GRUPO VIVIR DESCALZO

Crecer sin perder la esencia: la apuesta del grupo detrás de ROTO y Playa Soleil

Vivir Descalzo sitúa la actitud, la confianza y el sentido de pertenencia en el centro de un proyecto nacido en Ibiza que reúne ya a más de 500 profesionales
La cercanía con el cliente forma parte de la hospitalidad de Vivir Descalzo

Detrás de espacios como ROTO, Playa Soleil o Bora Bora hay un proyecto nacido en Ibiza que ya reúne a más de 500 profesionales. Vivir Descalzo, el grupo de ocio y restauración impulsado por Miguel Sancho y Andrés García-Prado, alcanza esta dimensión con un reto que va más allá de sumar establecimientos: conservar la cercanía y la manera de entender la hospitalidad que marcaron sus comienzos.

Su trayectoria parte de una amistad forjada en la isla y de una visión compartida sobre el ocio y la restauración. Desde entonces, el grupo ha desarrollado propuestas con personalidad propia, vinculadas a su entorno, pero conectadas por una misma forma de recibir al cliente y de trabajar con sus equipos.

Esa filosofía convive hoy con una cartera que incluye ROTO, presente en Ibiza, Formigal y Zaragoza, además de Cala Dúo, Playa Soleil —con su beach club y su discoteca—, Bora Bora —con sus apartamentos y su zona de eventos al aire libre—, MURO, Marina Village y Filin, entre otros proyectos.

La actitud como punto de partida

El crecimiento ha reforzado la importancia de encontrar profesionales que compartan esa forma de trabajar. En la incorporación de talento, Vivir Descalzo prioriza la actitud por encima de la experiencia, al considerar que las habilidades y los procedimientos pueden aprenderse, mientras que la predisposición a cuidar de los demás y la vocación por la hospitalidad responden a una manera de ser.

El equipo de Playa Soleil lleva la hospitalidad de Vivir Descalzo a pie de playa

El objetivo es que quienes se incorporan encuentren un espacio para desarrollarse profesional y personalmente más allá de la temporada. Para ello, el grupo apuesta por transmitir sus valores en el trabajo cotidiano, mediante el ejemplo, la confianza, la escucha y la colaboración.

Aunque cada establecimiento mantiene su identidad, la intención es que sus profesionales comprendan el sentido de su trabajo y se sientan parte de un proyecto común, independientemente de la marca en la que desarrollen su actividad.

Crecer sin perder la cercanía

Con una estructura cada vez mayor, mantener ese vínculo exige también revisar cómo se organiza el grupo. «Cuanto más crece una empresa, más necesita recordar por qué empezó», señalan Miguel Sancho y Andrés García-Prado.

Desde esa perspectiva, Vivir Descalzo continúa con un modelo de crecimiento orgánico: la incorporación de nuevos proyectos responde a su afinidad con la filosofía del grupo, sin estar ligada a un objetivo concreto de expansión.

Miguel Sancho y Andrés García-Prado, fundadores de Vivir Descalzo

Los próximos pasos pasan por consolidar equipos más autónomos, capaces de trasladar esa cultura a cada establecimiento. El cuidado de las personas, la curiosidad y la cercanía seguirán guiando una etapa en la que el crecimiento también se mide por la capacidad de preservar los valores del proyecto.

 

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