La llegada masiva de cruceristas al dique de Botafoc, en el puerto de Ibiza, está generando escenas de desorden en la parada de taxis: pasajeros que se acumulan sin una cola clara, personas que no respetan los espacios reservados, usuarios que terminan ocupando zonas de paso y taxis con dificultades para entrar y recoger clientes con normalidad. Los taxistas de Vila advierten de que la situación no solo complica el servicio, sino que puede derivar en un problema de seguridad, una preocupación que el sector ya había anticipado ante un verano sin controladores en las paradas.
“Puede haber un accidente”, resumen desde el sector al describir lo que ocurre en los momentos de mayor presión, especialmente durante la primera media hora posterior al desembarco de grandes cruceros. Es entonces cuando cientos de pasajeros se dirigen al mismo tiempo hacia la parada y, sin una ordenación visible, la acumulación de gente acaba desbordando el espacio previsto.
El presidente de la asociación de taxistas de Vila, Mariano Torres, ha explicado a La Voz de Ibiza que el problema es la ausencia de unas condiciones mínimas de orden cuando se concentra un gran volumen de personas. “Los cruceros son una oportunidad de negocio muy importante para la isla, pero cuando la gente va a coger un taxi tiene que haber unas condiciones adecuadas de seguridad y orden”, sostiene.
Según Torres, los pasajeros “no respetan los espacios de parada” y, al tratarse de un volumen tan elevado de personas, el problema “crece progresivamente”. Esa acumulación, advierte, puede afectar tanto al usuario como al propio taxista. “La gente se mete hasta en la calle. Es peligroso para el crucerista y para el taxista”, señala.
El sector reclama a la Autoridad Portuaria de Baleares (APB) que actúe en los momentos críticos de desembarco. Torres insiste en que no se trata de pedir un servicio permanente ni de recuperar exactamente el modelo de asistentes de parada que existía hasta el año pasado, sino de que haya algún tipo de control básico cuando se produce la mayor concentración de pasajeros.
“Pedimos que, en la primera media hora tras llegar el crucero, haya un vigilante, algo de orden, unas cintas o alguien que dirija a los cruceristas hacia la parada”, explica. A su juicio, la APB dispone de personal preparado para detectar y ordenar este tipo de situaciones dentro del recinto portuario. “No es algo que tengan que observar los taxistas. Llega el barco y, en media hora, está la gente fuera. Hay que organizar una cola y evitar que se metan en la calle”, añade.
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El Ayuntamiento traslada el problema a la APB
El Ayuntamiento de Ibiza asegura que ya ha puesto la situación en conocimiento de la Autoridad Portuaria. El concejal Rubén Sousa ha señalado a La Voz de Ibiza que, “al conocer el problema”, el Consistorio “lo ha trasladado a la APB” y que les consta que “ya se están trabajando posibles soluciones”.
Sousa ha agradecido “la predisposición” de la APB para mejorar la situación y ha ofrecido la colaboración municipal “para garantizar la calidad del servicio del taxi”. Además, ha destacado “la profesionalidad de los taxistas del municipio para atender a las personas usuarias de la mejor manera posible”.
La Voz de Ibiza ha consultado también a la APB para saber si ha recibido formalmente alguna petición o comunicación sobre este problema, qué valoración hace de la situación y si prevé adoptar medidas de ordenación, señalización, control de colas o refuerzo de personal en la zona. Al cierre de esta información, la Autoridad Portuaria no había respondido.
Un verano sin asistentes de parada
La queja de los taxistas llega en un contexto especialmente sensible para el sector. Como ya contó La Voz de Ibiza, la temporada ha arrancado sin el servicio de asistentes de parada que hasta el año pasado contrataba la Federación Insular del Taxi de Ibiza (FITIE) a través de RM Servicios.
Ese personal se encargaba de ordenar colas en puntos de gran afluencia, facilitar la carga de pasajeros, controlar el turno y avisar cuando faltaban vehículos en determinadas paradas. La FITIE confirmó antes del inicio de la temporada que este año no renovaría ese servicio, una decisión que generó inquietud entre taxistas de varios municipios ante la posibilidad de que los problemas de orden se agravaran en plena campaña turística.
En el caso de Vila, Mariano Torres ya había advertido entonces de la importancia de contar con figuras de apoyo en las paradas más tensionadas. El episodio del dique vuelve a poner sobre la mesa esa preocupación: quién debe ordenar los puntos de mayor demanda cuando se producen picos de llegada de usuarios y cómo evitar que la falta de control afecte a la seguridad, al servicio y a la imagen que recibe el visitante nada más llegar a Ibiza.
La situación en el puerto, sin embargo, va más allá de brindar un servicio ágil y eficiente. “No pretendemos que nos den los viajes bien organizados como ocurría antes. Solo pedimos que se atiendan las condiciones de seguridad”, concluye Torres.













