Wimbledon arranca el 29 de junio y vuelve a situarse en el centro del calendario como el tercer Grand Slam de la temporada. Es el único de los cuatro grandes que se disputa sobre hierba, una superficie con muy poca presencia durante el resto del año y que obliga a los jugadores a reajustar su tenis en cuestión de días. Esa capacidad de adaptación, más que el ranking o el palmarés, suele decidir quién llega con opciones reales al All England Club.
El contraste es notable, porque el torneo llega justo después de la gira de tierra batida, que este año cerró Roland Garros con la primera corona de Grand Slam de Alexander Zverev. Pasar del polvo de ladrillo al césped implica cambiar de ritmo, de bote y casi de mentalidad, un contraste que se nota incluso en las apuestas de tenis, porque el rendimiento de una figura sobre hierba puede tener poco que ver con el que muestra en arcilla y reordena por completo los favoritismos antes de uno de los torneos más prestigiosos del año.
El salto de la tierra a la hierba
La hierba es la superficie más rápida del circuito y la que menos perdona. La pelota llega antes y bota más bajo, de modo que el tiempo de reacción se reduce y los intercambios largos casi desaparecen. El saque gana un peso enorme, hasta el punto de convertirse en un arma capaz de resolver juegos enteros, y la primera derecha tras el servicio decide muchos puntos.
El juego de pies también cambia. En tierra el jugador se desliza para llegar a la bola, mientras que en hierba necesita pasos cortos y una flexión más exigente para golpear cómodo a baja altura. Por eso las dos o tres semanas previas son tan valiosas: sirven para recuperar sensaciones que apenas se entrenan durante el resto del año.
Jannik Sinner: el número uno que defiende corona
Sinner llega a Londres como número uno del mundo y, sobre todo, como campeón defensor tras imponerse en la final de 2025. Su tenis encaja de forma natural en la hierba, porque pega plano, temprano y con una mecánica muy limpia que se beneficia de los puntos cortos y del bote bajo.
Su gira de tierra dejó dudas, con una derrota temprana en Roland Garros marcada por problemas físicos, aunque el italiano recibió recientemente buenas noticias tras superar las pruebas médicas realizadas después del torneo parisino y retomar su preparación para Wimbledon. El césped es otra historia y en él ha demostrado estar un paso por delante. Defender un título siempre añade presión, aunque también confirma que parte como principal favorito al trofeo.
Novak Djokovic: experiencia y la caza del 25º Grand Slam
Pocos conocen el All England Club como Djokovic. Sus siete títulos lo sitúan a uno solo del récord masculino, y cada visita a Londres alimenta su objetivo de conquistar un histórico vigésimo quinto Grand Slam. A sus 39 años, su mayor virtud ya no es el físico puro, sino la lectura del torneo y una gestión del calendario cada vez más selectiva, en la que dosifica esfuerzos para llegar fresco a las citas que de verdad le importan.
La temporada le dejó señales en ambos sentidos. Alcanzó la final del Abierto de Australia tras eliminar a Sinner en semifinales, una muestra de que sigue capacitado para competir con los mejores, pero también encadenó tropiezos que recuerdan que el margen es más estrecho que antes. En hierba, su superficie más cómoda junto a la pista dura, vuelve a ser un rival incómodo para cualquiera.
La gran ausencia: Carlos Alcaraz
El nombre que más se va a echar de menos es el de Alcaraz. El español arrastra una lesión en la muñeca derecha desde el mes de abril, no ha vuelto a competir desde entonces y renunció primero a la gira de tierra batida y a Roland Garros y, posteriormente, a toda la temporada de césped, Wimbledon incluido. En temporadas anteriores, el murciano había seguido una preparación muy específica antes de Wimbledon, incluyendo períodos de descanso antes de afrontar la gira sobre hierba.
Su ausencia pesa el doble por lo que representa en esta superficie: es bicampeón del torneo y finalista en la edición anterior. Sin él, el cuadro pierde a uno de sus máximos animadores y se abre de forma evidente, lo que beneficia a Sinner y deja espacio para que otros nombres den un paso adelante. Su prioridad ahora es recuperarse sin prisas para no comprometer el resto de su carrera.
Jack Draper y la gira británica sobre césped
La preparación para Wimbledon pasa por los torneos previos sobre hierba, de Stuttgart y Halle a Queen’s y Eastbourne. Son las semanas en las que los jugadores miden su adaptación y, en el caso de los británicos, compiten en casa y con el respaldo del público.
Draper es la gran esperanza local, pero llega lejos de su mejor momento. Los problemas físicos han condicionado toda su temporada, le obligaron a renunciar a Queen’s y su reaparición está prevista en Eastbourne, apenas una semana antes del Grand Slam, con Andy Murray sumado a su equipo para la gira de césped. Mientras tanto, jugadores como Alex de Miñaur o Lorenzo Musetti llegan con mejores sensaciones a esta parte del calendario y aspiran a aprovechar el momento.
El cuadro femenino también se adapta
En el circuito femenino, la adaptación a la hierba es igual de determinante. Iga Swiatek llega como campeona defensora después de haber resuelto en 2025 el que siempre fue su gran reto pendiente, una superficie que durante años se le había resistido pese a su dominio en tierra.
Aryna Sabalenka encabeza el ranking y basa su juego en la potencia, una virtud que la hierba premia, aunque todavía busca redondear su mejor versión en Londres. Coco Gauff, reciente ganadora en París el año pasado, debe ajustar su tenis a una pista que exige más anticipación. A ellas se suman nombres en alza como Mirra Andreeva, que llega lanzada tras conquistar Roland Garros con 19 años, y especialistas en la superficie como Elena Rybakina, ya campeona del torneo en el pasado.
Wimbledon premia a quien mejor se adapta
Más allá de los rankings, Wimbledon recompensa cada año a quien antes se acostumbra a las particularidades del césped. La hierba iguala situaciones, da alas a los grandes sacadores y castiga a quien no logra ajustar su juego de pies y su paciencia a un escenario tan distinto al resto.
Por eso las semanas previas valen tanto como las del propio torneo. La forma física, los partidos de rodaje y la lectura de la superficie acaban explicando por qué algunos nombres parten con ventaja y otros, pese a su jerarquía, encuentran más resistencia de la esperada cuando empieza el tercer Grand Slam de la temporada.













