Los reiterados cortes de luz que sufre Ibiza este verano se han convertido en un problema de primer orden para la restauración, uno de los sectores que peor encaja quedarse sin suministro en plena temporada. Los testimonios recogidos por La Voz de Ibiza en distintos puntos de la isla dibujan un mismo cuadro: noches sin servicio, reservas que se marchan, género en riesgo y cafés que no se pueden servir. El impacto es casi unánime: los locales ven caer su facturación a cero durante horas, a excepción de algunos pocos que han logrado esquivar la parálisis gracias a inversiones previas.
Una noche entera a oscuras en el norte
Uno de los casos más recientes lo relata un trabajador del restaurante Port de Balansat, en la playa de Benirràs, en el norte de la isla. La noche del pasado miércoles, cuenta, se quedaron sin luz desde las siete de la tarde hasta las cuatro de la madrugada, en la misma franja en la que este medio informó de un corte que afectó a la zona de Sant Miquel de Balansat. El resultado fue una cascada de anulaciones: «Las mesas se fueron todas, las mesas grandes que teníamos, sin poder darles servicio, porque no había luz».
El golpe económico, según los cálculos del propio establecimiento, es considerable. El restaurante cifra su ticket medio en torno a los 80 euros por comensal y estima que aquella noche se marcharon «por lo menos unas cien, ciento veinte personas» sin poder ser atendidas, lo que sitúa las pérdidas de una sola jornada en varios miles de euros. A ello suma el daño de imagen: «Están todos los hoteles a oscuras, los restaurantes, la calle, la gente con las linternas de los móviles… Queremos turismo de calidad y damos una imagen fatal». La respuesta de los clientes, añaden, fue dispar: «Unos, comprensivos; y otros que no daban crédito a que esto pueda pasar a estas alturas».
«Operativa a cero»: el golpe al sector
La experiencia coincide con el diagnóstico de la patronal de restauración. Miguel Tur, presidente de Pimeef Restauració Sant Antoni y vicepresidente de la patronal, que habla también como empresario al frente de varios establecimientos, relata que en uno de sus locales un transformador se incendió por la sobretensión y estuvieron «un día completo» sin poder trabajar: «Ingresos cero, y a los trabajadores les tienes que pagar igual». En otros dos sufrió cortes parciales de varias horas.
Lo más frustrante, subraya, es que la falta de energía impide cualquier actividad, incluso la preparación previa al servicio: «No podemos operar de ninguna manera, ni siquiera podemos hacer trabajo de preparación». Para Tur, el problema es de fondo: «Las redes están sobresaturadas; ya no es una sensación», advierte, y avisa de que lo ocurrido a sus locales «se puede extrapolar a un montón de pymes de todos los sectores».
Riesgos para la maquinaria
En Santa Eulària, donde los apagones también se han dejado notar, el relato se repite con matices. Desde El Corsario Negro, en la marina, su encargada explica que han sufrido varios cortes que afectan de lleno a la operativa: «Se nos corta un poco todo», resume, porque sin corriente no pueden preparar cafés ni platos de cocina. A la interrupción del servicio se suma el riesgo para la maquinaria: «Se te pueden estropear las cámaras». Describe, además, un patrón especialmente molesto de microcortes: la luz se va cinco minutos, vuelve y «a los treinta segundos se te va otra vez». También en el paseo marítimo de Santa Eulària, el restaurante El Vizietto reconoce haber sufrido un par de cortes que le obligaron a trabajar con dificultad esos días.
No es un fenómeno nuevo. Ya en mayo, un corte en el barrio de Sa Colomina, en Ibiza, dejó sin servicio a entre 50 y 60 comercios en plena franja de desayunos. Una restauradora de la zona, Nieves, cifró entonces las pérdidas de su establecimiento en torno a 300 euros solo en cafés, sin contar el resto de consumiciones que dejó de servir aquella mañana.
Blindarse con baterías… o con un generador
Frente a este escenario, algunos establecimientos han optado por anticiparse. En el Buda Bar, en Cala Gració (Sant Antoni), aseguran haber sorteado las últimas interrupciones sin dejar de dar servicio gracias a que sus comanderas, el datáfono y la caja registradora funcionan con batería y aguantan varias horas sin corriente. «Toda mi maquinaria puede estar sin luz cinco o seis horas», explican desde el local, que enmarca esa previsión en la necesidad de no arriesgarse: «Con un local tan grande no podemos jugarnos que nos quedemos paralizados por un corte de luz». Reconocen que esa preparación tiene un coste añadido que no todos asumen y admiten que la solución óptima pasaría por un generador propio, algo que por ahora descartan porque, con las baterías, «va bien».
Precisamente sobre los generadores, el presidente de Pimeef, Alfonso Rojo, matiza que no son una vía al alcance de cualquiera. Algunos talleres y alguna nave industrial han tenido que alquilar grupos electrógenos para no detener la actividad durante los cortes más largos, señala, pero advierte de que instalarlos «no es tan fácil»: exige disponibilidad, condiciones técnicas y espacio, y genera molestias por el ruido del motor. Un establecimiento como un restaurante en pleno casco urbano, o un supermercado, difícilmente puede colocar uno en la calle.
Un problema que se repite en Ibiza y Formentera
El malestar de la hostelería se enmarca en un verano de apagones que se extiende por toda la geografía pitiusa. En Ibiza, los cortes se han multiplicado y el presidente del Consell insular, Vicent Marí, ha pedido a Endesa reunirse para analizar soluciones. En Formentera, el Consell ha llegado a exigir a Endesa medidas inmediatas tras un apagón que dejó a unos 3.000 usuarios sin electricidad.
Endesa ha atribuido los cortes al calor extremo y al aumento de la demanda de climatización, a lo que se añade la mayor dificultad para reparar las averías en las redes soterradas, y ha pedido a los usuarios moderar el consumo en las horas de mayor carga. Los instaladores eléctricos de la isla, en cambio, apuntan a un problema estructural: transformadores de distribución dimensionados para una demanda que ya no se corresponde con la realidad actual.










