Vehículos aparcados a ambos lados de la carretera, saturación en los pocos parkings habilitados y restaurantes esperando una respuesta. Esa es la postal de Cala d’Hort este fin de semana, diez días después de que la propiedad del único aparcamiento de la zona —la mercantil Sabinas de Cala d’Hort SL— decidiera bajar la barrera ante el bloqueo de las negociaciones con el Ayuntamiento de Sant Josep. La temporada está en marcha y los dos restaurantes de la línea de playa, El Carmen y Restaurante Cala d’Hort, asisten al segundo verano consecutivo de incertidumbre.
«Nos está afectando mucho. Es el único parking que tienen nuestros clientes. Muchos llegan y al ver que está cerrado se van», explica Carmen, administradora del restaurante Cala d’Hort, a La Voz de Ibiza. «¿Dónde dejan el coche? Mal aparcado junto a la carretera, es un peligro».
Carmen pone el dedo en una pregunta incómoda para las dos partes que negocian —y para una de las dos, sobre todo—: «Tenían todo el invierno para hablar sobre qué hacer con este parking. ¿Por qué tienen que hacerlo ahora, ya entrada la temporada?». Para la administradora, la salida es evidente: «La solución es que se pongan de acuerdo. Necesitamos eso para trabajar».
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Una cala sin alternativas reales de acceso
El reclamo de Carmen abre, además, un frente al que el conflicto institucional apenas ha prestado atención: Cala d’Hort no tiene una alternativa viable al coche privado. «Tampoco hay autobuses que vengan a la cala. Los taxis no quieren venir porque es muy lejos», advierte. El cierre del parking, en ese contexto, no se traduce solo en una cuestión de comodidad: deja a la zona prácticamente desconectada para quien no llegue con su propio vehículo. Y el remate del mensaje, en clave de petición directa al Consistorio: «Quieres cuidar la playa, lo entiendo. Pero ayúdanos».
El caos circulatorio
Desde el restaurante de al lado, El Carmen, el administrador Albert Marí, asegura que en afluencia de clientes el impacto está siendo limitado —«tenemos gente, más o menos no nos podemos quejar»— y centra su preocupación en el orden circulatorio. «Los coches se aparcan donde sea, en los márgenes de la carretera, quitando uno de los carriles de circulación. La circulación no es nada fluida, muchas veces se atasca. Damos una imagen muy mala y evidentemente quizás viene menos gente a la playa, las hamacas no se acaban de llenar», describe.
Marí coincide con lo que plantea su colega del restaurante Cala d’Hort: piden que el Ayuntamiento y la propiedad se sienten a hablar. «Creemos que este espacio ya está habilitado para parking y nos gustaría que hubiera una reunión y fluidez en las conversaciones». Y deja una observación sobre el ritmo de las gestiones municipales: «Sé que están buscando otros terrenos y nos dicen que buscan, pero bueno, es muy lento».
Lo que dice el Ayuntamiento
El alcalde de Sant Josep, Vicent Roig, confirmó la semana pasada que el Consistorio negocia con propietarios de otras parcelas cercanas a Cala d’Hort para habilitar aparcamientos abiertos y gratuitos. «Hemos llegado a un preacuerdo», aseguró Roig, sin precisar plazos ni ubicaciones concretas. El alcalde también descartó repetir la fórmula que desbloqueó el conflicto el verano pasado —un alquiler del terreno al propietario por 8.000 euros, con gestión municipal como parking gratuito—, alegando que la propia mercantil rechazó esa opción en la última reunión.
El conflicto de fondo, como adelantó este medio, tiene raíz urbanística: el terreno cuenta desde mayo de 2025 con la Declaración de Interés General otorgada por el Consell d’Eivissa, paso previo a la legalización del uso como parking de pago. Pero esa autorización está condicionada a una inversión cercana al medio millón de euros que debe asumir la propiedad para adecuar la parcela —barreras, delimitación de plazas, infraestructuras—. La propiedad, según el relato de los restaurantes, esperaba este verano poder ya cobrar y se ha encontrado con que el Ayuntamiento le ha trasladado que aún no puede hacerlo en las condiciones actuales del terreno. La respuesta ha sido bajar la barrera.
Mientras tanto, en la cala, el reclamo se repite. «La solución es que se pongan de acuerdo», insiste Carmen. Diez días después del cierre, sigue sin haberlo.








