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Cova de Can Marçà: guía para visitar una de las cuevas más sorprendentes de Ibiza

Con más de 100.000 años de historia geológica, esta cueva del norte de la isla combina formaciones naturales, pasado de contrabandistas y unas vistas privilegiadas sobre Port de Sant Miquel
Cova de Can Marçà
Cova de Can Marçà

La Cova de Can Marçà no es una cueva virgen ni una expedición espeleológica, sino un espacio natural acondicionado para las visitas turísticas desde hace décadas. Pasarelas, iluminación, recorridos guiados y un espectáculo audiovisual forman parte de la experiencia, por lo que conviene saber qué esperar antes de llegar. Aun así, su valor geológico, su historia ligada al contrabando y el espectacular acceso sobre los acantilados del norte de Ibiza la convierten en una de las visitas más interesantes de la isla.

Ubicada sobre la bahía de Port de Sant Miquel, en el municipio de Sant Joan, la cueva permanece abierta durante todo el año y supone además un excelente refugio frente al calor del verano, gracias a la temperatura fresca y constante que mantiene en su interior.

De escondite de contrabandistas a atractivo turístico

Mucho antes de recibir visitantes, la Cova de Can Marçà fue utilizada durante décadas por los contrabandistas de Ibiza. Aprovechaban una abertura situada a unos diez metros sobre el nivel del mar para izar mercancías desde pequeñas embarcaciones y almacenarlas en el interior de la cueva, lejos de la vista de las autoridades.

Todavía hoy pueden verse en algunas paredes las marcas de pintura roja y negra que servían para indicar la ruta de escape en caso de que aparecieran los agentes. Son uno de los pocos testimonios físicos que permanecen de aquella actividad clandestina y aportan un contexto histórico que va mucho más allá de las formaciones geológicas.

El impulso definitivo llegó en la década de los setenta, cuando el espeleólogo belga Jean Pierre Van der Abeelle estudió y documentó la cavidad. A partir de entonces comenzó el proceso de acondicionamiento que permitió abrirla al público, consolidándose en los años ochenta como uno de los principales atractivos turísticos del norte de Ibiza.

Qué ver durante la visita

El recorrido guiado dura entre 35 y 40 minutos y permite descubrir un paisaje subterráneo formado por estalactitas, estalagmitas, lagos interiores y enormes formaciones calcáreas modeladas durante más de 100.000 años.

La temperatura permanece fresca durante todo el año, algo especialmente agradecido en pleno verano, cuando el contraste con el calor exterior resulta evidente. Además de contemplar las distintas salas, los visitantes conocen cómo se formó la cueva y algunos de los hallazgos realizados en su interior, entre ellos restos fósiles de especies animales prehistóricas encontrados en diferentes cámaras.

El tramo final incorpora un espectáculo de luces, agua y sonido que recrea las antiguas cascadas que atravesaban la cueva antes de que quedara seca. Es uno de los momentos más comentados por quienes la visitan: mientras algunos lo consideran el broche perfecto para la experiencia, otros prefieren una interpretación más natural del espacio. En cualquier caso, forma parte del recorrido y conviene conocerlo antes de entrar.

El acceso ya forma parte de la experiencia

Llegar hasta la entrada de la Cova de Can Marçà también tiene su atractivo. Desde el aparcamiento situado en la parte superior del acantilado parte un sendero acondicionado que desciende hasta la boca de la cueva, situada a unos 12 metros sobre el nivel del mar.

Durante ese breve recorrido se obtienen algunas de las mejores panorámicas de Port de Sant Miquel, con el islote privado de Sa Ferradura y la Torre de Balansat dominando el paisaje. Merece la pena bajar con calma y detenerse en los distintos miradores antes de comenzar la visita.

Cova de Can Marçà
Cova de Can Marçà

Eso sí, las escaleras presentan bastante desnivel y pueden resultar resbaladizas cuando hay humedad. Se recomienda utilizar calzado deportivo o con buena suela y evitar chanclas o sandalias de plataforma. La visita tampoco resulta adecuada para personas con movilidad reducida, problemas importantes de rodillas o claustrofobia, ya que algunos tramos presentan techos bajos. También conviene tener presente que la subida de regreso exige un mayor esfuerzo que el descenso.

Información práctica antes de ir

La Cova de Can Marçà abre durante todo el año. Entre mayo y octubre las visitas se realizan de 10.30 a 19.30 horas, con salidas guiadas cada 30 minutos. Durante los meses de invierno el horario pasa a ser de 10.30 a 17.30 horas, con visitas cada 45 minutos.

La entrada cuesta 15 euros para adultos, 9 euros para niños de entre 4 y 12 años, mientras que los menores de cuatro años acceden gratuitamente. El recinto dispone de aparcamiento gratuito y de un pequeño chiringuito donde tomar algo tras la visita.

Para llegar basta con conducir hasta Port de Sant Miquel, siguiendo la carretera desde Sant Miquel de Balansat. La cueva se encuentra perfectamente señalizada. También existe conexión mediante autobús durante la temporada turística, aunque conviene consultar previamente los horarios del TIB, ya que la frecuencia de paso es limitada.

Qué hacer después de la visita

La visita apenas ocupa una hora, por lo que resulta muy fácil completarla con otros planes por la zona. A pocos minutos se encuentra la playa de Port de Sant Miquel, donde hay restaurantes especializados en pescado y marisco, además de un pequeño puerto pesquero y casetas varadero tradicionales.

Quienes prefieran seguir explorando la costa pueden acercarse hasta Cala Benirràs, situada a unos tres kilómetros, o recorrer alguna de las rutas senderistas que parten desde el puerto y conducen tanto a la Torre de Balansat como a diferentes miradores sobre los acantilados del norte de Ibiza. De este modo, la Cova de Can Marçà se convierte fácilmente en el punto de partida para descubrir uno de los paisajes más auténticos de la isla.

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