El promotor del puerto deportivo de la Savina, Ángel Bustos, cree que la instalación actual tiene poco margen de maniobra y que el problema viene de lejos. Hubo un momento, explica en esta segunda entrega de la entrevista en profundidad concedida en exclusiva a La Voz de Ibiza, en que Puertos del Estado planteó un nuevo dique de abrigo que habría permitido abrir el actual, ganar dos líneas de atraque comercial y sumar superficie en tierra para una terminal de carga y descarga, aparcamiento y servicios.
Aquel proyecto no salió adelante porque, según Bustos, el Ayuntamiento de Formentera de aquella época entendió que ampliar el puerto supondría que llegara más gente a Formentera. Hoy, el puerto no tiene espacio para nada y la Autoridad Portuaria ha tenido que recurrir incluso a líneas de atraque ejecutadas en su día por la iniciativa privada para la náutica deportiva. «El puerto de Formentera es una ratonera, no cabe todo», asegura categóricamente.
La paradoja es que no se ha ampliado el puerto y tampoco se ha logrado el objetivo: «No ha parado de incrementarse el número de turistas mientras el Patronato de Turismo gasta en promocionar la isla en ferias».
Su pronóstico es que la marina deportiva acabará absorbida por el tráfico comercial y que con ella desaparecerá el turismo náutico de calidad que, a su juicio, da imagen a la isla. Y desde ahí abre otro debate: cuánta gente puede soportar Formentera y si tiene sentido seguir trayendo visitantes de un día en golondrina.
—¿Qué tendría que hacer Autoridad Portuaria con el puerto de la Savina, además de las tres concesiones (dos marinas, una con un puerto seco de 300 embarcaciones, y un aparcamiento) de las que habló en la primera parte de la entrevista que hemos publicado?
—El puerto de Formentera no responde a las necesidades actuales. Y no tiene muchas posibilidades si no se amplía.
—¿Qué ha pasado?
—Se cometió un error a principios de los 2000, cuando se hizo el dique de Botafoc de Ibiza. Había dinero de Europa y Puertos del Estado planteó hacer un nuevo dique y, al mismo tiempo, abrir el actual, con dos líneas de atraque más. Eso suponía también ampliar la superficie de tierra para otros servicios, como la terminal de carga y descarga, el aparcamiento y otros servicios.
Había que hacer una serie de instalaciones que ahora ya no se pueden hacer. Para una vez que la Administración se adelanta a los acontecimientos, los políticos locales de aquella época cometieron un error histórico.
—¿Cuál era la propuesta?
—Puertos del Estado planteó que se ampliara concretamente desde el faro de la Savina, no se puede hacer en otro sitio.
—¿Y cuál es la consecuencia?
—Ahora ya lo ve: no hay aparcamiento, no hay espacio para nada y la Autoridad Portuaria ha tenido que coger líneas de atraque de la marina, obras que hicimos nosotros para la marina deportiva.
Eso, yo diría que probablemente, dentro de unos cuantos años, irá a más y la marina entera la tendrán que convertir en muelle comercial. Y, por tanto, vamos para atrás en turismo náutico y turismo de calidad. Quiere decir que un turismo de calidad, que creo que daba imagen y valor a la isla, va a desaparecer.
—La oposición a la ampliación del puerto es para evitar que venga más gente.
—Yo llevo en Formentera desde el año 68 y no he parado de ver al Patronato de Turismo hacer campañas y promoción en las ferias turísticas para traer gente. Así que hay que saber qué queremos y a qué jugamos. El Consell de Formentera planteó reducir los cupos de coches de alquiler y me parece muy bien, pero tenemos que hacer alguna cosa más. ¿Qué hacemos? ¿Seguimos trayendo golondrinas que traen turistas de un día que no aportan nada a nadie? A este paso, Formentera se va a convertir en Tabarca, en Alicante, una isla justo enfrente de Santa Pola. Cada día entran 10.000 personas en Tabarca. ¿Es eso lo que queremos para Formentera?
¿Eso es compatible con la isla, con el tamaño de la isla, con el techo de esta isla? Yo pienso que no. No tiene sentido todo esto, es incoherente.
—¿No deja riqueza el visitante de un día?
—No solamente no deja riqueza, sino que perjudica las infraestructuras y, al final, a los clientes que sí eligen Formentera como destino turístico.











