El Ayuntamiento de Ibiza ya ha puesto fecha al cambio de modelo de su aparcamiento regulado. Más allá de las tarifas y la rebaja del bono de residente que el Pleno aprobó a finales de mayo, el nuevo servicio —cuyo contrato está ya en proceso de licitación— redefine por completo cómo y dónde se podrá aparcar en la ciudad: un total de 6.256 plazas reguladas dentro del ámbito de la EI-10, repartidas en nueve sectores y con reglas distintas según se sea o no residente.
La pieza central del nuevo esquema es el peso de la zona verde, reservada de forma preferente al vecino. De las 6.256 plazas, un mínimo de 4.438 serán verdes —el 71% del total— y 1.818 azules, orientadas a la rotación y al estacionamiento de corta y media duración. Es, en la práctica, un giro del modelo: la ciudad pasa a priorizar al residente en la gran mayoría de su superficie regulada.
Cuánto tiempo podrá parar un visitante
La novedad que más se notará en la calle es el límite de tiempo para quien no es residente. En las plazas verdes, el visitante podrá estacionar un máximo de dos horas; en las azules, hasta cuatro horas. Superado ese tope, el vehículo deberá cambiar de sector, una medida con la que el Ayuntamiento busca impedir que los coches de fuera ocupen durante toda la jornada las plazas de los barrios.
La zona azul queda así pensada para quien acude a la ciudad a hacer gestiones, compras, trámites, ir al trabajo o disfrutar de la oferta comercial y gastronómica, mientras que la verde se reserva para que los residentes no compitan cada día con vehículos que permanecen aparcados durante jornadas enteras.
Nueve sectores y una zona nocturna en verano
El nuevo servicio se organiza en nueve sectores: Figueretes, Eixample II, Mercat Nou, Sa Capelleta, S’Alamera-Es Pratet, La Marina, Sa Colomina-Sa Real, Es Viver y Marina Botafoch. El Ayuntamiento subraya la incorporación de Sa Colomina-Sa Real y Es Viver como ámbitos especialmente relevantes, por su elevado número de plazas y por la presión de aparcamiento que soportan zonas hasta ahora sin regular.
A ellos se suma una zona de control estival en el entorno de Marina Botafoch, la avenida 8 d’Agost y la avenida Juan Carlos I, que funcionará solo en temporada alta y que incorpora horario nocturno, en un intento de ordenar una de las áreas con mayor presión durante los meses de verano y compatibilizar la actividad de ocio con el descanso de los residentes.
El fin de las plazas blancas
Buena parte de la ampliación afecta a calles que hasta ahora eran zonas blancas, sin regulación ni coste. El Ayuntamiento defiende que extender ahí el estacionamiento regulado no es «una simple extensión de la ORA», sino una forma de corregir un problema ya existente: el llamado efecto frontera, en el que la ausencia de control provocaba que muchos vehículos quedaran aparcados durante días, semanas o incluso meses, reduciendo las opciones reales de los vecinos.
«El espacio público es limitado y tenemos que gestionarlo con criterios de equilibrio, dando prioridad a los residentes, garantizando la rotación donde es necesaria y ofreciendo alternativas para quienes necesitan estacionar durante más tiempo», ha señalado Rubén Sousa, regidor de Movilidad.
Buena decisión. Aquí tienes el bloque para insertar — yo lo metería justo después del ladillo «El fin de las plazas blancas», antes de la parte tecnológica, que es donde encaja el dato del contrato sin frenar la lectura:
Un contrato de 12,8 millones a seis años y medio
El nuevo servicio sale a concurso con un presupuesto de 12.851.834,73 euros y una duración de seis años y seis meses sin posibilidad de prórroga, según el anuncio de licitación publicado por el Ayuntamiento. Las empresas interesadas pueden presentar sus ofertas hasta el 1 de julio, y la apertura de las propuestas económicas está prevista para el 8 de julio.
Más allá del precio, el pliego da un peso notable a la tecnología: entre los criterios para elegir a la adjudicataria, la información sobre la ocupación de las plazas mediante sensores puntúa casi tanto como la calidad técnica del proyecto, una señal de hacia dónde quiere llevar el Ayuntamiento la gestión del aparcamiento en los próximos años.
Parquímetros nuevos, sensores y seguimiento en tiempo real
El cambio llega también con un salto tecnológico. El servicio incorporará parquímetros de última generación con pago en efectivo, tarjeta y contactless, además de aplicación móvil, con una interfaz pensada para ser accesible a todos los públicos. El control del estacionamiento combinará rutas a pie y vehículos de control, y el Ayuntamiento dispondrá de herramientas de seguimiento en tiempo real para verificar el funcionamiento del servicio, controlar los flujos de vehículos y exigir calidad a la empresa adjudicataria.
El consistorio enmarca la medida en una estrategia de movilidad más amplia que incluye la mejora de los aparcamientos disuasorios —a entre 7 y 15 minutos a pie del centro y planteados como alternativa para estancias de más de cuatro horas—, el impulso del transporte público y la ampliación de la red ciclista.
El alcalde, Rafael Triguero, resume el objetivo del modelo: «Sabemos que aparcar en muchos barrios de la ciudad se ha convertido en una dificultad diaria, y por eso damos un paso adelante para ordenar mejor el espacio disponible, favorecer la rotación y proteger a quienes viven en Ibiza durante todo el año».
Las tarifas del nuevo modelo y la rebaja del bono de residente a 75 euros anuales fueron aprobadas por el Pleno a finales de mayo.












