DESCUBRIR LA ISLA

Las torres defensivas del siglo XVIII de Ibiza: cuatro miradores con historia, acceso y qué se ve desde cada uno

Construidas hace más de 250 años para alertar de los ataques corsarios, estas torres siguen dominando algunos de los paisajes más espectaculares de la costa

Levantadas en el siglo XVIII para vigilar la llegada de piratas y corsarios, las torres defensivas continúan marcando algunos de los enclaves más impresionantes del litoral ibicenco. Aunque no es posible acceder a su interior, los senderos que conducen hasta ellas ofrecen magníficas panorámicas de lugares como Es Vedrà, Tagomago, los islotes del oeste o las bahías del norte de la isla.

Mucho antes de convertirse en lugares desde los que contemplar el atardecer, las torres costeras eran una pieza esencial de la defensa de la isla. En 1756, el ingeniero Joan Ballester y Zafra recibió el encargo de diseñar una red de atalayas capaces de comunicarse mediante señales de humo y fuego para avisar de la llegada de corsarios berberiscos y otomanos.

El proyecto quedó concluido el 26 de octubre de 1763, durante el reinado de Carlos III. Así tomó forma el denominado cordón borbónico, una cadena de vigilancia que recorría el litoral y permitía transmitir rápidamente las alertas hacia los pueblos y las iglesias fortificadas del interior.

Un patrimonio militar convertido en ruta panorámica

Las siete torres costeras conservadas están declaradas Bien de Interés Cultural. Cinco de ellas (Savinar, Rovira, Balansat, Campanitx y Portinatx) formaron parte del sistema concluido en 1763, mientras que la Torre des Carregador y la Torre de Ses Portes son anteriores.

La mayoría comparte una arquitectura troncocónica de dos plantas, pero cada una domina un paisaje diferente. Algunas vigilaban el paso hacia Formentera; otras controlaban los refugios naturales de los islotes occidentales, la costa abierta del noreste o los puertos del norte.

Torre des Savinar, balcón frente a Es Vedrà

Torre des Savinar
Torre des Savinar

La Torre des Savinar es probablemente la más fotografiada de las torres defensivas de Ibiza. Situada en el municipio de Sant Josep de sa Talaia, se alza a unos 200 metros sobre el mar frente a Es Vedrà y Es Vedranell.

El recorrido comienza en el aparcamiento del mirador de Es Vedrà y requiere unos veinte minutos a pie. El sendero es pedregoso y presenta algo de desnivel, aunque no entraña demasiada dificultad para quienes llevan calzado adecuado.

Desde el entorno de la torre también se observan Sa Pedrera de Cala d’Hort, conocida popularmente como Atlantis, Cap Llentrisca y, en días despejados, Formentera. El atardecer es el momento más popular para visitarla, especialmente entre marzo y octubre.

La torre es de propiedad privada y no puede visitarse por dentro. Además, durante la temporada alta el aparcamiento suele llenarse con bastante antelación a la puesta de sol.

Torre d’en Rovira, el mirador de los islotes del oeste

 

Torre d'en Rovira
Torre d’en Rovira

Entre Cala Bassa y Platges de Comte se encuentra la Torre d’en Rovira, la mayor de las construidas durante el cordón borbónico. Su posición permitía controlar los islotes occidentales, utilizados históricamente como refugio por embarcaciones corsarias.

La ruta más sencilla parte de Platges de Comte y sigue la costa hacia el norte durante unos 25 minutos. El recorrido es prácticamente llano y atraviesa zonas de pinar y roca con el mar siempre visible a la izquierda.

Desde la torre se contemplan Sa Conillera, Illa des Bosc, S’Espartar y Ses Bledes. También se divisan la bahía de Sant Antoni hacia el norte y Cala Bassa en dirección sur.

Esta atalaya llegó a contar con dos cañones y hasta ocho soldados en los momentos de mayor peligro. Actualmente está integrada en una propiedad privada y no es visitable, aunque su exterior conserva buena parte del aspecto original.

Torre de Balansat, vigía de Port de Sant Miquel

Torre de Balansat
Torre de Balansat

La Torre de Balansat, también conocida como Torre des Molar, domina la entrada de Port de Sant Miquel desde casi cien metros de altura. Su función fue exclusivamente visual, ya que fue la única del cordón borbónico que nunca recibió artillería.

Existen dos caminos principales para llegar. El más largo parte desde Port de Sant Miquel y rodea el Caló des Moltons durante unos 25 o 30 minutos, mientras que la variante corta comienza junto a la carretera de Na Xamena y requiere unos diez minutos a pie.

Desde la torre se observa toda la bocana del puerto, la bahía y los acantilados que se extienden hacia Cala Benirràs. También se distingue el islote de S’Illa des Bosc, con su vivienda privada visible en la parte superior.

Aunque en ocasiones la puerta puede encontrarse abierta, no existe un sistema oficial de visitas ni horarios establecidos. Por ello, conviene limitar el recorrido al exterior y respetar cualquier indicación de acceso.

Torre de Campanitx, frente a Tagomago

Torre de Campanitx
Torre de Campanitx

La Torre de Campanitx, también llamada Torre d’en Valls o Torre de Sant Carles, controla el litoral del noreste de Ibiza. Se encuentra frente al islote privado de Tagomago, uno de los grandes protagonistas del paisaje de esta zona.

El acceso comienza en Pou des Lleó y continúa por un sendero costero prácticamente llano de entre uno y dos kilómetros. Es una de las excursiones más sencillas del conjunto y resulta apta para visitantes de distintas edades.

La mañana ofrece la mejor luz para contemplar Tagomago, iluminado desde el este. Durante algunos días especialmente despejados de invierno también puede llegar a distinguirse Mallorca en el horizonte.

La torre ha sido restaurada exteriormente, pero no dispone de un régimen oficial de visitas interiores. Su posición permitía controlar uno de los flancos más expuestos de Ibiza hacia el Mediterráneo abierto.

Las otras tres torres del litoral

Torre des Carregador
Torre des Carregador

La Torre des Carregador, situada en el extremo sur de Platja d’en Bossa, es la más antigua del grupo. Fue levantada en el siglo XVI y rehabilitada por el Consell entre 2007 y 2008. De manera puntual puede acoger visitas guiadas, aunque conviene comprobar previamente la programación.

La Torre de Ses Portes
La Torre de Ses Portes

La Torre de Ses Portes se encuentra dentro del Parque Natural de Ses Salines. Desde su entorno se contempla directamente Formentera y el canal de Es Freus, por donde circulan numerosas embarcaciones entre las Pitiusas.

La Torre de Portinatx
La Torre de Portinatx

La Torre de Portinatx, en Punta des Marès, conserva parte de su estructura, aunque se encuentra en peor estado. El desarrollo urbanístico del entorno ha modificado considerablemente el paisaje original, por lo que funciona mejor como parada dentro de un paseo por Portinatx que como destino independiente.

Consejos prácticos antes de iniciar la ruta

Ninguna de las siete torres puede visitarse regularmente por dentro. Algunas forman parte de propiedades privadas y otras permanecen cerradas, por lo que no se deben forzar puertas ni atravesar accesos restringidos.

Para llegar a Savinar y Campanitx resulta prácticamente imprescindible disponer de vehículo propio o taxi. Las torres de Balansat y Rovira pueden combinarse con una jornada en Port de Sant Miquel y Platges de Comte, respectivamente.

Es recomendable llevar calzado cómodo con suela, agua y protección solar. Las chanclas no son adecuadas para los senderos de roca, especialmente en Savinar y en los tramos finales próximos a los acantilados.

La mayoría de las excursiones pueden completarse en menos de dos horas desde el aparcamiento. Conviene evitar el mediodía durante el verano y reservar el atardecer para Savinar, Rovira y Balansat, mientras que Campanitx resulta especialmente atractiva durante la mañana.

El paisaje que observaron los torreros

Las torres se construyeron para detectar las galeras corsarias antes de que alcanzaran la costa. Cuando aparecía una embarcación sospechosa, los torreros encendían fuegos cuyas señales eran vistas desde las atalayas próximas y transmitidas hacia los núcleos del interior.

Savinar, Rovira, las fortificaciones de Sant Antoni y Sant Miquel y las torres del norte formaban una cadena visual. El sistema permaneció activo hasta 1867, cuando se disolvió el cuerpo de Torreros.

Subir hoy a cualquiera de estos enclaves permite contemplar prácticamente el mismo horizonte que vigilaban los soldados del siglo XVIII. Ya no se buscan embarcaciones corsarias, pero las torres continúan ofreciendo una de las mejores formas de recorrer la costa y comprender la historia defensiva de Ibiza.

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