La licitación por parte de FECOEV de un «gemelo digital» de la isla de Ibiza no es una iniciativa aislada. El proyecto, valorado en 478.512 euros a tres años, del que ha informado recientemente La Voz de Ibiza, llega en pleno auge de una tecnología que en los últimos meses se ha convertido en la gran apuesta de los destinos turísticos españoles. Y que cuenta, además, con el respaldo y la financiación de la Unión Europea. Ibiza, en realidad, se incorpora tarde a un movimiento que ya está en marcha.
El proyecto pitiuso consiste en una réplica virtual de la isla con un sistema de inteligencia artificial, construida sobre el Sistema de Inteligencia Turística (SIT Eivissa), la plataforma que ya recopila datos de gasto, vuelos y movilidad de residentes y turistas. El pliego deja el sistema abierto a incorporar nuevas fuentes durante su vigencia, entre ellas la movilidad diaria de la población por distrito, lo que ha abierto el debate sobre el alcance y el origen de los datos que lo alimentarán. El Consell sostiene que el contrato no trata datos personales y enmarca la herramienta en la planificación turística del destino.
Qué es un gemelo digital
Un gemelo digital es una réplica virtual de un territorio que funciona como un espejo inteligente: integra datos —de tráfico, movilidad, consumo, clima o actividad turística— y, con ayuda de la inteligencia artificial, construye modelos capaces de simular escenarios en tiempo real. No se limita a mostrar lo que ocurre, sino que permite ensayar qué pasaría si cambian las condiciones: cómo afectaría a la calidad del aire una variación del tráfico, qué tensión soportarían las infraestructuras ante un repunte de visitantes o cómo evolucionaría el consumo energético en temporada alta.
Aplicado a un destino turístico, el objetivo declarado es siempre el mismo: anticipar en lugar de improvisar, planificar la gestión del territorio y la promoción con datos en vez de con intuiciones. Es el mismo marco con el que FECOEV justifica el proyecto pitiuso.
Benidorm, el espejo más cercano
El caso más comparable al de Ibiza es Benidorm, que en marzo de 2026 licitó su propio gemelo digital. El municipio alicantino lo planteó con un objetivo más explícito que el pitiuso: «Estimar, caracterizar y monitorizar las fluctuaciones de la población presente en la ciudad, tanto residente como flotante», con foco en la actividad turística. El proyecto se financia con 5,5 millones de euros de fondos europeos Next Generation.
Benidorm, de hecho, lleva años en esta senda: ya integraba datos de movilidad, gestión del agua, residuos y sensores ambientales, y presentó incluso un gemelo digital en la plataforma Roblox para conectar con los turistas más jóvenes. La diferencia con Ibiza es de matiz pero reveladora: mientras Benidorm habla abiertamente de medir su población, FECOEV enmarca su proyecto en la analítica turística y de destino.
Una ola que recorre España
Más allá de Benidorm, la lista de destinos que han abrazado esta tecnología crece rápido. Valencia desarrolla su Plataforma Inteligente de Destino —reconocida en mayo en los premios del sector— junto a Vodafone y Deloitte, y ejerce un papel de liderazgo a escala europea. En marzo de 2026, siete grandes ciudades españolas, entre ellas Valencia, Zaragoza, Sevilla y San Sebastián, firmaron un protocolo para crear una Red de Destinos Turísticos Urbanos.
El impulso es también sectorial e institucional. El congreso Digital Tourist 2026, celebrado en Benidorm el pasado mayo y organizado por la patronal tecnológica AMETIC, situó los gemelos digitales y la inteligencia artificial como el eje de la transformación del turismo español, con la participación de organismos públicos como SEGITTUR y de grandes tecnológicas como Telefónica, Orange o Microsoft. El turismo representa, según los datos manejados en el encuentro, una porción decisiva del PIB en regiones como la Comunidad Valenciana.
El paraguas europeo
Por encima de las iniciativas locales hay un marco que explica por qué brotan todas ahora. La Unión Europea impulsa los llamados «gemelos digitales locales» a través de un consorcio europeo —el CitiVERSE EDIC— que conecta las réplicas virtuales de las ciudades del continente. La iniciativa reúne ya a 14 países, ha movilizado más de 80 millones de euros del programa Europa Digital y aspira a integrar un centenar de ciudades a lo largo de 2026.
El dato más significativo para el contexto español es que la sede de ese consorcio está en Valencia, lo que convierte a España en uno de los epicentros de esta tecnología en Europa. La Comisión Europea define estos sistemas, precisamente, como «espejos de alta tecnología» de la ciudad: modelos virtuales que reflejan en tiempo real los cambios en el tráfico, la calidad del aire o las infraestructuras.
Conviene precisar que el expediente de FECOEV no se acoge expresamente a este consorcio europeo ni cita ningún caso concreto: el pliego se limita a aludir de forma genérica a «experiencias de referencia en administraciones públicas españolas», sin nombrarlas.
No todo es entusiasmo
La expansión convive con dificultades prácticas reconocidas por quienes ya gestionan estas plataformas. En el propio congreso de Benidorm, la directora de Visit Benidorm, Leire Bilbao, resumió sin rodeos los frenos que encuentra en el día a día: «Las barreras son los presupuestos, el tiempo y la formación». A ello se suma el debate sobre privacidad que acompaña a esta tecnología allá donde se implanta, en la medida en que estos sistemas se nutren de datos de movilidad y comportamiento —una discusión que, en el caso de Ibiza, se centra en el origen y el alcance de la información que alimentará el sistema—.
Con su gemelo digital, Ibiza no inaugura, por tanto, ningún camino: se incorpora a una corriente ya consolidada en España y respaldada desde Bruselas. La singularidad pitiusa no está en la herramienta, que es la misma que adoptan otros destinos, sino en cómo se aplique a un territorio insular sometido a una intensa presión turística y estacional.
Con su gemelo digital, Ibiza no inaugura ningún camino: se incorpora a una corriente ya consolidada en España y respaldada desde Bruselas. La singularidad pitiusa no está en la herramienta —la misma que adoptan otros destinos— sino en el territorio al que se aplica. La propia memoria del contrato justifica el proyecto por la necesidad de «optimizar la gestión del destino» y mejorar la planificación de una isla sometida a fuerte presión turística y estacional, donde los casos de uso previstos apuntan precisamente a la movilidad, las afluencias de visitantes y la tensión sobre las infraestructuras.













