Unas 80 personas que viven en caravanas, tiendas de campaña y chabolas en un solar cercano al estadio Palladium Can Misses, en Ibiza, afrontan un desalojo previsto para el próximo 29 de abril. Ante la falta de alternativas para acceder a una vivienda en la isla, varios de los residentes han pedido al Ayuntamiento que “se apiade” de su situación y les permita permanecer en el lugar o habilitar un terreno donde instalar sus caravanas.
El asentamiento, ubicado entre el estadio y el segundo cinturón de ronda (E-20), se formó el pasado mes de julio y está habitado principalmente por trabajadores vinculados al turismo y la construcción que aseguran no poder asumir los precios del alquiler en la isla.
Dos de las afectadas, Elena Núñez y Ceferina Florenciano, explican a EFE que ya les han comunicado que deberán abandonar el terreno antes de esa fecha. El Tribunal de Instancia número 5 de Ibiza dictó el pasado 23 de febrero una orden de lanzamiento a favor de la empresa Inmo Sirenis, propietaria del solar, que también reclama daños y perjuicios.
Florenciano, camarera de piso en Pacha Hotel Ibiza, llegó a la isla en 2011 desde Paraguay. Antes trabajó como cuidadora interna de personas mayores y con el tiempo se incorporó al sector hotelero. Explica que en el asentamiento viven trabajadores que sostienen buena parte de la actividad turística de Ibiza: personal de limpieza, jardineros, mantenimiento de villas o empleados de grandes constructoras.
Muchos de ellos recurrieron a vivir en caravanas después de pasar por habitaciones realquiladas en condiciones que consideran abusivas. “No se podía vivir más en las habitaciones porque no te dejan hacer nada… cada día te aumentan el precio y no encontramos paz en los alquileres”, señala.
Según relatan, en algunos casos los realquiladores llegan a cobrar entre 1.000 y 1.400 euros por una habitación doble, además de exigir fianzas.
Una experiencia similar cuenta Elena Núñez, guardia de seguridad en el hotel The Ibiza Twiins, del grupo Sirenis Hotels & Resorts. Originaria de Bolivia y residente en España desde 2007, llegó a Ibiza tras trabajar como cuidadora en Granada y Madrid. Durante un tiempo trabajó junto a su marido como cuidadora en la mansión de un aristócrata italiano, pero perdió ese empleo durante la pandemia.
Crisis de vivienda
Desde entonces también trabaja en hostelería y ha tenido que compartir pisos con numerosas personas y bajo condiciones que describe como restrictivas. “La gente quiere que uno esté en su habitación como regañado, sin poder disfrutar de nada”, lamenta en diálogo con EFE.
Tras estas experiencias, ambas decidieron comprar una caravana junto a sus parejas y trasladarse al asentamiento. Allí, pese a las condiciones precarias, aseguran haber encontrado mayor tranquilidad y apoyo entre vecinos.
La semana pasada, según explican, personal del Ayuntamiento de Ibiza acudió al lugar para informarles de que deben abandonar el terreno. Ante esta situación, piden al Consistorio que les ofrezca alguna alternativa temporal.
“No tenemos ninguna alternativa, no sabemos ni dónde ir”, afirma Florenciano, mientras que Núñez admite que algunos vecinos ya contemplan sacar las caravanas a la calle si finalmente se ejecuta el desalojo.
El caso se suma a otros desalojos de asentamientos precarios en la isla en los últimos años, como Can Rova I, Can Rova II o el aparcamiento de Es Gorg, donde también residían trabajadores que no podían acceder a una vivienda.
Según el primer censo realizado por Cruz Roja Ibiza, el pasado julio se contabilizaron 1.200 personas viviendo en 655 infraviviendas en la isla en plena temporada turística, una situación que refleja las dificultades de acceso a la vivienda para muchos trabajadores que sostienen la industria turística.













