El Dragonfly, el megayate de 142 metros de eslora atribuido a Sergey Brin, cofundador de Google, ha vuelto a las aguas de las Pitiusas. La embarcación ha sido localizada de nuevo en Formentera, en la zona de Punta Pedrera, semanas después de ser visto en las inmediaciones de Cala Jondal como su primer destino estival en Ibiza.
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Ibiza recibe a uno de los superyates más espectaculares del mundo: 330 millones y 122 metros de lujo
Con un valor estimado de 450 millones de dólares, el Dragonfly -que ya mayo de 2025 navegara frente a Ibiza y Formentera- es uno de los mayores superyates privados construidos por el astillero alemán Lürssen, que lo entregó en 2024.
La propia compañía define el barco como un superyate concebido para combinar grandes espacios exteriores con una ingeniería orientada a la eficiencia. Sus dimensiones —142 metros de eslora, 20 metros de manga y 9.408 GT— lo sitúan entre los yates más grandes del mundo por volumen.
Según estimaciones del portal especializado SuperYachtFan, su coste de mantenimiento anual rondaría entre 30 y 40 millones de dólares.
Fundado en 1875 en Bremen, Lürssen es uno de los astilleros de referencia mundial en la construcción de megayates a medida, con obras que van de los 50 a los 180 metros de eslora. Entre sus proyectos más destacados figuran otros gigantes del mar como el Amadea, el Azzam, el Dilbar, el Nord o el Scheherazade.
Un diseño firmado por el argentino Germán Frers
El diseño exterior lleva la firma del arquitecto naval Germán Frers, reconocido internacionalmente por sus yates de regata de alto rendimiento y por varios récords mundiales de velocidad, mientras que Nauta Design se encargó del diseño interior y de los espacios sociales exteriores.

El resultado combina líneas alargadas y una silueta pensada tanto para el impacto visual como para un rendimiento hidrodinámico eficiente en largas travesías.
A bordo, el Dragonfly dispone de una piscina con fondo de cristal, gimnasio, sala de juegos, salón de belleza y una amplia plataforma de popa que conecta la cubierta principal con el beach club.
Cuenta además con cuatro amplias terrazas repartidas en sus distintas cubiertas y dos zonas preparadas para operaciones de helicóptero.
Su sistema de propulsión híbrido diésel-eléctrico, con Azimuth Pod Drive eléctrico, permite operar con energía eléctrica y reducir el uso de los motores diésel, además de garantizar una navegación más silenciosa. Su velocidad máxima alcanza los 24 nudos.
En cuanto a capacidad, las cifras varían según la fuente: este medio pudo confirmar durante su paso por Cala Jondal este verano una capacidad de 24 invitados repartidos en 12 suites, atendidos por una tripulación de 53 personas —con instalaciones adicionales como jacuzzi exterior, baño turco, teatro y sala de cine privada, además de 2.000 m² de espacios interiores y 1.000 m² de exteriores—, mientras que el portal SuperYachtFan estima su capacidad en 18 huéspedes distribuidos en 9 camarotes, con una tripulación aproximada de 40 personas.
De un proyecto para un oligarca ruso a Sergey Brin
El Dragonfly nació como Project Alibaba, un encargo original del multimillonario ruso Leonid Mikhelson. Durante su construcción, sin embargo, la propiedad cambió de manos: las sanciones impidieron que Mikhelson pudiera hacerse cargo del barco, y el proyecto terminó en manos de Brin.
La embarcación fue botada en diciembre de 2023 y entregada por Lürssen en 2024.
La elección del nombre no es casual. El cofundador de Google ya había sido propietario de otro yate llamado Dragonfly, un barco de 73 metros que posteriormente fue vendido y rebautizado como Capricorn.
El Dragonfly no está disponible actualmente para alquiler ni se encuentra a la venta, según el registro de propietarios de superyates de SuperYachtFan.

El cuarto hombre más rico del mundo
Sergey Brin, nacido en Moscú en 1973, se trasladó con su familia a Estados Unidos cuando tenía seis años. Allí cofundó Google junto a Larry Page en 1998 y actualmente continúa como miembro del consejo de Alphabet y accionista de control de la compañía.
Según la lista Forbes de agosto de 2026, su patrimonio estimado asciende a 269.000 millones de dólares, lo que le sitúa como la cuarta fortuna del planeta.











