Un estudio realizado por investigadores del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) y de la Universitat de Barcelona (UB) ha detectado un declive significativo de la biodiversidad en los dos parques nacionales marinos de España: el Parque Nacional Marítimo-Terrestre del Archipiélago de Cabrera, en Baleares, y el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia. El trabajo, basado en datos recopilados a lo largo de casi una década, ha sido publicado en la revista científica Diversity and Distributions, según ha informado este jueves el CEAB en un comunicado.
La investigación se apoya en muestreos repetidos realizados en los mismos hábitats del fondo marino en los años 2014 y 2022. El análisis abarca desde zonas poco profundas y bien iluminadas hasta comunidades situadas a mayor profundidad, así como fondos detríticos aún más profundos, compuestos por sedimentos y algas calcáreas. Este enfoque ha permitido comparar de forma precisa la evolución de la diversidad biológica en distintos niveles del ecosistema marino.
Al contrastar los primeros años del seguimiento, entre 2014 y 2015, con los datos más recientes, correspondientes a 2021 y 2022, los investigadores constatan que la riqueza de especies ha disminuido alrededor de un 40 % de media en ambos parques nacionales. El descenso se observa tanto en el entorno mediterráneo de Cabrera como en el atlántico de las Islas Atlánticas, a pesar de las diferencias oceanográficas entre ambos espacios.
El equipo científico subraya que, aunque la figura de parque nacional reduce de manera significativa las presiones locales, estos espacios no están aislados de su entorno. En este sentido, advierten de que también responden a los efectos del cambio global derivados de las presiones humanas, como el calentamiento de los océanos o la alteración de las condiciones ambientales a gran escala.
El estudio destaca además la importancia de incorporar técnicas genéticas avanzadas, como el metabarcoding y la metafilogeografía, en los programas de biomonitorización a largo plazo. Según los autores, disponer de series temporales sólidas no solo permite evaluar el estado de los ecosistemas marinos, sino también anticipar impactos futuros y orientar con mayor eficacia las acciones de conservación y recuperación de la biodiversidad.
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