ENTREVISTA | JOSÉ ANTONIO ROSELLÓ (PARTE 1)

La patronal analiza la temporada turística de Ibiza: «Muchos negocios necesitan hacer una reconfiguración interna»

José Antonio Roselló, vicepresidente de CAEB, desmenuza las diferencias entre empresas de un mismo sector, la situación hotelera y los primeros efectos de las medidas de contención turística. «Hay negocios que han funcionado francamente bien y negocios que no», alerta.
José Antonio Roselló
José Antonio Roselló

La temporada turística de 2026 en Ibiza y Formentera ha dejado resultados muy diferentes entre las empresas, incluso dentro de una misma actividad económica. Así lo sostiene el vicepresidente de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares (CAEB), José Antonio Roselló Rausell (Santa Isabel, Fernando Poo, 1955), quien, en una entrevista con La Voz de Ibiza, advierte de que resulta difícil establecer un balance general del verano: mientras determinados establecimientos de restauración, negocios y el sector náutico han registrado una buena actividad, otros han atravesado dificultades.

El representante empresarial considera que esta disparidad responde, al menos en parte, a la proliferación de negocios en algunos ámbitos y a la necesidad de adaptar la oferta a los cambios del mercado.

No obstante, rechaza imponer límites administrativos al número de restaurantes y defiende que los empresarios puedan desarrollar sus proyectos. En el sector hotelero, señala que la actividad ha resistido pese a la reducción de las pernoctaciones, sin que se haya producido una caída equivalente de la facturación.

Roselló aprecia también señales de contención turística relacionadas con la estabilización de plazas, las actuaciones contra el alquiler ilegal y las restricciones a la entrada de vehículos en Ibiza. Aunque reconoce que estas últimas pueden estar teniendo efectos, expresa reservas sobre su alcance y advierte de un posible revés judicial.

A su juicio, los datos aconsejan mantener la prudencia: la reducción de las estancias en alojamientos reglados convive con un incremento del número de visitantes.

—¿Cómo valora la temporada turística de este verano en Ibiza y Formentera? ¿Ha sido diferente de las anteriores?

— En conjunto, porque cuando hablamos de temporada turística hemos de hablar de todos los sectores que forman parte de la actividad turística, no solo el hotelero, ha sido una temporada un tanto desigual, diferente a las anteriores. A mí me cuesta encontrar una resultante, un común denominador de esta temporada, porque he visto diferencias entre sectores y diferencias dentro de los mismos sectores. Hay negocios que han funcionado francamente bien y negocios que no les ha ido tan bien. En este caso es muy difícil sacar la resultante porque ya no todo va en la misma dirección.

—¿A qué sectores se refiere?

—Me estoy refiriendo a sectores como comercio, restauración, ofertas deportivas, el náutico. Hay una gran dispersión de situaciones. Dentro de restauración ha habido empresas que han ido muy bien. También en el náutico en general: las estaciones náuticas han ido muy bien, pero, por ejemplo, el chárter no ha ido bien.

Quiero decirte que dentro de los propios sectores hay diferencias. Eso es importante destacarlo porque hay empresas de restauración que han funcionado magníficamente. Pero, en conjunto, sí que es verdad que la hotelería, que es la actividad más importante, la ‘clave de bóveda de todo lo demás’, mal que bien ha aguantado. Aunque han caído las pernoctaciones hoteleras, no se ha resentido la cifra de negocio, curiosamente.

—¿A qué atribuye esa disparidad de resultados entre empresas que desarrollan la misma actividad?

—Creo que ha llegado un momento en que hay demasiada proliferación de negocios en algunos ámbitos y que, dentro de esta proliferación, algunos necesitan renovarse y adaptarse mejor a los tiempos. Es un tema muy delicado porque, por ejemplo, en restauración se ha llegado incluso a proponer por alguien que hubiese un numerus clausus. Yo no soy partidario porque la restauración tiene mucho de aportación de proyecto personal y entonces hay que dejar que la gente pueda desarrollar su proyecto personal o incluso equivocarse. Pero el mundo va cambiando, las modas van cambiando y, por tanto, hay que adaptarse mucho a esta situación. Muchos negocios necesitan hacer una reconfiguración interna importante. Otros la están haciendo y están saliendo adelante. Por eso no se puede decir que la restauración en general va mal. En general podemos decir que quizás va bien, pero con esa gran dispersión.

Trabajador en un restaurante durante la temporada.

—¿Considera entonces que esa posible sobreoferta debería regularse de manera natural, sin imponer restricciones a nuevos negocios?

—Yo creo que sí, porque, aunque la tentación que podría tener alguien es regularla ad hoc, estos negocios llevan mucho el sello personal de las personas y entonces yo creo que nos equivocaríamos. Dejemos que la gente intente sacar adelante su proyecto de negocio, su proyecto de vida, pero también dejemos que la gente se pueda equivocar.

La ola contra el turismo

—Este año también se ha hecho más visible el malestar social relacionado con el turismo. ¿Ha cambiado algo?

—Este año es como si hubiese tenido una vuelta de tuerca. No es que las cosas de repente hayan cambiado, sino que hace tiempo que esto está latente y se viene manifestando. Este año, justamente en Ibiza, ha explosionado a través de tomas de posición pública y manifestaciones. A lo mejor como un espejo de lo que también pasó en Mallorca. Se ha expresado más, pero el malestar de alguna manera está presente. Nuestra obsesión como empresarios es intentar distinguir. El adversario o el enemigo no es el turismo. Tenemos que poner en valor siempre el turismo, porque es lo que ha cambiado a estas islas y es lo que hace que hayan progresado, con todos sus defectos, que hay muchos.

Tenemos que intentar canalizar este malestar en un sentido positivo, no arremetiendo contra el turismo. Hay que escuchar a la sociedad, pero también, cuando intentas hacer medidas de política económica, tienes que ser bastante cauto, porque a veces queriendo hacer un bien puedes acabar haciendo daño.

—¿Y cómo se pueden reconciliar o acercar estas dos posturas que hay respecto del turismo? Si es que se puede…

—Yo creo que se tiene que poder. Con diálogo se tiene que resolver, porque el turismo tiene que ser lo que se llama una política de Estado. En este caso, de la comunidad autónoma. No tiene que ser una política de partido. Se tiene que empezar con diálogo, y no con posturas maximalistas de un lado y de otro. Tengo mucha esperanza en que, con el paso de los meses, pueda haber un acercamiento entre los grandes partidos de Baleares, e incluso partidos no tan grandes, pero que también son importantes, y que se pueda encontrar un campo común de debate y algunas medidas consensuadas.

Pero en ningún caso con la confrontación. Aunque haya, aparentemente, posturas muy divergentes y muy enfrentadas, yo creo que cuando se explican no lo son tanto. Hay polarización en la sociedad española, y por tanto esto también llega aquí. Tenemos que encontrar puntos de reflexión comunes.

Las medidas de contención

—¿Considera que las medidas de contención turística adoptadas en Ibiza y Formentera están empezando a reflejarse en los datos?

—Sí. Hay una cierta contención, no nos podemos equivocar. Se manifiesta, por ejemplo, en la caída de las pernoctaciones hoteleras y, sin embargo, se ve contrarrestada por otros elementos estadísticos. Pero una cierta contención sí que hay. Lo que pasa es que la guerra no está ganada ni de lejos. De momento, parece que hay una tendencia a la contención, que se ve en distintos aspectos, pero hay que seguir perseverando. Primero, en las medidas ya tomadas, para ver si realmente acaban funcionando.

Por ejemplo, en el caso de la hotelería, a nivel de la comunidad autónoma, hay estabilización de plazas turísticas. También está toda la política que se está siguiendo contra el alquiler turístico ilegal, con la actuación administrativa, el procedimiento sancionador y los acuerdos con Airbnb.

—¿Qué valoración hace de las restricciones a la entrada de vehículos en Ibiza?

—La medida de los vehículos, a mí no me gusta, si te digo la verdad, porque es un español que le está poniendo trabas a que entre otro español aquí. Pero hay que reconocer que tiene un cierto efecto. Tiene un problema esta medida, creo yo, que es que en algún momento los tribunales podrían tumbarla. Esto me da un poco de temor. Comprendo por qué se ha tomado; de hecho, nosotros estuvimos a favor, los agentes sociales, pero es de esas medidas que tú estás a favor y no acabas de quedar contento.

No es plato de buen gusto tener que privar la entrada a otro español o a otra persona en el territorio. Pero sí que es verdad que está teniendo un cierto efecto, según nos están explicando. También es una medida recurrida y en algún momento podría haber algún traspiés. Tenemos que ser muy cautos con todo eso y seguir perseverando. Algún efecto están haciendo las medidas, pero al mismo tiempo hay elementos que juegan en contra.

—¿Cuáles son esos elementos que obligan a ser prudentes al hablar de contención?

—Por ejemplo, los pasajeros globales han aumentado en el periodo enero-agosto un 2%. No es mucho, pero tampoco es poco. Hay una cierta contención, pero también hay datos que apuntan en otra dirección. Por eso tenemos que seguir analizando lo que está pasando y ver cómo evolucionan las medidas que ya se han adoptado.

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