Entre siete y veinte minutos. Ese es el tiempo en el que las redes de distribución de Ibiza pierden, como media equivalente, una cantidad de agua similar a toda la que se ha atribuido al lago ornamental de la fiesta egipcia de sa Pedrera. El cálculo parte de los 4.470 millones de litros que Alianza por el Agua da por perdidos durante 2024 y de la horquilla de entre 60.000 y 170.000 litros que ha alimentado la polémica desde el evento celebrado el 13 de agosto en Sant Antoni.
Otra manera de medir la cantidad de agua utilizada, unos pocos camiones cuba, es que la red de Ibiza pierde cada día una cantidad de agua equivalente a 72 fiestas egipcias siendo generosos. En la horquilla baja, 206 fiestas.
La empresa organizadora, Van Wyck & Van Wyck, ha defendido públicamente una cifra cercana a los 60.000 litros, mientras que el PSOE sostuvo durante el pleno municipal que en el lago se habrían empleado unos 170.000. Ninguna de las dos cantidades ha podido ser comprobada por el Ayuntamiento, que reconoce que todavía desconoce cuestiones básicas sobre el origen y el destino del agua.
La estadística de las pérdidas permite colocar esas cifras en una escala distinta. Alianza por el Agua publicó en septiembre de 2025 que durante el año anterior se habían perdido 4,47 hectómetros cúbicos en las canalizaciones municipales de Ibiza, equivalentes a 4.470 millones de litros. Según la entidad, a partir de datos reportados por Aqualia, el volumen se perdió por tuberías rotas, juntas defectuosas y otros problemas de las redes de distribución y fue comparable a toda la producción anual de la desaladora de Vila.
141,7 litros por segundo como media equivalente
Repartidos entre los 365 días del año, 4.470 millones de litros equivalen a unos 12,25 millones diarios, unos de 510.000 litros por hora y una media matemática de 141,7 litros cada segundo.
Sobre esa media, 60.000 litros representan 423,3 segundos: siete minutos y tres segundos. Si se toma la cifra superior manejada en la polémica, 170.000 litros equivalen a unos 1.199,3 segundos, es decir, 19 minutos y 59 segundos.
Hay una segunda estadística oficial que incluso eleva el orden de magnitud, aunque mide un concepto más amplio y no debe confundirse directamente con fugas físicas. El Portal del Agua del Govern registra para Ibiza en 2024 19,763 hm³ suministrados y 14,863 hm³ consumidos, una diferencia de 4,9 hm³ —4.900 millones de litros— que clasifica como agua no contabilizada, el 24,79% del suministro.
La diferencia entre ambos indicadores es relevante. El dato de Alianza habla expresamente de agua perdida por problemas en las redes; el del Govern recoge toda el agua suministrada que después no aparece contabilizada como consumo. Emeterio Moles, gerente de ABAQUA, ya explicó en una entrevista con este periódico sobre las pérdidas de agua potable que esa diferencia puede incluir, además de fugas, errores o averías de contadores, tomas sin medición, baldeos, limpiezas de red, bocas contra incendios o evaporación en depósitos.
Desde luego, las pérdidas de agua no se distribuyen equitativamente en todo el territorio insular. De hecho, Sant Antoni, el municipio donde se celebró la fiesta, presenta uno de los mejores rendimientos hidráulicos de la isla y ha mejorado de manera notable su eficiencia durante los últimos años.
Las fugas de Ibiza vienen de lejos
El problema de las redes llevaba años en la agenda antes de que apareciera el lago de sa Pedrera. En enero de 2024, Alianza por el Agua ya reclamaba al Govern que “acelerara” las actuaciones para reducir las fugas, dentro de una batería de medidas que incluía también mejorar la reutilización del agua.
El contraste entre municipios demuestra además que una parte sustancial de esas pérdidas puede corregirse mediante inversión y control. Sant Joan consiguió reducir en 2023 el agua no registrada hasta el 6,87%, después de invertir más de medio millón de euros en renovación de canalizaciones, telecontrol y telelectura. El rendimiento de su red pasó del 80% en 2016 al 93,13%, según los datos publicados por el Ayuntamiento.
En Sant Antoni, las pérdidas han llegado incluso a aparecer vinculadas a problemas concretos de abastecimiento a los vecinos. En agosto de 2024, alrededor de 600 residentes de Punta Galera y Loma Pinar denunciaron una semana de cortes de suministro y el propio Ayuntamiento explicó entonces que la concesionaria de aquella red había sufrido “pérdidas significativas de agua”.
Otro episodio se produjo este mismo año en Can Germà. Vecinos pasaron más de una semana con cortes o con una presión tan baja que el agua apenas llegaba a algunas viviendas, mientras la suministradora apuntaba, entre otros factores, a posibles deficiencias de tuberías de gran longitud. Los afectados reclamaron entonces al Ayuntamiento una solución al problema de suministro en Can Germà.
La tecnología también ha permitido cuantificar algunas fugas concretas. Aqualia comunicó en 2025 unos 150 avisos por consumos anómalos detectados mediante telelectura en grandes consumidores y dependencias municipales de Vila, muchos de los cuales terminaron siendo fugas. En algún caso, el caudal perdido superaba los dos metros cúbicos por hora, más de 2.000 litros cada 60 minutos. La telelectura permitió detectar y reparar esas incidencias antes de que siguieran desperdiciando agua.
Los problemas tampoco se limitan a las tuberías municipales que llevan el agua hasta los usuarios. El Govern ha iniciado la renovación de tramos problemáticos de los aproximadamente 80 kilómetros de la red en alta que distribuye agua desalada por Ibiza, una infraestructura diferente de las redes municipales y que ha sufrido averías e incidencias durante los últimos años. El proyecto incluye además un nuevo depósito regulador.
Alianza por el Agua sitúa actualmente las pérdidas de Sant Josep en el 26,5% y las de Santa Eulària en el 26,4%, ambas por encima del objetivo del 17% que debería alcanzarse en 2027. La entidad señala las deficiencias de las redes, junto con la presión sobre los acuíferos, entre los principales problemas estructurales del ciclo del agua en Ibiza.
El debate se produce, además, en una isla que no dispone de agua sobrante. Las reservas subterráneas de Ibiza estaban en julio al 42% y la unidad de demanda se encontraba en prealerta, mientras las desaladoras habían trabajado durante 2025 al 95,7% de su capacidad anual y habían llegado al 113,4% de su capacidad nominal media en agosto.
Sancionar por el uso del agua
La situación de prealerta en la que se encontraba Ibiza tampoco implicaba por sí misma una prohibición de usos recreativos u ornamentales del agua. El Plan Especial de Sequía de Sant Antoni establece expresamente que en prealerta no existen limitaciones de uso y reserva las restricciones de consumo para las fases de alerta y emergencia. Es en alerta cuando se prohíbe utilizar agua potable para llenar piscinas y se ordena cerrar fuentes ornamentales y otros elementos de uso estético del agua.
Eso impide trasladar automáticamente a sa Pedrera las prohibiciones específicas previstas para el escenario superior y ayuda a explicar por qué el propio Ayuntamiento reconoce que el encaje sancionador “no es algo fácil”. La concejala de Urbanismo y Actividades, Eva María Prats, ha vinculado precisamente la posible sanción a determinar qué tipo de agua se utilizó en el lago, una de las cuestiones que el Consistorio todavía no ha podido acreditar. El alcalde, Marcos Serra, anunció además una nueva ordenanza municipal de ahorro de agua antes de final de año para regular con mayor precisión usos de este tipo.











