hospital. Después, un helicóptero rumbo a Ibiza, donde el hombre, según el parte médico difundido este martes, ingresó a las 17.09 horas.

La huida por La Sabina
El agresor no esperó a ver el desenlace. Echó a correr. Alguien lo vio, lo siguió, lo alcanzó frente a una embarcación y logró retenerlo. Pero no estaba solo: quienes habían visto la agresión empezaron a converger hacia el mismo punto, sin pensarlo dos veces.
«Si nos tenemos que matar, nos matamos juntos»
En medio del forcejeo, el detenido intentó levantarse. Alguien le dio una patada para que volviera a sentarse. Y entonces, confundido, se giró hacia Fernández de Bobadilla creyendo que había sido él. Se encaró. El ex olímpico no retrocedió: «Si hay que matar a alguien y nos tenemos que matar, pues nos matamos juntos, vamos allá», respondió. Y cuando el hombre volvió a huir, salió corriendo tras él.
Atrapado entre un bosque y un catamarán
La persecución no había terminado. El fugitivo saltó una valla en el terreno de Náutica Helix y se metió en un pequeño bosque. Fernández de Bobadilla, que lo había seguido de cerca, se colocó junto a un empleado de la empresa en cada extremo del bosque, cerrándole cualquier salida. Cuando el agresor volvió a asomar, ya no tenía escapatoria posible: se escondió dentro de un catamarán varado en la parcela. Ahí terminó todo. Le saltaron encima, lo tumbaron contra el suelo y lo sujetaron hasta que llegó la Policía, que se lo llevó esposado sobre las 14:20 horas.
«Pensé en mi padre»
Fernández de Bobadilla no dudó al explicar por qué se arriesgó a perseguirlo: pensó que, si la víctima hubiera sido su propio padre, habría querido que otros hicieran exactamente lo mismo. «Había matado a una persona, no podía dejarle ir», resumió. Pese al forcejeo, asegura que salió sin un solo rasguño.
Sobre la identidad del agresor, el testigo cree, por su acento al hablar inglés, que podría ser del este de Europa, en la misma línea que el parte médico difundido este martes, que confirmó que la víctima de la agresión de Formentera es un hombre de 33 años y nacionalidad rumana, que permanece en coma inducido en la UCI de una clínica de Ibiza.










