Un estudio internacional liderado por el Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC) y el laboratorio LOCEAN-IPSL de la Universidad de la Sorbona ha encendido las alarmas sobre el estado del Mediterráneo occidental. La investigación, publicada en la revista Scientific Reports, concluye que las olas de calor marinas están alterando de forma profunda los ecosistemas y poniendo en riesgo actividades clave como la pesca.
Se trata del primer análisis que aborda de manera integral cómo los eventos climáticos extremos impactan tanto en la dinámica ecológica del mar como en los recursos pesqueros que dependen de ella. Según los datos recopilados, en la última década estas olas de calor han afectado a más del 60% de la superficie del Mediterráneo occidental.
Los científicos advierten que el fenómeno no solo implica un aumento puntual de la temperatura, sino que desencadena cambios estructurales en el ecosistema. Entre ellos, alteraciones en los procesos biológicos, desplazamientos en la distribución de especies y modificaciones en las relaciones tróficas, es decir, en la cadena alimentaria marina.
Además, el estudio subraya que estos episodios extremos no ocurren de manera aislada. Por el contrario, actúan como un factor acelerador de problemas ya existentes en la región, como la sobrepesca, la contaminación y la creciente presión humana sobre el espacio marítimo.
El impacto, sin embargo, no es uniforme en toda la cuenca. Mientras que en el norte del Mediterráneo occidental se registran aumentos de temperatura más pronunciados respecto a los valores habituales, en el sur —particularmente en el mar de Alborán y el mar de Argelia— las olas de calor alcanzan temperaturas absolutas más elevadas.
Este escenario genera un “estrés térmico crítico” para numerosas especies, según los investigadores, con consecuencias directas sobre la biodiversidad y la actividad pesquera. Especies clave como la merluza y la sardina podrían ver reducidas sus poblaciones de forma significativa debido al aumento sostenido de la temperatura del agua.
Los resultados refuerzan la preocupación de la comunidad científica sobre la vulnerabilidad del Mediterráneo frente al cambio climático y evidencian la necesidad urgente de medidas de gestión y conservación que mitiguen estos efectos antes de que se vuelvan irreversibles.










