La víctima del apuñalamiento mortal ocurrido el pasado miércoles en la playa d’en Bossa tiene nombre y rostro. Se trata de Francesco Sessa, un joven de 30 años oriundo de Pagani, localidad de la provincia de Salerno, en la región italiana de Campania.
Su muerte, confirmada por el SAMU 061 tras una parada cardiorrespiratoria irreversible, ha conmocionado tanto a la comunidad italiana de Ibiza como a su ciudad natal, donde era muy conocido y querido.
Según ha avanzado el medio Il Mattino, Sessa llevaba varios años viviendo y trabajando en Ibiza, donde se había labrado una vida. Trabajaba como pizzaiolo en la pizzería Pummarola Ibiza, uno de los establecimientos de referencia de la comunidad italiana en la isla.
La misma información es recogida por Leggo y Cronache della Campania, que coinciden en describirle como uno de los tantos jóvenes del sur de Italia que eligieron las Baleares para construirse un futuro entre el trabajo y la vida mediterránea.
En Pagani, Francesco Sessa era recordado como un ragazzo solare, educato e dedito al lavoro — un chico alegre, educado y muy trabajador —, y la noticia de su muerte violenta ha generado consternación en su comunidad de origen.

Lo que ocurrió el miércoles
El crimen se produjo poco después de las 16.30 horas del miércoles en la playa d’en Bossa, en una zona limítrofe entre los municipios de Ibiza y Sant Josep, cerca de la sede de una asociación de vecinos y del bar El Campito, que se encontraba cerrado al momento del hecho de sangre, a escasa distancia de la playa.
Según informó el SAMU 061, los servicios de emergencias encontraron a Sessa con una herida en la parte izquierda del pecho provocada por una puñalada. Pese a las reiteradas maniobras de reanimación, no fue posible revertir la parada cardiorrespiratoria. El supuesto agresor se dio a la fuga.
La pista del ajuste de cuentas
La hipótesis inicial de un robo fue descartada con rapidez. Según ha publicado Cronache della Campania, poco antes del ataque Sessa fue visto discutiendo acaloradamente con otras dos personas.
Algunos testigos describieron a los agresores como hombres que hablaban una lengua extranjera y que, según alguno de ellos, podrían haber sido napolitanos. Cuando llegaron los servicios de emergencias, los dos individuos ya habían desaparecido.

Según ha informado Il Messaggero, la Guardia Civil, que ha asumido la investigación, está valorando la posibilidad de un regolamento di conti — un ajuste de cuentas —, aunque de momento no se ha descartado ninguna hipótesis.
Los investigadores tratan de reconstruir los últimos movimientos de la víctima y determinar si se encontraba en esa zona por casualidad, por una cita o por un encuentro previamente acordado.
La Guardia Civil continúa con la investigación, está tomando declaración a los testigos y analizando las imágenes de las cámaras de seguridad de la zona. Los agresores siguen en paradero desconocido.













