El empresario Ángel Bustos Martínez (Cuenca, 28 de febrero de 1950) llegó a Formentera el 3 de mayo de 1968 con una brigada de Cobra para instalar la red de baja tensión de Sant Francesc. Tenía 18 años. A finales de diciembre se accionó la palanca y se hizo la luz. Para entonces él ya había decidido quedarse: se casó con una formenterense, dejó la entonces empresa eléctrica y participó en la creación de una empresa de instalaciones eléctricas junto a Juan Costa y Abel Matutes Juan.
Hombre hecho a sí mismo, de culo inquieto y con la ambición justa, en 1984 constituyó Marina de Formentera SA junto a Antonio Serra Colomar, entonces alcalde de Formentera y padre del actual vicepresidente del Consell, Javier Serra; Juan Costa y Enrique Fajarnés, quien posteriormente acabaría fundando Marina Botafoc, una de las gallinas de los huevos de oro de Autoridad Portuaria en el puerto de Ibiza. Tenían pocos recursos económicos, pero mucho empuje y credibilidad: convencieron a la constructora de que cobraría con la recaudación de la propia instalación. Ninguno de los cuatro socios, que tenían un 25% cada uno, cobró nada hasta que la obra estuvo pagada.
Después llegaron los hoteles, los chiringuitos, los coches de alquiler y las concesiones portuarias de Mahón, Dénia, Santa Pola, Calpe y Altea. Un suma y sigue que convirtió a Bustos en uno de los empresarios más importantes e influyentes de Formentera.
Es, por tanto, uno de los protagonistas de la historia del puerto sobre el que ahora opina, y esa trayectoria le convierte en una voz autorizada para hablar de su futuro. Estudió a fondo el primer pliego, el que la Autoridad Portuaria de Baleares planteó a 25 años, y llegó a ver posibilidades. Cuando el plazo se redujo a 16 años tras el acuerdo entre Autoridad Portuaria y el Consell de Formentera, decidió que no merecía la pena presentarse.
Ahora, desde fuera, sostiene que el proyecto que el pasado 29 de julio se adjudicó Port Med Formentera, con una inversión comprometida de 16,66 millones de euros, es difícilmente viable. Los datos económicos de la operación son escalofriantes.
A la inversión de 1,1 millones al año (16,6 millones de euros en 16 años), hay que sumarle la friolera de 1.100.000 euros de canon, 1.400.000 euros de mejora del canon y 300.000 de tasa de actividad, es decir, cerca de cuatro millones de euros al año que saldrán del bolsillo de los armadores de base y transeúntes y de los propietarios de los locales. En total, 64,6 millones de euros más los costes financieros, que fácilmente pueden llegar a otros 10 millones de euros.
Repasamos con Ángel Bustos en la primera entrega de esta entrevista el negro panorama que dibuja sobre el futuro del puerto deportivo de la Savina. Basa su diagnóstico en varias claves: la prohibición de vender o ceder el uso y disfrute de los puestos de amarre y los locales, la elevada inversión, la reducción del plazo concesional y la dificultad de ejecutar un aparcamiento sin contar todavía con los informes ambientales necesarios… Todo ello, sostiene, hace muy complicada la viabilidad de la concesión.
Su pronóstico es que Port Med Formentera explotará durante unos años la Autorización de Ocupación Temporal (AOT) de toda la marina, prevista para el próximo 5 de octubre, y acabará pidiendo cambios o renunciando. Habla también desde la experiencia propia.
Sabe mucho de pliegos y concursos. Tanto que se arrepiente de no haber abandonado antes la concesión que disfrutaba Marina de Formentera en favor de Port Med Formentera, un asunto por el que está imputado por la Fiscalía, que pide doce años de prisión. «Fue un error, pero no deja de ser nada más que un desahucio», dice. A pesar de ello, asegura mantener una buena relación con la actual Autoridad Portuaria.
—Siendo de aquí y con tanta experiencia en el puerto de la Savina, ¿por qué no se presentó al concurso?
—Cuando salió el primer pliego, el de 25 años, me lo estudié y tenía posibilidades. Pero después, por un acuerdo entre Autoridad Portuaria y Consell de Formentera, se negoció reducir el plazo a 16 años. Y eso es justo lo contrario de lo que había que hacer. Cuanto más largo es el plazo concesional, más cambian los números. Una instalación náutico-deportiva es una sociedad de servicios y tienes que poder ofrecer unos precios competitivos y aceptables.
—El Consell de Formentera alegó entonces que el pliego a 25 años hipotecaba el puerto.
—Ahora estamos hipotecando la viabilidad del proyecto.
—¿Es inviable amortizar la inversión en 16 años?
—Totalmente. Para empezar, no permiten la cesión de uso por todo el periodo concesional, algo que está contemplado en cualquier puerto con una concesión administrativa. Aquí, en cambio, te dicen que no puede existir ningún compromiso entre el concesionario y el usuario por más de un año, salvo autorización expresa. ¿Quién va a comprar un amarre para un año? Este es solo un ejemplo.
Conozco muy bien el puerto de la Savina. Esto no es un paseo comercial: es el único acceso a la isla. Además, no hay un núcleo de población propiamente dicho, lo que hace complicada la comercialización de los locales. Hoy, entre alquilar un local en la Savina, acondicionarlo y hacer las obras, cuando quieres empezar a explotarlo han pasado dos años. Si a eso le sumamos la inseguridad de no saber si el puerto se va a construir, la explotación se hace incierta y muy complicada.
—El pliego incluye además un aparcamiento subterráneo de 90 plazas, el único que quedó en pie de los dos previstos inicialmente.
—Me parece de muy mal gusto que hayan incluido un aparcamiento dentro de la concesión administrativa. No tiene sentido. El aparcamiento tenía que haber sido un concurso aparte o, incluso, una iniciativa de la propia Administración. ¿A quién le van a cobrar una tarifa por aparcar que sea medianamente razonable? Los usuarios del puerto vienen en barco, no en coche.
Aquí hay que hablar de un aparcamiento para el pueblo de Formentera, no para los usuarios del puerto. Eso no está bien. Ha sido otro gol que le ha metido la Autoridad Portuaria al Consell. Mucha gente no visita la Savina porque no tiene dónde dejar el coche. Y aquí no se perjudica a la sociedad licitadora: se perjudica al pueblo y a la gente que vive aquí.
—Usted promovió el puerto y se ha opuesto a que haya un único concesionario, algo que la Autoridad Portuaria descartó desde el primer momento.
—Es que realmente es un monopolio, un monopolio total. Y si eso se recurre, lo más seguro es que también lo pierda la Autoridad Portuaria. Si hubiese habido dos concesiones administrativas, evidentemente esto habría dado otro color.
—Eso ya es historia: el Consell impugnó las bases pese a que se recogieron la mayor parte de sus exigencias, y después desistió del recurso al concluir un informe jurídico que tenía escasas posibilidades de prosperar. Hablemos de la oferta ganadora.
—Yo creo que este puerto no se va a llevar adelante por dos razones. Primero, por la falta de viabilidad económica. Y segundo, porque tenemos que tener en cuenta que puede haber contenciosos administrativos.
Es muy probable que los dos licitadores que han perdido presenten contenciosos administrativos. Y, por lo que he podido comprobar, creo que tienen argumentos. No soy jurista, pero alguna experiencia tengo.
—La tiene: ganó por vía judicial un concurso que no le había adjudicado la Autoridad Portuaria, el de Marina Botafoc.
—Recurrimos con Paco Jiménez de Cisneros y nos dieron la razón.
—Suena a jugada rentable: cobrar sin explotar.
—Por supuesto que no. Lo rentable es explotarlo. Ahí hemos perdido muchísimo dinero. Nos indemnizaron con 700.000 euros y ahora me parece que quedan pendientes los intereses.
—¿Volverá a presentarse a Botafoc, después de que la APB desestimara su recurso contra las condiciones del último concurso?
—Cuando salga a concurso público, no digo que no pueda intervenir de alguna manera, quizá como asesor de alguna empresa. Pero creo que ahí va a haber una guerra titánica de intereses. Licitarán las mayores empresas, con ofertas de dudosa rentabilidad. Ibiza está en otra liga.
—Volviendo a la Savina: ¿qué falla en estos pliegos?
—Las concesiones administrativas requieren unos estudios previos muy exactos antes de redactar los pliegos. Y aquí han fallado las administraciones. El Consell, por ejemplo, propuso una reducción de diez o doce años que, como consecuencia, aumenta los precios de cara al usuario.
—Usted ya vivió algo parecido en el muelle de grandes esloras del puerto de Ibiza. La Autoridad Portuaria adjudicó en 2016 la dársena de Levante a YSM Marinas y Puertos de España, que operaba como Sovren Marina y se había comprometido a invertir 5,32 millones y a pagar un canon anual de 1,93. Acumuló una deuda de 5,53 millones que con los intereses superó los 6,6 y que Hacienda acabó declarando fallida, y la dársena no volvió a tener concesionario estable hasta 2024.
—Nosotros éramos licitadores y no conseguimos la concesión. Éramos cuatro empresas: Ocibar, Matutes, los Marí y Marina de Formentera. Ganó una empresa que al final abandonó la concesión.
—A mí me parece alucinante la manera de trabajar de Autoridad Portuaria: convoca concursos sin preocuparse de entregar a los posibles interesados toda la documentación y toda la tramitación ambiental.
—Acaba usted de dar en el clavo. Es su obligación. Si no, el concesionario tendrá un motivo para recriminar a la Autoridad Portuaria que, por su culpa, no puede continuar las obras ofertadas según el pliego de bases. A mí me sabe mal, pero con este concurso no se solucionan los problemas del puerto. Formentera está condenada, lo reitero.
—¿Y qué hará entonces el concesionario?
—Lo más seguro, abandonar.
—¿Y por qué cree que no cumplirá la oferta Port Med Formentera?
—Han hecho un pliego de bases que, además, es incumplible. Yo no conozco a ningún empresario al que le guste perder dinero. Sigo teniendo mis dudas de que este proyecto se acabe realizando porque, llegado el momento, no le quedará más remedio que renunciar.
Creo que el que gane estará tres o cuatro años con trámites y, a la hora de la verdad, planteará cambios sobre la oferta presentada. Si no, renunciará. Y mientras tanto se pueden ir acumulando problemas, sin solución para muchas cuestiones y con el consiguiente envejecimiento de las instalaciones y falta de mantenimiento.
Nicolás Mayol (propietario de Port Med Formentera) debe conocer la realidad. Es un hombre con muchas tablas, conoce muy bien sus derechos y sus obligaciones y conoce el puerto de Formentera. Y si lo tiene que dejar, lo dejará. No es un hombre que pierda dinero.
—¿Cuál sería entonces la salida? El pliego adjudicado amplía la marina seca de las 35 embarcaciones actuales a 55, todas de hasta siete metros de eslora: 35 para chárter y 20 de lista séptima.
—La salvación de este puerto de Formentera solo tiene una: alargar el plazo a 25 o 30 años y contemplar una marina seca grande. Y, si fuera posible, mantener tres concesiones independientes: una para cada puerto y otra para el aparcamiento.











